Alma Gloria Chávez
Jorge Reyes: Siete años
Viernes 5 de Febrero de 2016

Alma de blusero, espíritu rockero, recogedor de músicas sembradas en los espacios del tiempo.

Pablo Espinosa.

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Recuerdo haberle escuchado por vez primera en alguna de sus grabaciones hechas al lado del grupo Chac Mool a principios de los años 80. Ciertamente, el estilo de ese grupo tenía el sello característico de quien además de ser fundador del mismo, denotaba un amplio conocimiento de la música clásica, la electrónica, el jazz y el rock, incorporando a sus composiciones instrumentos mesoamericanos. Me refiero, claro está, a Jorge Reyes, quien “emprendió su viaje astral” un 7 de febrero del año 2009.
Hace siete años, justo el día en que festejo mi llegada a este planeta, fue que, quienes le conocimos, recibimos con asombro la noticia de su partida. Sencillamente, supimos después, Jorge se quedó dormido en su estudio y ya no despertó. Así dio la noticia su compañera de vida Ariane Pellicer, quien le acompañó en buena parte de su travesía musical.
Jorge Reyes nació en Uruapan, Michoacán, en el año de 1952, e hizo sus primeros estudios musicales de flauta transversal en la UNAM, desde donde optó por cultivar un original estilo propio que reforzó durante un largo viaje por Europa en la década de los 60. En Alemania estudió música clásica, electrónica y jazz. Además fue a la India, dedicándose al estudio de la música tradicional hindú y tibetana. Y ya de regreso en México formó sus dos primeros grupos: Al Universo y Nuevo México, donde experimentó sus primeras fusiones de rock con instrumentos mesoamericanos (teponaztle y caparazones de tortuga y caracol.
Fue con Armando Suárez que en 1980 funda el grupo Chac Mool, en el que participa como flautista y guitarrista imprimiendo sus conocimientos musicales en todas las composiciones que hicieron del grupo el prototipo vanguardista d esa época en que la incorporación de elementos como el violonchelo, la mandolina, timbales, sintetizadores, flauta e instrumentos prehispánicos, resultaba ajena a los grupos nacionales. Rock progresivo, se denominaba en Europa.
A mediados de los años 80 (y antes de su disolución en 1985), tuvimos la fortuna de que Jorge Reyes y Chac Mool aceptaran la invitación que el Frente Michoacano de Solidaridad con los Pueblos en Lucha (conformado por sindicatos universitarios e independientes) les hiciera para ofrecer un concierto en el recién estrenado Teatro José Ma. Morelos, donde se manifestó la simpatía que Reyes y demás integrantes de la agrupación musical tenían por las luchas de liberación de los pueblos latinoamericanos y su oposición a cualquier tipo de dictadura.
Posteriormente, ya como solista y con su estilo completamente definido, Jorge se mostró siempre solidario con quienes aquí en Pátzcuaro formamos el Patronato Pro Restauración del Antiguo Colegio Jesuita y acudió cuantas veces le invitamos, trayendo, para beneplácito nuestro y de sus muchos seguidores, su atractiva propuesta sonora: una mezcla de sonidos autóctonos y prehispánicos con la tecnología musical avanzada de los procesadores de sonido, armonizadores, ecos y sonidos guturales. Conciertos que remitían a ceremonias en las que el mismo Jorge, apareciendo como oficiante-jaguar, reivindicaba los principios sagrados de nuestras antiguas culturas.
En el último concierto al que le invitamos, dedicado al Día de Muertos y antes de entregar al gobierno estatal el edificio ya restaurado y con un proyecto cultural reconocido, Jorge Reyes estuvo acompañado por Ariane Pellicer, que complementaba el ceremonial poético musical. El escenario del antiguo edificio (siglo XVII), que se encuentra además sobre una plataforma precolombina (sitio sagrado) resultó magnífico para sus conciertos-ceremonias-rituales.
La última vez que vi y saludé a Jorge fue en compañía de mi amigo Florencio (también uruapense) a finales de 2006. Invitado por el Sistema Michoacano de Radio y Televisión, se preparaba para la grabación del disco Michoacán: un paisaje sonoro (primer disco mexicano de corte paisajista), que fue un viaje de 24 horas por su estado nativo. 68 minutos de sonidos fueron el resultado de más de 100 horas de grabación que fueron editadas en los estudios de Radio Brandemburgo, en Berlín y que en Michoacán, por cierto, fueron poco conocidas.
Jorge Reyes grabó 26 álbumes, entre discografía original y colaboraciones, siendo algunas de ellas A la izquierda del colibrí (1985), Comala (1986), Ek tunkul (1987), Viento de navajas (1988) y Bajo el Sol Jaguar (1991). También Nierika (1989), El costumbre (1993), Rituales prehispánicos (1996), El camino del jaguar (1983-2001) y Concierto en el Zócalo de la Ciudad de México, en 2006, además de sus inolvidables conciertos en el Espacio Escultórico de la UNAM.
El artista michoacano (y universal) siempre fue un disidente independiente: se declaraba enemigo de los políticos y de la aberrante burocracia institucional.
Pablo Espinosa, crítico musical, afirma que debemos a Jorge Reyes “el conocimiento de la música de otro mundo del belga Wim Mertens; las maravillas de Suso Sáiz y tantos, muchos músicos parientes suyos en esto de ponerle alas a nuestras raíces para volar sin perder el centro de la tierra”.
Magnífico “Tloque nahuaque” (música corporal con canto armónico), hoy te recuerdo, te recordamos, a siete años de tu partida.

Sobre el autor
Alma Gloria Chávez Castillo. Oriunda de Pátzcuaro, realizó estudios formales en el lugar. Por interés personal complementó su formación con actividades artísticas como la pintura, la danza, el teatro y la pantomima. Su vocación de servicio le ha llevado a promover o insertarse en espacios culturales orientados a niños/as y jóvenes. Ha sido colaboradora fraterna con organizaciones indígenas de la región a través de espacios radiofónicos y prensa escrita. Promotora de lectura y cuenta-cuentos, fundadora y activista de grupos de mujeres, vive anhelando una sociedad libre de violencia.
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