Julio Santoyo Guerrero
El traje del gobernador
Lunes 26 de Octubre de 2015
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El cuento del danés Hans Christian Andersen todos lo conocen. Pues bien, muchos michoacanos quisiéramos ser aquel niño que sinceramente le dice al gobernador “oiga, usted va desnudo”.
Y es que en menos de un mes ha tenido una rechifla en Zacán por un invasivo protocolo e incorrecto estilo del gobernador; el repudio de la población de Nahuatzen, a punto de la tragedia por una pésima operación política y una innecesaria animadversión personal del gobernador que puede derivar en un conflicto generalizado en la Meseta Purépecha; ha tenido un desempeño verbal desbordado, sentencioso y amenazador, ante estudiantes normalistas y la CNTE para luego retroceder precipitadamente; en pocos días ha perdido aliados entre la iniciativa privada y ha hecho enemigos gratuitos entre el sector de autodefensas de la mejor reputación y ciudadanos que esperaban del nuevo gobierno una estrategia anticrimen que priorizará la detención y el exterminio de la delincuencia organizada pero no la continuidad de la estrategia de persecución que iniciara Alfredo Castillo contra quienes no se sometieron a sus oscuras maniobras como comisionado.
Suele ocurrir, porque forma parte de la cultura política, que la mayoría de los gabinetes que se dan los ejecutivos consideran impropio, inadecuado, una incorrección política, hacer observaciones a sus jefes y mucho menos cuestionar los conceptos y las prácticas de gobierno. Los gabinetes se comportan más como las cortes medievales que como servidores públicos de una república democrática, y en consecuencia ejercen, a manera de gratitud por el puesto concedido, el elogio y la glorificación de la persona. Se empeñan en describir el maravilloso traje que viste el gobernador porque están convencidos de que verlo es cosa de talento superior. La verdad es que el común de las personas lo mira desnudo.
El discurso que el nuevo gobierno ha adoptado en torno al problema de la gobernabilidad de la entidad es claramente autoritario, nada que ver con los principios de la gobernabilidad democrática, tampoco nada que ver con las concepciones de gobernanza que han adoptado las democracias más avanzadas del mundo. Al paso que va, y si es consecuente y las circunstancias se lo permiten, terminará militarizando Michoacán para imponer ese orden sin consenso. A ese paso terminará imponiendo el estado de excepción.
Si ese es el camino que el PRD desea adoptar, si ese es el proyecto de fondo que lo inspira para realizar el gobierno 2015-2021, estaremos asistiendo al quiebre definitivo de la izquierda que este partido pretendió representar. Con tal accionar estará desmantelando los vínculos de representación que le quedaban con quienes desde diversos sectores de la sociedad han creído que los principios de igualdad, de justicia y participación son esenciales para construir una mejor sociedad. Está abandonando un espacio social que con toda seguridad otra u otras izquierdas, u otras opciones, habrán de ocupar inmediatamente. Es decir, lo que está ocurriendo no es sólo un dislate en torno al tema de Nahuatzen o la anecdótica de cómo se pretende ejercer el gobierno. En el fondo lo que está en cuestión es la idea misma de un proyecto de izquierda.
Hacer efectivo el Estado de Derecho en una entidad en donde la clase política ha sido su violadora recurrente y omisa consuetudinaria, donde la injusticia es costumbre ordinaria y la impunidad es la regla consentida, supone definitivamente crear estrategias alternativas para reconstruir consensos y para la recuperación de la confianza.
Evidentemente que el gobernador va desnudo. La política se valora por la eficacia de sus resultados. Si en menos de un mes la lista de tus amigos se ha achicado y la de tus malquerientes se ha abultado quiere decir que no existe traje que presumir. Pero, ¿la corte de su gabinete tendrá el aplomo para decírselo o tendrá que esperar a que en la calle, quienes sí tienen los ojos del sentido común para ver, le digan que no lleva traje alguno?
Proyecto y estilo deben ser revisados autocríticamente por el gabinete y el gobernador si quieren llegar salvos y sólidos a los 100 días de gobierno. El invierno que se avecina será crudo, la crisis financiera y de gobernabilidad que subsisten pueden provocar que gobernador y gabinete se colapsen ante la exigencia social acumulada de décadas, que si no se sabe atender con una visión elevada e integral de gobernabilidad, más allá del voluntarismo, del decretismo y de criterios policiacos, habrá de derivar en las recurrentes crisis de gobernabilidad que nos han caracterizado. Michoacán habrá perdido entonces una oportunidad valiosa para salir del atolladero en el que nos reconocemos.

Sobre el autor
Julio Santoyo Guerrero Estudió Filosofía en la UMSNH Docente desde 1983 Analista en medios impresos y electrónicos desde 1988 Articulista fundador de Cambio de Michoacán desde 1992.
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