Hugo Rangel Vargas
PRI: La guardia al Maximato
Sábado 24 de Octubre de 2015
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Era nada más y nada menos que la cuenta de Facebook del dirigente nacional del PRI, Manlio Fabio Beltrones, la que recordaba apenas el 19 de octubre pasado “el LXX Aniversario Luctuoso de un mexicano visionario y modernizador; Plutarco Elías Calles”, y que remataba con una cortinilla que a la letra decía: “El General Calles tuvo la intuición y el genio para diseñar y conducir la transición de México de los caudillos a las instituciones”.
Lejos parecen quedar las disputas por la exclusividad del legado del general Cárdenas que durante años sostuvo la dirigencia nacional del PRI con la del PRD, partido que fundó el hijo del michoacano. Ahora el tricolor sólo se preocupó por enaltecer en su remembranza al caudillo revolucionario de origen sonorense, que condujo a trasmano al país durante una etapa conocida como el Maximato, pese a que tanto Calles como Cárdenas fallecieron el mismo día pero de diferentes años.
Pero el fondo de esta decisión política, que sólo podría tener un carácter meramente protocolario, quedó develado en el discurso del único orador que tuvo el acto priista ya mencionado. En su mensaje, Enrique Ochoa Reza señaló que “las trece reformas estructurales promovidas por el presidente Enrique Peña Nieto, procesadas por el Pacto por México y aprobadas en el Congreso Constituyente Permanente, acreditan que la actual generación de mexicanos ha logrado lo que hace unos años parecía improbable”.
Aspirando a cortar de tajo la sombra del general Cárdenas y su herencia que se cierne como eco de una conciencia histórica que recrimina al PRI la entrega del patrimonio energético derivada de la reforma constitucional sobre la materia, la pretensión de disolver la figura del michoacano con la del sonorense utilizando el pretexto de la coincidencia histórica en la fecha de fallecimiento de ambos, es tan añeja como la intención –ahora ya lograda parcialmente– de retroceder en la rectoría del Estado sobre el petróleo y los recursos naturales.
En el libro Sobre mis pasos, Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano da cuenta de las vicisitudes que ocurrieron justo en el I Aniversario Luctuoso de su padre, el general Cárdenas. En aquel 1971, la familia del oriundo de Jiquilpan accedió a la petición del presidente Luis Echeverría de conmemorar su Aniversario Luctuoso junto al de Calles, en un mismo acto ocurrido en el Monumento a la Revolución.
En este evento, el orador oficial “dijo que las diferencias entre Calles y Cárdenas se habían borrado con la muerte de ambos en un mismo día del año, aunque con una separación de un cuarto siglo entre uno y otro”. Al cabo de ello, señala Cárdenas Solórzano, “el presidente se levantó a aplaudir; era la declaración política en la que él tenía interés. El aplauso estalló encabezado por el presidente que con marcada intención lo prolongaba”.
Desde aquel 1971, con la frescura del recuerdo del general Cárdenas aún palpitando en la memoria de muchos que lo conocieron personalmente, hasta los días presentes, el mensaje ha prevalecido en su claridad, acto con acto y decisión tras decisión de la clase política gobernante: el legado del presidente michoacano ya ha sido abandonado incluso hasta de la retórica oficial y su lugar lo han ocupado recientemente las loas a las “reformas estructurales”, conquistadas por el tesón de los intereses que, desde el primer minuto posterior a la salida de Cárdenas del poder presidencial, se frotaban las manos por recuperar su status de privilegio.
Pese a su derrota histórica, Elías Calles ha sido reanimado en su recuerdo para oponerlo al de Cárdenas en el ideario de una clase política extraviada y para pretender dotar de un símbolo a las fracasadas reformas estructurales de Enrique Peña Nieto.
Quizá de fondo se encuentra la añoranza del Maximato, época autoritaria de la vida del país en la que a la par del desprecio profundo al orden constitucional emanado del ideario de la Revolución, tuvo lugar el nacimiento del partido precursor del Revolucionario Institucional.
Muy probablemente la guardia priista al Maximato y a su gran caudillo –ahora devenido en “visionario hombre de instituciones”– también esconda la justificación inconsciente de un nuevo Maximato que la vox populi, inventora del dicho “el que manda vive enfrente”, ahora ubica en la figura de un ex presidente cuya influencia y poder son incuestionables y que recientemente ha perdido todo disimulo para regresar al jet set de la vida social y política.

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