Gilberto Vivanco González
Vivilladas
Servicio urbano en Morelia…a medias
Viernes 4 de Diciembre de 2015
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En una ciudad tan grande y en crecimiento acelerado, aunque sea en forma desarticulada tal y como ha sucedido desde hace años, es común que la garantía de buenos servicios a la comunidad sea limitada; la anarquía en el establecimiento de nuevas colonias y los recursos económicos restringidos en ayuntamientos provocan caos y desatención social, es complicado que el drenaje, las instalaciones para agua potable, el alumbrado público, satisfagan a la población, misma que exige calidad en base a impuestos que se pagan. Todo esto podemos entenderlo, aunque no aceptarlo, pero que los concesionarios del transporte público, nos referiremos a combis y a urbanos, hagan lo que se le antoje, no podemos comprenderlo. Esto ocurre en la ciudad de Morelia, la flamante capital del estado, donde dicho servicio se presta a medias, de mala gana, con aceleradas irresponsables o pausas prolongadas, según le interese al chofer. La gente sale a realizar sus actividades y no sólo tendrá que luchar por la vida en todos sentidos, sino que tendrá que enfrentarse continuamente a los caprichos y horarios de quienes buscaron una concesión y que ahora que la tienen sólo anhelan cubrir sus intereses y les vale un cacahuate la población a la que se deben.
Siendo La Ciudad de las Canteras Rosas la zona urbana más importantes de la entidad, donde miles de personas de todos los puntos cardinales salen a trabajar, a llevar a sus hijos a la escuela, a realizar transacciones a bancos, a comprar en comercios, a distraerse y a un sinfín de actividades con el tiempo medido, como suele ocurrir por la propia dinámica social que a partir de la integración laboral de la mujer es mucho más vertiginosa, resulta que los choferes van disfrutando el paisaje, hablando o mandando mensajes desde su aparato celular, escuchando música a todo lo que da, casi siempre de banda, comiéndose el tiempo que les convenga y de pronto pareciera que ven al diablo, porque pisan el acelerador a fondo y la gente anda revotando de un lado a otro de los camiones urbanos o de las combis, dándose topes desde sus asientos, bajando a todos los santos para que no suceda una desgracia; además los cafres casi envisten a los automovilistas particulares sintiéndose poderosos y ni quién les diga nada, ni los señores de tránsito ni las autoridades del ramo. Eso sí, cuando algún pasajero se queja de la lentitud o de la velocidad inmoderadas se ponen brabucones, retadores y los “invitan” a bajar. ¿Pues de qué se trata?
Por otro lado, siendo Morelia una ciudad donde existen facultades universitarias, centros comerciales que cierran a las 09:00 o 10:00 de la noche (en estos tiempos hasta más tarde) con hospitales donde pacientes, enfermeras y doctores requieren servicio al desocuparse o cuando espectadores en cines terminan de ver la película un tanto noche, todos ellos andan con el Jesús en la boca porque es seguro que el transporte público tiene un horario muy cómodo, pero para los choferes y concesionarios, ya que a esas horas resulta imposible conseguir alguna unidad otorgando servicio porque los angelitos se retiran temprano de sus rutas ya que según no les conviene, aunque la demanda sigue siendo importante.
Para nada es atractivo a los choferes transportar pocos usuarios, y es entendible; pero eso sí, a su conveniencia, meten pasajeros a más no poder, van amontonados y, por supuesto, incómodos, y los choferes muy contentos porque llevan casa llena y buenas ganancias, pero no son capaces de sacrificar ni tiempo ni gasolina a determinadas horas de la noche. Luego entonces, la vocación de servicio brilla por su ausencia.
Lo comentado en el párrafo anterior es una de las problemáticas más inquietantes de los morelianos en cuanto a transporte se refiere, porque es obvio que las condiciones económicas no son nada cómodas para pagar taxis a diario o como para arriesgarse caminando en calles oscuras y solitarias, más tratándose de estudiantes o trabajadores que, insistimos, reciben poco dinero de sus padres o poca remuneración de los patrones, porque Morelia es una ciudad bastante cara con salarios de hambre.
Es tiempo de que el actual presidente municipal, un independiente muy dependiente, ponga atención al respecto porque el tiempo que lleva gobernando se la ha pasado más en el muro de las lamentaciones que promoviendo y ejecutando proyectos en beneficio del municipio y de la ciudadanía a la que se debe; sabemos que el organismo operador del transporte público depende de las autoridades estatales, pero es ineludible que en cuanto a prestación de servicios municipales, este asunto debe ser una de sus prioridades; por lo tanto, requiere de sus dones negociadores para resolver, en lo mejor posible, esta situación. ¡Ah!, y le seguimos recordando que aún en tiempos prohibidos por la Ley Electoral para hacer campaña prometió sacar el tren de la ciudad.
En otra línea, las personas responsables de la Comisión Coordinadora del Transporte tienen que ponerse la pilas para regularizar dicho servicio para que sea eficiente a todas las horas, en todas las rutas y con unidades dignas para el usuario; ya basta de compadrazgos, de apatía, o de sólo buscar beneficios personales o de grupos, así que se ponen a trabajar con esmero, con dignidad y capacidad o de plano mejor que renuncien y dejen el puesto a quienes tengan la vocación y el talento para realizar bien dicho trabajo. Aquí Silvano y Adrián López Solís, secretario de Gobierno, deberán estar muy atentos y darle seguimiento.
Morelia es una ciudad importante, con aceptación turística nacional, con personas económicamente activas que requieren urbanos y combis con horarios nocturnos y eficientes, así que es tiempo de reestructurar de manera sustancial el transporte público. Conste que no pedimos un tren ligero, tranvías o algo por el estilo porque no existe la capacidad en nuestros gobernantes ni la capacidad en la economía michoacana, nos conformamos con un servicio básico pero que sea limpio, seguro y eficaz… sólo así la población aceptaría un pequeño aumento al precio de los pasajes, porque los amos del volante todo quieren: cobrar caro y hacer lo que se les antoje y como les dé la gana. Sabemos que quizá pedimos peras al olmo pero ojalá la Virgen de Guadalupe y el español Juan Diego nos hagan el milagrito.

Sobre el autor
Nació en Zinapécuaro Michoacán (1961) Profesor de Educación primaria (E.N.V.F.); Licenciado en Ciencias Naturales (E.N.S.M.); Maestría en Investigación Educativa y Docencia Superior (IMCED). Excatedrático y exdirector de la Normal Rural de Tiripetío; Ex director y excatedrático de la Escuela Normal Urbana Federal, catedrático del IMCED. Diplomado en Administración de Escuelas Superiores (IPN)
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