Gilberto Vivanco González
Vivilladas
Inquietud en las escuelas Normales
Viernes 13 de Noviembre de 2015
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Michoacán está viviendo una etapa de convulsión donde los protagonistas no son la clase política, la delincuencia organizada o la situación lamentable de carencias generales en cuanto a salud se refiere; hablamos del sector educativo, donde, por un lado, la Reforma Educativa pega laboralmente a los maestros de educación básica en servicio, y por el otro, a los futuros docentes que tendrán que sujetarse a un examen donde nadie conoce los rubros a evaluar para adquirir una plaza magisterial, razones por las cuales traen al estado de cabeza con una serie de movilizaciones con sus drásticas consecuencias. A todo ello habremos de sumar la inquietud que los catedráticos de escuelas Normales habrán de sortear por la reforma integral que se vislumbra trastocará todo lo relacionado con las instituciones formadoras de maestros y que sin duda llegará con la espada desenvainada, trastocando también derechos laborales. De modo que si hay tormenta en el sector educativo, al rato pudiese degenerar en auténtico huracán.
Las instituciones en referencia están conscientes de la noble labor educativa que históricamente han venido realizando con profesionalismo y sentido humanista, misión que les ha caracterizado como baluarte de lucha para la formación de sus egresados que durante generaciones han forjado a la niñez y a la juventud en pro del fortalecimiento de la nación mexicana, lo han hecho a pesar de las adversidades enfrentadas.
Ante la publicación de las “Directrices para mejorar la formación inicial de los docentes de educación básica”, por el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE), y la formulación de las “Siete prioridades estratégicas” suscritas por la DGESPE de la SEP, que darían lugar a la implementación de la reforma integral para las escuelas normales, los trabajadores alistan un pronunciamiento y, en consecuencia, un plan de lucha, que necesariamente no tiene que ser con cierres de calles o carreteras, con tomas de edificios, por mencionar algo, que tendrá como finalidad manifestarse contra la reforma aludida.
De la misma manera, tienen inconformidad por la cruzada de agravio y descrédito emprendida por el gobierno federal y estatal en complicidad con la iniciativa privada y algunos medios masivos de comunicación contra el magisterio nacional y de las escuelas Normales en particular, pues los consideran como únicos responsables del rezago educativo, cuando todos sabemos, o deberíamos saber, que son múltiples los factores que determinan el fracaso del proceso educativo, por mencionar algunos: las deplorables condiciones económicas de gran parte de la gente que irremediablemente inciden en el déficit alimentario de la población infantil, la endeble infraestructura de los centros escolares, el alto riesgo de inseguridad social que prevalece a lo largo y ancho del país, así como la ausencia de políticas públicas eficaces para la actualización y formación permanente de los educadores, por mencionar algunos factores.
Es claro que el normalismo no puede ser indiferente a la misión de educar ni al derecho que el niño tiene a ser formado de manera integral, por ello se hace necesaria su participación en el análisis crítico sobre el modelo educativo que se debe implementar, condición que no ocurrió con la Reforma Educativa, donde la generalidad de los profesores fueron por demás ignorados. Pero no basta que haya mesas de análisis y propuestas educativas, es indispensable que el propio gobierno no se haga de la vista gorda y ponga atención en proveer las condiciones económicas, políticas y administrativas convenientes para que opere con éxito cualquier patrón educativo.
No se requiere ser erudito en la materia para comprender que un modelo, que en verdad tenga el propósito de dar un giro a la educación, debe conformarse como estrategia para repensar, explicar y reorientar el hacer docente, y no priorizar a la evaluación del maestro como el componente fundamental para la mejora de la “calidad de la educación” y menos aun cuando se establece dicha evaluación con un carácter punitivo, que no significa otra cosa más que tiene un propósito condenatorio, de represión y restricción que contradice el principio pedagógico de la misma. La evacuación en todo proceso es conveniente y necesaria siempre y cuando tenga un carácter formativo. El gobierno federal, a través de la reforma, le da a la evaluación un carácter joditivo, por no decirlo de otra manera.
De tal manera que si Nuño y Peña Nieto en verdad están preocupados por la formación de maestros, resulta indispensable que convoquen a los docentes de las escuelas Normales del país para que aporten los sustentos de orden filosófico, psicopedagógico y social que garanticen una educación con criterio científico, sentido humanista y con elevado compromiso social.
La reforma en ciernes de las escuelas Normales no debe ser un listado de buenas intenciones disfrazadas de criterios normativos de carácter laboral que vulneren los derechos de promoción, reconocimiento y permanencia de los trabajadores, garantizados en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y la normatividad que de ella emana.
Por la experiencia vivida, por todos los riesgos que trastocan la estabilidad laboral y personal de los maestros, es obvio que los trabajadores de las instituciones formadoras de docentes rechacen la supuesta “Reforma Educativa” y estén preocupados, y ya ocupados, por la pretendida reforma integral para las Normales y que exijan respeto a su trabajo ya que la incertidumbre y la inseguridad suelen ser enemigos peligrosos en el desarrollo y la convivencia profesional. Por último, haciendo referencia a lo aquí expuesto, recordemos: “Cuando una reforma emerge sin la participación de sus protagonistas… está condenada a sucumbir”. ¡La imposición y la represión no son el camino!

Sobre el autor
Nació en Zinapécuaro Michoacán (1961) Profesor de Educación primaria (E.N.V.F.); Licenciado en Ciencias Naturales (E.N.S.M.); Maestría en Investigación Educativa y Docencia Superior (IMCED). Excatedrático y exdirector de la Normal Rural de Tiripetío; Ex director y excatedrático de la Escuela Normal Urbana Federal, catedrático del IMCED. Diplomado en Administración de Escuelas Superiores (IPN)
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