Eduardo Nava Hernández
Emiliano Zapata, personaje literario
Jueves 9 de Abril de 2009
A- A A+

Desde que en 1919, muy poco después del asesinato del Caudillo del Sur, el zapatista Antenor Sala publicó Emiliano Zapata y el problema agrario, sus contemporáneos y sus estudiosos no han dejado de aportar elementos testimoniales, de revisar la documentación existente o reinterpretar para reconstruir los acontecimientos de la prolongada lucha en la que se personificó el espíritu del campesinado morelense. Andrés Molina Henríquez, Baltasar Dromundo, Gildardo Magaña, Jesús Sotelo Inclán, Mario Gill, Antonio Díaz Soto y Gama, Marte R. Gómez, John Womack Jr., Adolfo Gilly, Arturo Warman, Miguel León Portilla, José Luis Martínez y Armando Bartra han aportado datos suficientes para reconstruir e interpretar la personalidad de Emiliano Zapata, su entorno social y político y su tiempo. La congruencia de su pensamiento y su acción, la tozuda permanencia de su lucha a través de una década (1909-1919) y la autenticidad de sus demandas de restitución de tierras, reforma, libertad, justicia y ley han llamado poderosamente la atención de los interesados en la historia del campesinado de dentro y fuera del país.
Que la figura histórica de Emiliano Zapata haya servido también de inspiración a creadores de todas las ramas del arte no ha de sorprender en consecuencia a nadie; pero el tratamiento artístico de la figura de Emiliano Zapata no ha corrido siempre con la mejor suerte. En la pintura, Zapata ha sido tema recurrente para Rivera, Siqueiros, Belkin, Gironella, Orozco, Zalce y tantos otros, desde una perspectiva más bien apologética que en gran medida sirvió para fines e intereses de legitimación del Estado. En el cine, desde 1952 Elia Kazan produjo a partir de una obra de John Steinbeck una peculiar recreación, ¡Viva Zapata!, distante tanto de la historia como de la propia figura del general morelense, pero relevante por la actuación de Marlon Brando; y de los realizadores mexicanos han de contarse obras como las de Felipe Cazals y Antonio Aguilar (1970) que a su propio autor no dejó satisfecho; y la más reciente y desde muchos puntos de vista fallida creación de Alfonso Arau.
En cambio, ha sido menos frecuente el tratamiento literario de Emiliano Zapata. En 1944 Jesús Sotelo Inclán (Raíz y razón de Zapata) abordó al personaje a partir de una idea medular: arrancar al guerrero campesino del falso dilema que por mucho tiempo lo encuadró ya como un bandido, ya como un apóstol, y ubicarlo como un eslabón histórico de la prolongada lucha de Anenecuilco por conservar sus tierras. Unos años más tarde, el novelista estadounidense John Steinbeck daría su propia versión del personaje planteando el quimérico acceso del caudillo al gobierno de la nación (hipótesis que estuvo cerca de concretarse en diciembre de 1914) y por tanto el dilema de una revolución (campesina) triunfante que no sabe cómo ejercer el poder. Esa especulación sirvió de base a la ya mencionada obra cinematográfica de Kazan.
Póstumamente, en 1981, se publicó el guión cinematográfico de José Revueltas Tierra y libertad, posiblemente escrito hacia 1960 y centrado en la primera etapa de la lucha zapatista, la de la revolución maderista, si bien se inicia y termina con el sacrificio del prócer campesino. Zapata aparece interactuando con otros dirigentes campesinos morelenses y aun conversando con Ricardo Flores Magón; y desempeñan un papel central los célebres títulos de Anenecuilco que en 1909 le entregaran los viejos del pueblo.
Guillermo Samperio convirtió al héroe en un personaje asequible para los niños en Emiliano Zapata: un soñador con bigotes (2004). Se esfuerza, al parecer, por hacer comprensible para los niños urbanos de casi un siglo después el mundo campesino morelense y mexicano de inicios del siglo XX.
Más recientemente, en 2006, ha aparecido la novela Zapata, de Pedro Ángel Palou, expresamente situada dentro de la corriente en boga de desacralización y humanización de los personajes de la historia. En esa lógica nos presenta al caudillo campesino no sólo como un derrotado sino como un dirigente que, de principio a fin, es conducido por las circunstancias y las decisiones de otros a su sino como revolucionario y a su trágico encuentro con la muerte. Un Zapata marcado por sucesivos actos de traición, desde los asesinatos de los primeros jefes de la Revolución en Morelos, Pablo Torres Burgos y Gabriel Tepepa, que lo colocan por ser el más valiente a la cabeza de la rebelión campesina, hasta la traición de Jesús Guajardo, aquel 10 de abril de 1919 que lo llevó a su propia muerte, pasando por la traición del gobernador maderista Ambrosio Figueroa, la del mismo Madero a los ideales agraristas expresados en el Plan de San Luis Potosí y la traición de Victoriano Huerta al propio Madero.
Ese encadenamiento de traiciones ubica a un Zapata que sólo deseaba casarse con Josefa Espejo, formar una familia y vivir del cultivo de la tierra -como, de alguna manera lo hará entre 1915 y 1916, al mismo tiempo que en el Norte y el Bajío se libraban las batallas decisivas entre el ejército también campesino de Pancho Villa y las tropas de Carranza y Obregón-. Un Zapata al borde del alcoholismo al que sostiene sin embargo en pie su lealtad a la encomienda que el pueblo de Anenecuilco le ha dado. No en balde la novela de Palau forma parte, junto con las biografías también noveladas de Morelos y Pedro Díaz, de una trilogía a la que el autor bautizó Los sacrificios históricos.
El objetivo de humanizar al personaje bajándolo del pedestal y colocándolo en un nivel más cercano al del resto de la gente parece cumplirse. No es, desde una perspectiva literaria, una tarea difícil. Pero el recurso narrativo no desvanece la validez de los ideales ni la trascendencia de una obra que la mayoría de los mexicanos reconoce 90 años después.

Sobre el autor
PENDIENTE
Comentarios
Columnas recientes

La primera insurrección socialista en la historia de México

Donald Trump ante López Obrador

Elecciones: el bloque de poder en disputa

La recta final, elecciones al borde del riesgo

Presea de ignominia y afrenta a la universidad

La Universidad, el Congreso y la memoria

Lo que el debate no se llevó

La sombra del fascismo en la Universidad Michoacana

Universitarios, ciudadanos y el fraude que viene

El TLCAN, Trump y el dilema salarial

Cómo malograr impunemente una institución benemérita y centenaria

El pragmatismo en la política mexicana

Transición a la dictadura

La Universidad Michoacana en la encrucijada

La candidata del Congreso Nacional Indígena y el EZLN

El futuro del Frente Ciudadano por México

La Propuesta Aguirre para la Universidad Michoacana

El INE hacia 2018

Efrén Capiz y Eva Castañeda

Gobernar con el cinismo

Maquiavelo en el Estado de México

Rebelión de los trabajadores de Walmart

La Universidad Michoacana bajo fuego

Natalio Vázquez Pallares, México y la segunda posguerra

Fuerzas Armadas: coerción y politización

Seguridad interior y militarización, un horizonte no deseable

Donald Trump, México y la tormenta perfecta

La crisis financiera de la Universidad Michoacana

Huelga de hambre en la Universidad Michoacana

Universidad Michoacana: el regreso de la represión y las expulsiones políticas

La toma en la Universidad Michoacana

La beligerancia de la clase empresarial mexicana

La crisis múltiple del régimen político

De víctimas y déficit de atención

Crisis multifacética y vías de acción popular

Guerra contra el magisterio

Cherán: entre la utopía y la institucionalización

Por qué defender las jubilaciones en la Universidad Michoacana

Universidad Michoacana: quebrantar la huelga

Segundo acto: La represión

Ayotzinapa: ¿qué sigue?

El tercer mundo no es un mundo de tercera

Cinismo destilado

Guerra antipopular prolongada

La segunda fuga de El Chapo: ¿Estado paralelo o narcoestado?

El régimen canallesco y las sublevaciones que vienen

El terror y el gobierno que no nos merecemos

Tiempo de crispación

Iguala, la sociedad política y el freno de la historia

Tlatelolco, Tlatlaya, Iguala…

La consulta del PRI sobre plurinominales, una nueva amenaza a la democracia

La crisis de representación y la autodefensa social

Recuento de daños

Cherán y el futuro de las autodefensas

El despropósito del desarme

“No dialogar bajo presión”

Autodefensas: el principio del fin

Universidad Michoacana: un conflicto nada gratuito

Pluralidad de poderes y legitimidad en Michoacán

Cierre de ciclos inconclusos

La entrega petrolera

2013: Rosa Luxemburgo revisitada

La División del Norte en 2013

Los Sentimientos de la Nación

El monólogo del poder y la resistencia social

Reformismo febril e ingobernabilidad

El cerco a San Lázaro: dique al autoritarismo legislativo

Entrega del petróleo y conciencia nacional

Arlen Siu como motivo: un recuerdo y una reflexión

Reforma petrolera: ¿Unión o desunión social?

Francisco Field Jurado, defensor del petróleo mexicano

El petróleo, la batalla que viene

El Pacto por México, cadáver insepulto

La consagración de la primavera: barbarie y revolución

Evaluación educativa e insurgencia magisterial

El intento de reconstrucción del presidencialismo omnipotente

El Gordillazo: sismo sin réplicas

Universidad Michoacana: la huelga de la opacidad

El zapatismo en los tiempos de la restauración priísta

El 1 de diciembre y las izquierdas

El rumbo incierto de las izquierdas

Ante la insurgencia social, ¿contrainsurgencia oficial?

De casas del estudiante, albazos y miseria presupuestal

Universidad Michoacana: la violencia y el Consejo de la infamia

Universidad Michoacana: reconstruir la comunidad

La ley, la gracia, la verdad

La transición mexicana: entre Montesquieu y Monex

México: la democracia granuja y el síndrome de Watergate

“Pesimismo de la inteligencia, optimismo de la voluntad”

Institucionalidad o ilegalidad

PRI, regreso sin gloria

El voto nulo y la abstención fortalecen la partidocracia

La elección se cierra

#yosoy132: el retorno de los jóvenes

La primavera estudiantil contra la reversión democrática

Casas del estudiante y crisis universitaria

El asalto a la Universidad Michoacana

Un atentado mortal contra el cooperativismo

Saldos y desafíos de la visita papal: México y Cuba

Lo que la partidocracia es

Tiempo de intercampaña y judicialización política

Noventa y cinco años de la Constitución y los trabajadores

Oaxaca: matar para defender al capital

El informe de la CNDH sobre Chilpancingo

2012: 50 causas para la indignación

Chilpancingo, la violencia de Estado

Las izquierdas después de Michoacán

Gobierno de coalición y proyectos de nación

El método del “mejor posicionado”

Degradación de la justicia en la Universidad Michoacana

Genovevo Figueroa: la historia negada

Genovevo Figueroa: la historia negada

Genovevo Figueroa: la historia negada

Genovevo Figueroa: los hechos de 1989

Genovevo Figueroa: los hechos de 1989

PRD Michoacán: fin de ciclo

Un recuerdo para Adolfo Sánchez Vázquez

El bloque de poder, la debacle y la izquierda electoral

Del pacto de Juárez al diálogo público

Cinco años de impunidad, no de olvido

Llegando al límite

PAN y PRI: precarizar el trabajo

Las alianzas estratégicas

Anexión de baja intensidad

La tragedia del PRD y la izquierda mexicana

A diez años de la fuga del Chapo

El eterno problema del transporte

UM: pasmo, farsa y retroceso

La Universidad Michoacana en su laberinto

Elogio de Lula

1810: la insurrección popular

El mensaje presidencial y el de la muerte

Ya no, Cayetano

Desincorporación o interés público

La huelga de hambre

El rector José Narro ante la UM

El Gran Hermano del neoliberalismo

La acometida contra el trabajo

La lucha sigue

Acuerdos bajo la mesa y crisis política

Dos y dos no siempre suman cuatro

Para 2010: Reforma, libertad, justicia y ley

El CUPIA, la toga y la soga

El SME y el movimiento social

Sólo el Estado (de excepción)

El protofascismo en acción

Mercedes Sosa: una voz al servicio de la conciencia

Yo también hablo de Juanito

La nueva Legislatura: hacia la poliarquía no democrática

Sindicaticidio consentido