Julio Santoyo Guerrero
Pagar y castigar
Lunes 4 de Enero de 2016
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De buenas intenciones está empedrado el camino al Infierno, dice la sabiduría popular. Y es particularmente exacta esta sentencia aplicada a la política. El discurso del 1º de octubre con el que se inauguró el gobierno actual abundó en promesas de prosperidad para Michoacán. Para cada demanda y denuncia sentida por la sociedad se ofreció una frase contundente que ofrecía cumplimiento.
Y era previsible, cumplir siquiera con lo mínimo ofrecido es y será cuestión de dinero, dinero que no sólo no tiene, sino que adeuda el gobierno michoacano. Pero no se advirtió con seriedad la gravedad del problema. Aún ahora el gobierno da la impresión de que no alcanza a dimensionar las implicaciones sociales y políticas de su imposibilidad para pagar nóminas, prestaciones, pagos a proveedores y demás compromisos que sólo atina a administrar bajo una estrategia de posposición permanente.
La crisis financiera del gobierno está siguiendo la ruta de una crisis de gobernabilidad y abriendo la brecha hacia una crisis política general. La crisis de gobernabilidad que se expresa como un fenómeno de conflictividad social ha repuntado con fuerza en los últimos meses y puede seguir esa tendencia con el recorte a los presupuestos gubernamentales que tocarán o ya están tocando a amplios sector de la población. De hecho la inversión pública gubernamental cayó dramáticamente en 2015 y para 2016 no se ven mejores condiciones. Así que cumplir las altas expectativas del discurso del 1º de octubre parece una realidad demasiado lejana.
En medio de esta crisis el gobierno no sólo ha titubeado en la dirección de sus actos, francamente ha tomado decisiones que castigan a la economía de las mayorías y golpean a quienes en gran parte fueron sus electores. Por la crisis de las finanzas públicas no pagan quienes las llevaron a la ruina o quienes se sirvieron de ellas para sus intereses personales. Para satisfacer este reclamo no hay acciones concretas, en cambio sí hay acciones para que la sociedad pague por ellos. Esta parte es indignante. Si bien es cierto que pagar más impuestos no es grato, lo es más ingrato es cuando no hay claridad y justicia en el gasto de los recursos públicos.
La opción que ha tomado el Ejecutivo estatal y que en parte le ha correspondido la LXXIII Legislatura es el del borrón y cuenta nueva, es el de proteger los intereses de la clase política michoacana y castigar a la población elevando los impuestos, y sin siquiera establecer mecanismos más exigentes en transparencia o direccionando esos nuevos recursos a programas vitales. Su didactismo político es muy crudo, han optado ir contra la sociedad.
La Ley de Ingresos que contiene esta política ha sido aprobada y como ley tendrá que ser acatada. Pero ello plantea una consecuencia: la percepción pública de que la ley es injusta y que es legítima la protesta y la manifestación para objetarla. Es decir, nuevamente la aplicación de una política pública que genera una reacción social que se sumará a la cauda de protestas que a diario se viven en el estado. Y si para contener la reacción social se va a recurrir a las fuerzas policiacas, como se ha hecho para obligar a la evaluación de los maestros, en lugar de asumir la responsabilidad gubernamental en el origen de la protesta, tendremos el escenario perfecto para la profundización de la crisis de gobernabilidad que venimos arrastrando.
El gobierno michoacano, por su propia sobrevivencia, necesita reconsiderar las opciones que ha tomado. El único futuro político seguro es gobernando y legislando junto a los michoacanos, no contra ellos. Los mejores aliados efectivos para las transformaciones están abajo, en la sociedad, no en los gabinetes y en las burocracias políticas.
Pero si en lugar de ver a la sociedad como su aliada la ven como objeto de castigo fiscal para proteger a las burocracias, su gobierno puede no durar mucho, la historia de Michoacán no debe dejarles lugar a dudas.

Sobre el autor
Julio Santoyo Guerrero Estudió Filosofía en la UMSNH Docente desde 1983 Analista en medios impresos y electrónicos desde 1988 Articulista fundador de Cambio de Michoacán desde 1992.
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