Hugo Rangel Vargas
Basave: Por la redención de los intelectuales
Viernes 13 de Noviembre de 2015
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En Aristóteles, la aristocracia es dibujada como el gobierno de los virtuosos y habla de ella, junto a la monarquía, como el “Estado perfecto”. Esta forma de gobierno no sólo se integra por hombres relativamente buenos, definidos en relación a las múltiples circunstancias y constituciones, sino que está “formado únicamente por los hombres mejores”. Sin embargo, esta forma virtuosa del gobierno puede corromperse y derivar en una oligarquía, en la cual el gobierno de pocos va dirigido a la obtención de un beneficio propio, más que al del propio Estado.
En tierras michoacanas, del 20 de junio de 2014 al 30 de septiembre de 2015 gobernó un hombre formado en las ciencias y los saberes académicos. Las bondades de un hombre culto y cercano a las virtudes del estudio estaban encarnadas en Salvador Jara Guerrero al momento de su unción como gobernador sustituto de Michoacán. La expectativa era que él construyera un gobierno con hombres y mujeres desvinculados de los vicios que habían pervertido a la clase política de la entidad y que convocará a muchos ciudadanos a la configuración de un retorno de la normalidad a la vida de Michoacán.
El fiasco, sin embargo, fue monumental. Maniatado por el gobierno a trasmano ejercido por la Federación a través de un comisionado plenipotenciario, el desdén y la frivolidad con la que se expresaba ante momentos de crisis, fundamentalmente en temas de seguridad pública, y el cierre de una administración que terminó repartiendo privilegios entre sus allegados, fueron la crónica de la perversión de una aristocracia –que dicho sea de paso, nunca se instaló en el gobierno de la entidad– hacia una oligarquía plutócrata.
Una nueva oportunidad para los hombres de la academia al frente de tareas públicas se asoma en la vida del país. Agustín Basave Benítez ha sido electo como nuevo dirigente del partido político más importante de la historia de la izquierda en el país, el PRD. La formación académica del nuevo dirigente aurinegro no sólo es su fortaleza, sino también su sello característico. Doctor en Ciencias Políticas por la Universidad de Oxford, el neoleonés ha sido profesor de la UNAM e investigador adscrito al Instituto de Investigaciones Sociales de esta casa de estudios.
Los retos de Basave no son menores en su nueva encomienda. Arriba a la dirigencia de un partido político que ha desdibujado su perfil ideológico opositor y progresista en aras de un pacto que forjó reformas durante los tres primeros años de la administración peñanietista. Cuestionado además por perredistas que se asumen como “puros”, el académico ha sido señalado como un dirigente importado del PRI y sus críticos han olvidado que participó durante 2006 en la campaña de Andrés Manuel López Obrador, para posteriormente ser presidente del Consejo Consultivo del Frente Amplio Progresista.
Rehacer la confianza de los electores hacia el PRD y regresarle su papel protagónico dentro de las fuerzas políticas de izquierda parecen tareas monumentales frente al crecimiento vertiginoso de un López Obrador que ha cancelado el diálogo con el sol azteca. Basave Benítez ha lanzado, sin embargo, un guiño al líder de Morena, al señalar que se ha terminado la era de los pactos del PRD con el gobierno, declaración que –aunque tardía– significa una crítica soterrada y un deslinde con el grupo que dirigió al aurinegro durante los últimos años y al que ha fustigado el tabasqueño desde que pertenecía a las filas perredistas.
Sin que se trate de la aristocracia descrita por Aristóteles, puesto que Basave llega aún con las inercias de cuotas de las corrientes al interior de la dirigencia nacional del PRD, el politólogo podría reivindicar y lavar la cara a los intelectuales que asumen responsabilidades de esta envergadura. Su desempeño no sólo tiene implicaciones para el partido que dirige y para la izquierda, sino también para una sociedad que tiene entre los hombres de ciencia un último asidero de confianza.

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