Alma Gloria Chávez
El hostigamiento es sinónimo de violencia
Sábado 14 de Noviembre de 2015

¡Y una, desde la adolescencia, acostumbrada a pensar el hostigamiento como una forma que ellos utilizan para llamar nuestra atención!

Celia, profesionista víctima de hostigamiento laboral

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La violencia, como la entendemos actualmente, tiene un carácter destructivo sobre las personas, el ambiente de convivencia y los objetos. Es importante resaltar que todas las personas pueden ser agresivas, pero no necesariamente violentas; mientras la agresividad es básica en el ser humano para ayudarle en su supervivencia, la violencia es siempre destructiva.
A través de los años y gracias a los movimientos de mujeres en el mundo y en el país, hemos aprendido que lo personal siempre es político, porque la política no existe como entidad abstracta: la práctica de someterse o intentar conquistar o mantener el poder (actitud tan propia del sexo masculino), la vive la gente, cada quien, cotidianamente y en sus distintos espacios de vida. Nadie nos podemos sustraer, por ejemplo, a la inflación, un fenómeno económico-político que a todas y todos nos afecta por igual y que aunque nos propusiéramos ignorarlo, se cuela en nuestras vidas diaria e irremediablemente. Y lo mismo podemos decir del sistema de salud, del educativo o cualquier otro que nos afecte.
Sabemos que factores genéticos, sociales, culturales y psicológicos entremezclados configuran poco a poco los comportamientos violentos, y que sólo identificándolos se puede centrar el interés en las medidas preventivas y constructivas necesarias para modificar dichas conductas violentas y cambiarlas por otras donde se anteponga la actitud serena y pacífica.
Han sido mujeres de muchas profesiones, así como educadoras, promotoras y ciudadanas comprometidas, quienes desde hace más de tres lustros han dedicado esfuerzos significativos para detectar, estudiar y reflexionar acerca del hostigamiento sexual (sobre todo en el ámbito laboral) y están contribuyendo a tomar conciencia de este fenómeno, así como a proponer medidas preventivas y sanciones para quienes lo ejerzan (o lo permitan, tratándose de instituciones gubernamentales).
La definición de hostigamiento sexual es “un ejercicio de poder en el que a las mujeres, por las prácticas sociales y culturales, se nos coloca en una situación de mayor vulnerabilidad”; por esta razón es necesario romper la invisibilización de esta problemática. El término de hostigamiento sexual fue acuñado en 1975, pero ello no quiere decir que no existiera. Fue sólo que nosotras nunca nombramos el problema, “lo veíamos como algo natural en el comportamiento masculino”. Y por supuesto, mientras algo no se menciona, no se toman medidas para erradicarlo o encontrar solución.
Como todo tipo de violencia hacia las mujeres, el hostigamiento sexual se basa en la cultura imperante donde a los hombres se les educa para ver a las mujeres como objetos sexuales de su propiedad y a las que se les puede usar y abusar a su antojo. Por esta pauta cultural algunos hombres hostigadores ni siquiera se dan cuenta de lo ofensivo de su conducta, e incluso hay quienes piensan que la mujer desea ser hostilizada y que el hombre debe ser hostigador para cumplir con su papel como tal. Y atención: el hostigamiento sexual no se trata sólo de sexo. Se trata de mostrar quién tiene el poder. Típicamente, tal comportamiento es elegido para humillar y controlar.
Para las mujeres trabajadoras que no acceden a los avances o demandas sexuales (abrazos, besos, caricias y “halagos” o piropos con doble sentido), las repercusiones por parte de directivos o puestos superiores pueden ser negativas a ascensos o aumentos de salario e incluso el congelamiento en algún puesto, transferencia del lugar de trabajo, incremento de las cargas de trabajo o la imposición de trabajos que otros/as no realizan, negativa de prestaciones, promociones y derechos o retardos en su tramitación; referencias negativas de la trabajadora, evaluación negativa del desempeño laboral, actas administrativas cuestionando el trabajo de la afectada, ausentismo, despido o renuncia.
A nivel de las condiciones y relaciones de trabajo, las repercusiones son baja productividad de las afectadas, ambiente hostil hacia las afectadas, humillaciones e incomodidad.
Y a nivel psicológico y físico, el hostigamiento sexual produce ira, ansiedad, nerviosismo, vergüenza, baja autoestima, degradación o culpabilidad por creer que ellas lo han provocado; insomnio, dolores de cabeza e inapetencia.
Recientemente supimos de una mujer casada que “por evitar problemas en su trabajo” permitió por mucho tiempo que compañeros de trabajo “flirtearan” con ella, y en una ocasión, luego de un “convivio” en el que hubo bebidas alcohólicas, dos de ellos le acompañaron a tomar un taxi y aprovecharon para violarla. Ella se atrevió a denunciar, pero los “compañeros” se defendieron diciendo que ella los había provocado y “hasta se veía que le gustaba”. Aunque procedió la demanda y ellos recibieron sanciones legales, el daño moral sufrido por la mujer y su familia resultó mayúsculo y difícil de resarcir. Así son muchas de las historias de acoso y hostigamiento. Los daños emocionales y morales resultan graves y siempre afectarán a terceros.
Tengamos en cuenta que el hostigamiento sexual en el trabajo es una violación a los derechos humanos y sexuales de las trabajadoras y también es un problema social-laboral que cada día amenaza al bienestar físico y psicológico de miles de trabajadoras, sin excluir también a los hombres. En el ámbito sindical resulta necesario incorporar dentro de los estatutos y contratos colectivos de trabajo políticas que prevengan el hostigamiento sexual y el acoso laboral, así como las sanciones en caso de presentarse.
Hoy como nunca antes sabemos que en nosotras, las mujeres, existe la real posibilidad de cambio en nuestra sociedad, participando y siendo promotoras de ese cambio.

Sobre el autor
Alma Gloria Chávez Castillo. Oriunda de Pátzcuaro, realizó estudios formales en el lugar. Por interés personal complementó su formación con actividades artísticas como la pintura, la danza, el teatro y la pantomima. Su vocación de servicio le ha llevado a promover o insertarse en espacios culturales orientados a niños/as y jóvenes. Ha sido colaboradora fraterna con organizaciones indígenas de la región a través de espacios radiofónicos y prensa escrita. Promotora de lectura y cuenta-cuentos, fundadora y activista de grupos de mujeres, vive anhelando una sociedad libre de violencia.
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