Alma Gloria Chávez
Discriminacion
Sábado 24 de Octubre de 2015

El racismo, el clasismo y el machismo son algunas formas de la discriminación que cotidianamente se practica en México.

Gilberto Rincón Gallardo.

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Haciendo historia, “los estándares de belleza de nuestra sociedad fueron inculcados desde tiempos de la Conquista.” La absurda idea de que mientras más blanco se es, más belleza se puede tener, llega hasta nuestros días como un estigma, tanto es así que existe un gran porcentaje de personas que se aclaran el pelo y, si pueden, también la piel, en un esfuerzo por negar sus antecedentes indígenas.
Cotidianamente, el trato hacia las personas es variable y se da de manera casi inconsciente. En muchos sitios, a quien tiene esa apariencia de gente “nice”, se le da una mejor atención. Los güeros reciben mejor trato que los morenos, hasta en las escuelas. Anteriormente se daba preferencia al modelo español, hoy es el norteamericano (o anglosajón) el que se presenta como de “raza superior”.
Aunque duela, hay que reconocer el menosprecio histórico hacia los indígenas y su constante explotación no sólo en las ciudades. Esto da como resultado la gran división que existe en la sociedad mexicana, colocándonos entre los países que más discriminan… en el mundo. Aunque no utilicemos la palabra racismo, en los hechos lo llevamos a la práctica, utilizando discriminación verbal en un buen porcentaje de las frases dirigidas al otro o a la otra: voces peyorativas como “maricón”, “no seas indio”, “eres una igualada”, “chusma” o “naco”, siempre son hirientes porque discriminan.
La discriminación se define como “todo aquel acto basado en prejuicios, convicciones u omisiones relacionadas con el sexo, raza, pertenencia étnica, color de piel, nacionalidad, lengua, religión, creencias políticas, origen y condición social y económica, estado civil, estado de salud, trabajo o profesión, carácter físico, embarazo, edad, orientación sexual, discapacidad física, intelectual o sensorial o una combinación de estos y otros atributos, que genere injustamente la anulación, el menoscabo o la restricción del reconocimiento, goce o ejercicio de los derechos humanos, las libertades fundamentales y la igualdad real de oportunidades de las personas.
En México, muy recientemente, apenas desde 2010 y gracias al trabajo desarrollado por el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred), el gobierno federal publicó un decreto que instituye al 19 de octubre como Día Nacional contra la Discriminación, aunque el presidente en turno ha admitido que México aún mantiene una “deuda histórica con los pueblos indios”, los cuales exigen a los gobiernos respeto, derechos y respuestas claras. La fecha establecida, hay que tenerlo presente, coincide con el aniversario de la abolición de la esclavitud en el país.
La discriminación implica una afectación real a la vida y a la dignidad de las personas que la viven. Desgraciadamente, muchos publicistas que trabajan para medios de comunicación, especialmente para la televisión, utilizan un estereotipo de piel blanca con cuerpos delgados y altos que se presentan como poseedores del éxito, que en anuncios y telenovelas nos muestran una clase privilegiada a la que hay que aspirar: si se es blanco, se tiene dinero; si vemos rostros morenos e indígenas es porque se habla de pobreza.
México sigue siendo tierra de grandes contrastes en lo cultural y en lo social. Por un lado, el territorio es poseedor de culturas milenarias y vastas riquezas naturales; por otro, tenemos vergonzosos rezagos, precisamente entre los pueblos originarios. Aunque ya no tenemos leyes escritas que discriminen, como en épocas contemporáneas las tuvo Sudáfrica con el Apartheid, sí se llegan a considerar ciudadanos de primera y de segunda y no se han logrado erradicar las ideas machistas que discriminan a la mujer en todos los ámbitos. De ahí que resulte válida la aseveración de que en México, ser mujer, ser indígena y ser pobre sea la peor de las condiciones.
Podemos ser sujetos de actos discriminatorios tanto en el ámbito privado, dentro del núcleo familiar, en la relación de pareja, entre las amistades o entre compañeros de trabajo, así como en el ámbito público: dentro de las esferas política, económica, social, cultural o civil. Las prácticas discriminatorias son comunes en distintos espacios públicos, como en el Sector Salud. Por ejemplo, cuando en una institución de salud te niegan información sobre la planificación familiar porque eres adolescente o tienes algún tipo de discapacidad.
También en la esfera laboral son frecuentes los actos discriminatorios: cuando no te contratan porque eres mayor de 35 años o si estás casada, o si estás divorciada, si eres mujer; o si eres hombre, porque usas el cabello largo o por algún otro rasgo de tu apariencia personal. Y entre compañeros/as de trabajo, no se diga: cualquier pretexto es bueno para que más de uno/a te discrimine de alguna manera. En el ámbito de la educación es frecuente que si tienes alguna disminución intelectual o no hablas “correctamente” el español obstaculicen tu desarrollo educativo. Existe la discriminación en la administración de justicia, cuando por ejemplo, tienes problemas auditivos o eres indígena y no te proporcionan los servicios de un traductor, o cuando eres una mujer que ha sufrido abuso sexual y al denunciarlo las autoridades cuestionan la veracidad de los hechos.
La falta de respeto es una de las expresiones que deja clara la diferencia: se humilla a quienes desempeñan tareas sencillas como barrer las calles, servir alimentos en restaurantes, lavar vehículos, realizar tareas del hogar, etcétera. El desprecio al o a la otra por cualquier motivo o prejuicio está muy generalizado y se presenta ante la más ligera diferencia entre dos personas. Y por otro lado, el paternalismo, las miradas condescendientes, la conmiseración piadosa, las acciones caritativas y la lástima no hacen sino reforzar y confirmar la idea de diferencia: el clasismo caritativo sigue siendo discriminación.
Quienes se especializan en el tema de discriminación hablan de que el racismo, el elitismo, el clasismo, la inequidad, la marginación, la intolerancia o el desprecio, son nombres todos del mismo problema: un complejo de inferioridad subyacente. Si no lo llegamos a entender, contribuiremos a promover la discriminación.

Sobre el autor
Alma Gloria Chávez Castillo. Oriunda de Pátzcuaro, realizó estudios formales en el lugar. Por interés personal complementó su formación con actividades artísticas como la pintura, la danza, el teatro y la pantomima. Su vocación de servicio le ha llevado a promover o insertarse en espacios culturales orientados a niños/as y jóvenes. Ha sido colaboradora fraterna con organizaciones indígenas de la región a través de espacios radiofónicos y prensa escrita. Promotora de lectura y cuenta-cuentos, fundadora y activista de grupos de mujeres, vive anhelando una sociedad libre de violencia.
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