Alma Gloria Chávez
La medida del tiempo
Sábado 26 de Diciembre de 2015

La medida del tiempo se ha guiado en función del Sol y la Luna.

A- A A+

Hace más de una década ya que leía con interés lo que Ikram Antaki, filósofa, antropóloga y escritora de origen sirio que hizo de México su segunda patria, publicó en una colección de ensayos concebidos originalmente para una serie radiofónica y de televisión, cuyos títulos sugerentes invitaban, desde sus primeras frases, a la reflexión.
En Segundo Renacimiento (editorial Joaquín Mortiz, 1992) precisamente menciona: “El telescopio es una máquina del tiempo que nos permite observar astros lejanos, los quásares, cuya luz tardó doce mil millones de años en llegar hasta nosotros; estrellas que quizás hoy ya no existen.” Por supuesto que estas lecturas me llevaron a otras, todas igual de emocionantes, reveladoras de la ignorancia en que millones de seres humanos transcurren el devenir de sus días.
Buscando los orígenes es que un menor porcentaje de seres humanos ha dedicado buena parte de sus vidas para contestar las preguntas que plantean las interrogantes: ¿de dónde venimos?, ¿adónde vamos?, ¿quiénes somos? Dioses, sacerdotes, sabios y científicos persiguen a su manera la búsqueda de un nacimiento que supone eslabones de una misma cadena. “Venimos de los simios y de las bacterias, pero también de los astros y de las galaxias”, es la idea fundamental de nuestro tiempo a la que se ha añadido “y formamos parte de una divinidad”.
Hoy, según estudios científicos, sabemos que no es el Big Bang el origen del Universo, y es más, ni siquiera se sabe que lo tuvo. El Big Bang no representa ya los límites del mundo, sino los límites de nuestros conocimientos. Sabemos, sí, que el Universo ha cambiado, que no es inmutable ni eterno y que evoluciona y se encuentra en expansión. Edwin Hubble constató, hacia 1930, que las galaxias se alejan más rápidamente a medida que se encuentran más lejos de nuestro planeta. Y si retrocedemos quince mil millones de años, encontramos que esas galaxias estuvieron más cerca y el Universo fue más denso, caliente y luminoso. Apenas entonces, quince mil millones de años atrás se formó el helio a temperaturas muy intensas y un millón de años después, y a una temperatura de más o menos cuatro mil grados, se formaron los primeros átomos y nuestra radiación fósil data de ese momento.
Pero volvamos a los principios de la humanidad: cuando nuestros ancestros necesitaron convenciones que le permitieran medir el tiempo. Obviamente, la primera forma fue el Sol, es decir, dividió el tiempo en días, que significaba cada puesta de Sol para posteriormente dividirlo de acuerdo con la posición que esta estrella tenía en el cielo. Muchos siglos después el hombre aprendió a definir el momento exacto: se dividió a ese día en partes iguales llamadas horas y estas en minutos y segundos. Cada día se dividió luego en 24 horas, cada hora en 60 minutos y cada minuto en 60 segundos, siguiendo el sistema hexadecimal.
Para lograr estas medidas tomemos en cuenta la sistemática observación que el ser humano ha logrado cultivar, a la par que el desarrollo de su inteligencia. Como el Universo, este desarrollo o evolución no se ha dado de manera continua ni ha logrado un equilibrio. Afortunadamente porque si gracias al enfriamiento rápido y a la formación de estrellas, el Universo pudo producir otros átomos como el carbono, que se presta a una enorme cantidad de combinaciones que llegan hasta la extrema complejidad del cerebro humano –la estructura más alejada de la estabilidad que existe en el mundo–, el equilibrio para ambos: el Universo y el cerebro humano, significa la muerte.
Es de agradecer, entonces, que la evolución de la inteligencia humana hoy nos permita comprender que nuestra medida del tiempo no es ni será perfecta, sino perfectible, como lo es el mismo Universo. En la antigüedad, fueron muy utilizados los calendarios lunares que se rigen por el ciclo de 29 y medio días de la Luna. Y resulta lógico, por la semejanza con el periodo menstrual de la mujer y con el tiempo de preñez de diez meses lunares. Los babilonios fueron los primeros en llevar un calendario lunar y los celtas, en el norte de Europa, se rigieron por un calendario lunar donde la unidad de medida no era el día, sino la noche.
En la actualidad, el calendario lunar es usado en el mundo del Islam, asociado a los dictados del Corán: “La Luna nueva fijará el tiempo para la población y para el peregrinaje”. Por su parte los egipcios optaron por el calendario solar, de 365 días y un cuarto. Y son los precursores directos del calendario moderno que todavía usamos. Aunque en América los mayas se regían de un calendario solar que resultó de suma exactitud.
Astronómicamente el año solar es el tiempo de traslación de la Tierra alrededor del Sol, periodo en el que suceden las cuatro estaciones. El día es el tiempo que tarda la Tierra en girar sobre su eje y dura 24 horas y no tiene relación directa con la duración del año. La duración exacta del año solar es de 365 días, cinco horas, 48 minutos y 46 segundos, y por ello resulta imposible hacer coincidir el año con un número exacto de días. Por ello se ha optado en hacer el año de duración variable, para establecer años cortos de 365 días y algunos largos, cada cuatro años, de 366.
El precursor del calendario comúnmente utilizado hoy en día es el calendario romano. Según una leyenda, se usa desde la fundación de Roma, aproximadamente en el año 750 antes de Cristo. Inicialmente el calendario romano contenía diez meses y el año empezaba en marzo. Se añadieron dos meses extra –enero y febrero– en reformas posteriores. Para mantener el calendario sincronizado con el Sol, la Luna y las estaciones se tuvieron que hacer algunas intercalaciones, con poco acierto en algunos casos.
En tiempos de Julio César (100-44 antes de Cristo) el desajuste era tan grande que el emperador encargó a un astrónomo llamado Sosígenes que realizara las correcciones necesarias y éste aconsejó abandonar el calendario lunar para adoptar un calendario basado únicamente en el año solar. César decretó que cada año tendría a partir de entonces 365 días, añadiéndose un día extra cada cuatro años en el mes de febrero. Desde entonces contamos con años bisiestos y a este calendario se le conoce como juliano desde entonces… aunque contamos los 2015 años desde el nacimiento de aquel divino niño llamado Jesús. Buen año para todos y todas.

Sobre el autor
Alma Gloria Chávez Castillo. Oriunda de Pátzcuaro, realizó estudios formales en el lugar. Por interés personal complementó su formación con actividades artísticas como la pintura, la danza, el teatro y la pantomima. Su vocación de servicio le ha llevado a promover o insertarse en espacios culturales orientados a niños/as y jóvenes. Ha sido colaboradora fraterna con organizaciones indígenas de la región a través de espacios radiofónicos y prensa escrita. Promotora de lectura y cuenta-cuentos, fundadora y activista de grupos de mujeres, vive anhelando una sociedad libre de violencia.
Comentarios
Columnas recientes

Días de ánimas, días de ofrenda

Ética para médicos

Un hombre de principios

La invención de América

Laudato sí, mi signore.

Pátzcuaro y su legado patrimonial

Día internacional de la paz

Mujeres disidentes

De las crónicas del lago

Fecha para adultos mayores

Proyectos contra la vida

La cultura: un derecho esencial

Turismo y cuidado del entorno

Contando y recordando

Entre costuras

A ejercer ciudadanía con responsabilidad

Apuntes para una historia

Construir la democracia

El maque y su decoración

Soy el museo de Pátzcuaro

Maternidad: desde adentro

La cruz: símbolo a través del tiempo

Festejo por los libros, sus autores y lectores

Un 19 de abril de 1940

Cuando se siembran ideales

Rituales de la Semana Mayor

Ofrenda para Itsii (agua)

La utopía quiroguiana

Buscadoras de vida

Dos maestros reflexionan

Violencia entre adolescentes

Metalurgia en Michoacán

Envejecer con dignidad

Dar sentido a la vida y a la muerte

Cuidar o atender a otros

Festejos de tradición

Atentar contra la seguridad

Los diarios de María Luisa Puga

Nombrar es crear

Sida, cuando el diagnóstico es tardío

25 de noviembre: ¿por qué esta conmemoración?

Mis recuerdos de Teresita

Un guardián del lago

Defensa de la Madre Tierra

Un panteon peculiar

Hambre en el mundo

Recuerdos de un 2 de octubre

Hablemos de un hombre honrado

Cuando la naturaleza grita

La Coalición Nacional de Jubilados Pensionados

Desapariciones forzadas en México

Ejemplos sindicales

Cuando de educación se habla

Pueblos originarios

Ejercitar la ciudadanía

Violencia colectiva

Seguridad ambiental

Sobrevivir la adolescencia

La medicina de la naturaleza

Medio ambiente: nueva visión

Nuestra salud, nuestro derecho

Por el día de los museos

Maternidad desinformada

Por la cruz, a la luz

Hablar de “indianidades”

Altares para La Dolorosa

Trabajadoras del hogar

Aqua sum, agua soy

Ecología integral

Mujeres, pequeños testimonios

Francisco J. Múgica: un documental

Con perspectiva de género

Los toritos en tierra purépecha

Una auténtica “bolsa de valores”

LXXVIII Aniversario del INAH

Por el camino de la ética

Quien ama al árbol respeta al bosque

Pastorelas en Michoacán

El tiempo: medida de hombres

Nana Iurixe

Día Internacional de Lucha contra el Sida

Nombrar es crear

El respeto a las diferencias

Morir por mano propia

Celebración a nuestros difuntos

Nivel educativo, a la baja

De alta peligrosidad

ISSSTE de Pátzcuaro: Un día especial

Día del Maíz

Nuestro derecho a la cultura

Infamias globalizadas

Educacion para la paz

Esfuerzo, disciplina y amor

Maravillosamente: mujeres

Aprendiendo de los oficios

El pensamiento del doctor Bach

Fiesta de los Oficios

El trabajo del hogar

Jornadas de Peritaje Antropológico

Alerta de Género: consideraciones

Defender la educación

Gastronomía

Feminicidio

Día Mundial del Medio Ambiente

La salud de la mujer

Celebremos la diversidad cultural

Para quien educa

Mujer y madre

Día del Libro y la Rosa

Elenísima

Hombre de probidad

Trabajadoras/es de lo invisible

Ser mujer… Y no quedar en el intento

Amnistía Internacional: 45 años

Diálogo interrumpido, acuerdos incumplidos

El palacio de Huitzimengari

El palacio de Huitzimengari

Jorge Reyes: Siete años

Viejos rituales, nuevo ciclo

Desapariciones en Mexico

La inaceptable violencia

Desde tierras orientales

La medida del tiempo

Los Nacimientos en México

Cuando la fiesta es un ritual

Campaña “16 días de activismo”

Defender nuestro legado cultural

El hostigamiento es sinónimo de violencia

Mario Agustín Gaspar

Tributo a la vida a través de la muerte

Discriminacion

Votamos y participamos

Recordando a doña Caro

Para una cultura de paz

Caminos hacia la paz

Cuando una mujer disiente

En recuerdo de Palmira

Abuso de la cesárea

Abuelas (anecdotario mínimo)

De raíz p’urhé

El Día Internacional de los Pueblos Indígenas

Celebrando el XV Aniversario de Decisiones

Territorio de volcanes

Cherani K’eri

Gobiernos incluyentes

Ejercer ciudadanía con democracia

La salud: cosa nuestra

La salud: cosa nuestra

Defender recursos naturales

Ser maestro y no quedar en el intento