Alejandro Vázquez Cárdenas
Escepticismo y credulidad
Miércoles 20 de Enero de 2016
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Primero definamos qué es el escepticismo en su aspecto científico. El escepticismo científico, llamado también “racional”, es una posición práctica, filosófica y científica en la que se cuestiona básicamente la veracidad de las afirmaciones que carecen de una prueba empírica suficiente. Esta posición se aplica al examen de afirmaciones y teorías que van en contra del razonamiento lógico y del método científico. El escepticismo científico se basa en el pensamiento crítico y, por lo tanto, se opone a toda afirmación que carezca de una prueba empírica verificable y contrastada.
Ahora bien, a pesar la enorme capacidad que se tiene actualmente en comunicación y transmisión de información, existe una gran desinformación sobre muchos aspectos del conocimiento humano y resulta evidente que un buen número de personas no consigue distinguir fácilmente entre una realidad posible y una realidad ficticia.
Esta dificultad en separar lo real de lo irreal permite la aparición y proliferación de personas o grupos organizados que fomentan la desinformación con el objetivo de obtener ventajas de algún tipo (generalmente monetarias, pero también religiosas o políticas) y con este fin incentivan conscientemente la desinformación y la ignorancia; son ejemplos claros las televisoras y los políticos de cualquier partido.
El escepticismo es la escuela que pregona el irrenunciable derecho a la duda, el derecho que toda persona tiene a no ser engañada, manipulada o dirigida con fines aviesos y ocultos. Un escéptico no acepta ninguna verdad establecida a priori, sino que la acepta al final de una larga cadena deductiva, o sea, cuando ya no hay argumentos que puedan invalidarla.
¿Es posible adivinar el futuro?, ¿visitan la Tierra seres de otros planetas?, ¿convivió el ser humano con los dinosaurios?, ¿es peligroso viajar por el Triángulo de las Bermudas?, ¿son verdades las profecías de Nostradamus?, ¿la astrología es creíble y está el futuro escrito en las estrellas?, ¿existen las casas encantadas?, ¿se pueden doblar cucharas con el poder de la mente?, ¿dejó Dios escrito en la Biblia el pasado y el futuro de la humanidad?, ¿se manifiestan los espíritus a través de la ouija?, ¿una píldora puede duplicar el coeficiente intelectual y triplicar la velocidad del pensamiento?, ¿las líneas de Nazca, las pirámides de Egipto, los monolitos de Pascua y Stonehenge son obra de extraterrestres? Puede que nos parezcan verdaderamente estúpidas algunas de estas preguntas pero muchas personas y más de alguno de nuestros conocidos responderían convencidos con un sí.
Innegablemente existe un analfabetismo científico en una gran parte de la ciudadanía. El desconocimiento sobre aspectos fundamentales de la ciencia y la tecnología es verdaderamente impresionante. En diversas encuestas realizadas en los últimos decenios se muestra cómo la gente puede creer que el hombre convivió con los dinosaurios, cómo no entienden la estructura atómica de la materia; niegan la llegada del hombre a la Luna. En el campo de la genética es asombrosa la ignorancia; en una encuesta denominada Eurobarómetro, un alarmante 70 por ciento de los encuestados afirma que era correcta la afirmación: “Los tomates naturales no tienen genes, sólo los transgénicos los tienen”.
La alta valoración del adjetivo “natural” es otra cara de la ignorancia (o estupidez) científica. Parece que todo lo natural fuera intrínsecamente bueno (a pesar de que tan naturales son las bacterias como cualquier veneno que exista en la naturaleza). Un buen consejo es desconfiar de la cultura de cualquiera de nuestros conocidos que pregone enfáticamente la superioridad de un producto “natural”.
El hecho de que mucha gente prefiera una “medicina natural” indica el desconocimiento y el prejuicio que establecemos; de hecho, una parte de los medicamentos convencionales tienen principios activos que son “naturales”, pero el proceso industrial permite establecer la forma de aplicación y la dosis adecuada que lo hacen un tratamiento efectivo.
Remedio a esta tragedia cultural: buena educación en el hogar y buenos maestros en la escuela. O sea, no lo veremos en nuestra generación.
drvazquez4810@yahoo.com

Sobre el autor
"Medico, Especialidad en Cirugia General, aficionado a la lectura y apartidista. Crítico de la incompetencia, la demagogia y el populismo".
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