Rubí de María Gómez Campos
Meditaciones posmodernas
Fábula de la esperanza en rebeldía
Jueves 2 de Abril de 2009
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Una vez hubo un gran incendio en el bosque. Todos los animales corrían asustados de la zona de fuego para salvar su pellejo y sin saber qué hacer. Sólo una flor pequeña parecía tranquila, aunque también corría. Se dirigía presta hacia el arroyo, recogía algunas gotas de agua con sus pétalos y después caminaba hacia el incendio y salpicaba el borde de la enorme pira. Los animales, sorprendidos, le preguntaron qué hacía. Todos creían inútil el esfuerzo que la flor ofrecía. Les parecía más prudente huir o correr desesperados dando la espalda al grave problema que la flor enfrentaba decidida. Ella les respondió tranquilamente: “Tal vez no logre apagar el fuego, tal vez sí, pero debo intentarlo, por lo menos. Sólo hago lo que yo puedo hacer”.
Si todos sólo hiciéramos lo que sabemos que tenemos qué hacer, el mundo cambiaría seguramente para bien. La mayoría prefiere correr desesperado sin atinar qué hacer, otros muchos corren para protegerse a sí mismos y otros más (idiotas), fascinados por el fuego, sólo le arrojan yerbas y lo miran crecer.
Esta fábula ilustrativa del tiempo actual fue comentada por una compañera, pequeña flor zamorana cuya enorme tarea de defender los derechos humanos de mujeres y niñas no la arredra. El fuego devorador de la cultura patriarcal, que hoy nos tiene asustados y sin saber qué hacer, no ha apabullado a cientos de mujeres que trabajan en todo el mundo por la dignidad humana de mujeres y niñas. La creciente amenaza de las crisis (económica, moral, ideológica, política, social y cultural), a las que desde hace tiempo las y los latinoamericanos imperceptiblemente nos hemos ido acostumbrando, acercó a algunas pequeñas flores que trabajan y luchan por alcanzar un mundo más justo y más humano.
La Ciudad de México, la ciudad de la esperanza, fue la sede del XI Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe que se realizó del 16 al 20 de marzo. El encuentro fue un escenario colmado de diferentes posiciones. Una de las más notables y valiosas fue la expresión de las feministas autodenominadas autónomas quienes, con claridad profunda, plantearon su rechazo al feminismo institucional que progresivamente ha ido usurpando y muchas veces distorsionando la lucha de miles de mujeres; la de aquellas flores anónimas que, desde cualquier espacio, no han dejado de sacudir con sus pétalos minúsculas gotas de agua sobre el gran incendio de la sociedad patriarcal que todo lo consume.
La diversidad de propuestas y de posturas fue tan amplia -gracias a la apertura democrática de las organizadoras que siempre han apostado por la libertad- que incluyó la presencia de mujeres no feministas y hasta de una que otra anti-feminista en la reunión. Esto hizo que los consensos pretendidos no fueran eficientes y el encuentro se disgregó, ante el hecho evidente que las feministas autónomas señalaron durante la inauguración: “Hoy el patriarcado se disfraza de mujer”.
Para las autónomas es evidente que el patriarcado se rehabilita a través de las instituciones académicas, gubernamentales, privadas y hasta de las organizaciones sociales, bajo la forma de un supuesto progreso integrador que desdibuja el sentido de crítica profunda que el feminismo de los 60 nos ofreció. No obstante, los micro-encuentros abundaron y en algunos conversatorios fue posible dialogar.
En un taller coordinado por las feministas autónomas una mujer sintetizó sabiamente los aportes y las diferencias que existen entre el llamado feminismo autónomo y el institucional: “La función del feminismo institucional es el de realizar acciones afirmativas que sirvan para mejorar la calidad de vida de las mujeres. Esto sigue siendo necesario. Pero el feminismo auténticamente radical, que es el fundamento del feminismo autónomo, tiene como función última la transformación social”.
La modificación de pautas culturales por las que propugnó el feminismo contemporáneo se ha producido paulatinamente, a la vez que el feminismo institucional se las apropia y finalmente acaba por asimilarlas a la visión patriarcal. No obstante, a la orilla de ese gran incendio institucional, las pequeñas flores del feminismo radical salpican agua de esperanza y nos recuerdan que el movimiento feminista no está en ningún nivel institucional, sino en el inagotable impulso desde la sociedad…

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