Julio Santoyo Guerrero
Silvano y Nuño
Lunes 9 de Noviembre de 2015
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Hay razones para identificar cierto paralelismo en el horizonte político de ambos políticos. Nuño y Silvano ascienden a funciones políticas de elevado protagonismo casi en la misma fecha, Nuño, el 27 de agosto como secretario de Educación Pública; Silvano, como gobernador de Michoacán, el 1º de octubre. Los dos son políticos jóvenes, Nuño, de 38, y Silvano, de 49 años.
Silvano y Nuño han hecho de la Reforma Educativa la piedra angular de sus discursos. Nuño porque esa es su apuesta, su plataforma, y Silvano porque votó la ley en la Cámara. Es la ruta de los dos. Ambos manejan un estilo de dureza discursiva y son sentenciosos, retadores y braveros. Hablan a nombre de la ley y eso legitima, aunque la ley sea injusta y tenga torceduras.
Los dos pasan por el mejor momento de sus trayectorias políticas. Silvano, como gobernador, no tiene hasta ahora, en el debilitado perredismo, adversarios fuertes para disputarle la candidatura presidencial. Nuño ha logrado en dos meses posicionarse, inflando una burbuja mediática que él mismo ha financiado como un aspirante fuerte para hacer lo mismo por el PRI.
Sin embargo, es en la trayectoria política donde hay discrepancias evidentes. Nuño es un tecnócrata, tiene apenas una carrera política de medianía, ha sido vicecoordinador de Planeación Estratégica del grupo parlamentario del PRI en el Senado de la República, fue coordinador de asesores de Luis Videgaray, también asesor de Peña Nieto en el gobierno mexiquense, coordinador de mensaje de Eruviel Ávila y de marketing en la campaña de Peña; coordinó el equipo de transición en materia educativa y antes de ser secretario de Educación fue jefe de la Oficina de la Presidencia, además es egresado de la Ibero y Oxford.
La carrera de Silvano tiene más perfil político. Ha sido presidente municipal, diputado federal, senador de la República, secretario de Desarrollo Agropecuario en el gobierno de Cárdenas Batel. Una historia más vinculada con la representación política y la acción partidaria. Es egresado de Chapingo.
Ahora bien, si la realidad no cambiara, cosa que nunca ocurre, tendríamos a Silvano como aspirante presidencial para 2018 por el PRD y a Nuño como candidato del PRI. Ambos saben que de seguir boyantes sus carreras necesariamente tendrán que chocar, cada cual defendiendo proyectos de poder distintos. He dicho de poder, no ideológicos.
Silvano dejará de tener el respaldo del peñismo, el mismo que le ha permitido acceder a la gubernatura michoacana, pero Nuño sabe que la veta de la Reforma Educativa es muy pobre, que más temprano que tarde sólo le quedará la limitada agenda del fracaso educativo porque la Reforma Laboral sólo dará resultados y complicaciones políticas y sindicales, incluso con el SNTE. Contener o derrotar a la Coordinadora, si esa es su divisa, será insuficiente para alcanzar estatura presidencial. Puede representarle todo lo contrario.
La agenda de Nuño es limitada y volátil en extremo, en cualquier momento la carreta de la reforma se atascará o la atascarán no sólo la Coordinadora, igual lo puede hacer el SNTE o los propios priistas que saben que basta pinchar la artificiosa burbuja mediática para que sólo quede aire.
Silvano, sin embargo, si posee buen instinto político, puede diversificar su agenda con otros temas de la realidad estatal y salirse de la línea de confrontación a donde lo está empujando Nuño. Cosa de experiencias. Nuño ansía ver cómo el gobernador Aureoles es puesto contra las cuerdas por centistas, normalistas y movimientos afines mientras aplaude cómodamente desde su despacho de Argentina número 28; en tanto que Silvano hace malabares para no asumir costos.
Ambos políticos saben que deben cuidar día a día su actuación política aunque regularmente el impulso les gana, y que deben cuidar las intenciones del otro. El trayecto que ahora los unifica es temporal, estrictamente pasajero, las políticas que ahora los hacen converger probablemente más tarde les llevarán a la divergencia. Pero hay algo contra lo cual parece que ambos no pueden -carácter es destino-, y los dos han dejado ver que son esclavos de su carácter.

Sobre el autor
Julio Santoyo Guerrero Estudió Filosofía en la UMSNH Docente desde 1983 Analista en medios impresos y electrónicos desde 1988 Articulista fundador de Cambio de Michoacán desde 1992.
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