Alma Gloria Chávez
La inaceptable violencia
Sábado 16 de Enero de 2016

Respaldando el Informe sobre México de Amnistía Internacional y saludando la presencia de Estela Carlotto en el país.

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Seguramente, si no tuviera elementos cercanos para hablar de ella, dedicaría muchas páginas para referirme a todo lo que el ser humano es capaz de crear con la excepcional inteligencia de que hemos sido dotados: arte, ciencia, cultura y pequeñas acciones que proponen vivir más cercanos y acorde con nuestra humanidad.
Pero la violencia siempre se encuentra al acecho. Y violencia es que todavía nos encontremos con tanto joven prepotente y armado circulando en vehículos sin placas, ostentándose como “policías de la Fuerza Rural”, por lo menos en nuestra localidad y municipio. Algunos de ellos son los mismos que en una ocasión me vi precisada a enfrentar por encontrarse bajo los influjos de algún estupefaciente y jugando con sus armas (hasta presumiendo una granada) fuera y frente a casa… y dándose además “el lujo” de apuntarme por exigir que llamaran a su “comandante”, que se encontraba totalmente alcoholizado en un salón de fiestas próximo.
Lo que describo sucedió hace cerca de un año y yo (como muchas personas afectadas por estos grupos armados) suponía que luego del cambio de gobierno, efectivamente se haría algo para disolver, desarmar, evaluar y/o capacitar a estos jovencitos que muestran un desprecio absoluto por el mismo gobierno (así lo manifestaron cuando yo exigía de ellos alguna identificación), por las leyes, normas y ciudadanía y que hasta llegan a alardear de sus fechorías. Una reciente, por cierto, sucedió apenas hace cerca de dos meses, cuando detuvieron a un conocido “por sospechoso de secuestro” y además de retenerlo por varias horas, le despojaron de su móvil y dinero en efectivo, con la amenaza de que “conocían dónde vive”. Al parecer, cuando lo detuvieron, se acercaron policías municipales pero se alejaron cuando los “fuerzas rurales” mencionaron que era “sospechoso”, sin cerciorarse de que hubiera alguna denuncia de por medio.
También a finales de año, una semana después de los Días de Animas y cuando el Ejército se encontraba desplegado por toda la región, unos amigos holandeses que se dirigían hacia su hotel en el vehículo de quien los había invitado a cenar en céntrico restaurante fueron interceptados por una camioneta que los siguió hasta la calle Benigno Serrato (contigua a la Basílica), bajando de ella dos individuos armados que les exigían bajar del automotor, con evidentes intenciones. En esta ocasión, la pericia del anfitrión permitió el escape, en reversa e internándose nuevamente en calles céntricas, de lo que no dejó de ser un desagradable evento. Supimos que este hecho fue denunciado esa misma noche y quien recibió la llamada comentó que ya se habían recibido otras tres, también por asalto, o intento, como fue el caso. Lo extraordinario es que esa misma noche yo pude presenciar la llegada de un convoy del Ejército al centro de Pátzcuaro y los ilícitos fueron en calles cercanas. Mi amigo holandés, quien ha trabajado para la UNESCO y en programas de Educación para la Paz en varios países, se llevó una particular “lectura” de la situación en nuestro estado.
Y para colmo: la semana anterior, estando yo de vacaciones y habiendo salido hacia el centro para hacer diversas diligencias, una vecina que ayuda en labores de la casa paterna, me esperaba de regreso con la “novedad” de que un individuo había saltado por una barda del traspatio (que es bastante alta y tiene además alambrado acerado) y le había quitado su billetera a mi padre, justo cuando éste se dirigía al patio por donde el individuo (con pasamontañas y un garrote en ristre) entró… y salió, “saltando con bastante agilidad”, según palabras de mi progenitor, que cuenta 93 años de edad. ¿Denunciar? Ya lo hicimos en alguna ocasión, en que también a plena luz del día penetraron en casa dos o tres personas (estando mi padre dormido) y se llevaron cuanto pudieron en dos horas. Cuando llegó la Policía (pedí a una secretaria que enviaran policías conocidos), se mostraban nerviosos, porque “el jefe nos prohíbe atender denuncias de colonias, solamente de la zona céntrica” y por ellos entendí cómo las mismas autoridades han permitido que crezcan a la par ilícitos y violencia.
“Quienes estudian la delincuencia y la violencia en México las atribuyen a toda la situación histórica, económica, política, social y geográfica: desde la vecindad con Estados Unidos, el país más consumidor de droga del mundo y el que les vende armas a los delincuentes (y financia guerras en todo el orbe), hasta la situación internacional que tiene que ver, desde con nuestra inserción en la economía globalizada, hasta con el aumento en la demanda de drogas en general o el aumento del precio de alguna en particular, como sucedió con la cocaína; desde las lógicas de la migración, la industria transnacional de las maquiladoras y el imperio del narcotráfico como red e industria económica global, hasta la ausencia del Estado, ausencia de gobernabilidad, la no intervención de las autoridades. Esto ha dado lugar a un clima general de permisividad para la delincuencia que no sólo la autoriza, sino incluso la promueve”, afirma Sara Séfchovich en su libro Atrévete, propuesta hereje contra la violencia en México.
Hoy, después de conocer el Informe de Amnistía Internacional sobre México, luego de saber que se encuentra en el país Estela Barnes de Carlotto, presidenta de las Abuelas de Plaza de Mayo, acompañando a padres y madres de los 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa desaparecidos, y entendiendo que no sólo Guerrero ni Morelos, sino toda nuestra noble patria ha sido mancillada por la violencia, no puedo más que agradecer el que existan tantas personas (gente completa, gente cabal) que continúan ejercitando el más noble derecho de, como ciudadanos, actuar, no permanecer indiferentes cada día. “La violencia, dicen organizaciones humanitarias, tiene un carácter epidémico; por eso urge actuar”.
“Todos los grandes cambios de la humanidad han empezado con un individuo que se lo propone”, escribió David Borenstein, analista español. Y la antropóloga-escritora Sara Séfchovich agrega: “Cuando algunas personas se niegan a que las cosas sigan igual y actúan para cambiarlas, ese cambio se va extendiendo a otras personas y situaciones, lo cual afectará todo el panorama. El poder que dice no, el poder del disidente solitario y sigiloso, entra dentro de esa categoría que se llama ‘el valor de las asimetrías’. Pues bien: ese poder lo tienes tú, madre y esposa, abuela y hermana, novia y amiga de un hombre violento. No lo defiendas. No lo solapes. No lo escondas. No lo ayudes. No jures que es inocente. Atrévete a indignarte por su comportamiento, atrévete a obligarlo a cambiar”.

Sobre el autor
Alma Gloria Chávez Castillo. Oriunda de Pátzcuaro, realizó estudios formales en el lugar. Por interés personal complementó su formación con actividades artísticas como la pintura, la danza, el teatro y la pantomima. Su vocación de servicio le ha llevado a promover o insertarse en espacios culturales orientados a niños/as y jóvenes. Ha sido colaboradora fraterna con organizaciones indígenas de la región a través de espacios radiofónicos y prensa escrita. Promotora de lectura y cuenta-cuentos, fundadora y activista de grupos de mujeres, vive anhelando una sociedad libre de violencia.
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