Gilberto Vivanco González
Vivilladas
Normalistas, mesura y prudencia
Viernes 23 de Octubre de 2015
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Pareciera el cuento de nunca acabar con las demandas de los estudiantes normalistas; cada año sus exigencias se convierten en un verdadero caos para la población, situación que a la larga les ha redituado, pero hoy en día los pone en más riesgo que nunca, y no hacemos referencia a sólo una situación legal o judicial, sino al rechazo de la población, quien vive en carne propia las consecuencias de sus demandas, que por muy válidas que sean, o por muy obligados que se sientan o los orillen, dan armas al gobierno y a ciertos grupos sociales y empresariales para que los rechacen o los cataloguen de vándalos.
Deben recordar los futuros profesores que la campaña que está realizando el gobierno federal con todos sus aliados, en varias direcciones, orilla a ser más sensatos e inteligentes en sus estrategias de lucha, porque si durante años los medios masivos de comunicación se han caracterizado por ser aparatos ideológicos del Estado, en los tiempos que estamos sorteando no sólo son aparatos que se manejan a condicionantes del gobierno, hoy son verdaderos cómplices de ellos. Es verdad que desesperan, provocan problemas económicos, que orillan a negocios incluso a la quiebra, que desquician la red de comunicaciones, que toman carreteras y oficinas gubernamentales, que han caído en el error de saquear camionetas con productos comerciales, que pintan edificios, secuestran autobuses y otros tipos de automotores, todo ello es una realidad; pueden ser una total pesadilla pero ya no deben caer en desafíos que, en lugar de propiciarles adeptos, les otorgan repudio generalizado. Insistimos muchas de sus actitudes tienen que ver con lo que el gobierna orilla por su falta de acción, de atención o de descuido en que tienen dichos centros educativos, aunque en el discurso digan lo contrario, aunque en el discurso presuman que están a favor de promover e impulsar el normalismo, todo es mentira porque las orientaciones de la reforma y de los hechos todo indica que apunta a su desaparición.
La situación no es sencilla, deberá hacerse todo un esquema de orientación e información para que la gente lo comprenda, para que tampoco se crea el pueblo que lo importante es la educación de los niños tal y como lo pregona la SEP, con su candidato presidencial Aurelio Nuño, si en verdad les importara la preparación de los niños ¿por qué en las nuevas leyes se autoriza que cualquier profesionista, sea de la carrera que sea, nos referimos a agrónomo, a contador, a licenciado en Derecho, a dentista, a médico cirujano, a ingeniero civil, se le permita hacer examen para ser maestro de educación primaria, secundaria o hasta de kínder?, ¿que ellos tendrán las competencias y orientaciones pedagógicas, psicológicas, filosóficas o didácticas que se requieren para ser docentes, entre otros rasgos de un perfil de egreso? En otro sentido, ¿cómo van a impulsar el normalismo si buscan por todos los medios desaparecer las instituciones educativas de esa magnitud, instituciones que tienen toda una historia y que tienen como exprofeso la formación de los maestros?
Vamos a hacer un reto: que los maestros o cualquier otro profesionista apliquen un examen, esos de tin marín de do pingué, o sea con cuatro opciones de respuesta como lo plantean hacer para el concurso de plazas magisteriales, para que ellos, sin tener estudios específicos de médicos, dentistas o enfermeras sí reúnen las palomitas que requieren se desempeñen en el Seguro Social, en el ISSSTE, por decir algo. Para todo hay perfiles adecuados, hay conocimientos, hay formación, luego entonces, ¿por qué permitir que cualquier profesionista, más con los miles y miles de desempleados sean contratados como maestros? ¿Qué no será gran desventaja que los estudiantes de las Normales hagan concurso para una plaza entre miles de otros personajes con carreras muy diferentes y que pueden atinarle a los reactivos con la respuesta correcta?
Las autoridades han denostado a las escuelas Normales porque se han convertido en semilleros de líderes pedagógicos y sociales, en semilleros de gente pensante, de ahí que ha existido la desaparición de más de la mitad de instituciones normalistas que existían en México, no se esfumaron por baja calidad, sino porque han encarado al sistema político en diferentes tiempos y circunstancias.
Los estudiantes de las escuelas Normales deben luchar por lo que históricamente y por formación les corresponde, deben luchar por el financiamiento a las instituciones formadoras de maestros, por planes de estudio acordes a la realidad, por el respeto y la dignidad de los docentes, porque en un futuro representarán dicho gremio, que luchen por todo ello, incluso por las condiciones sociales tan deprimentes que se viven en este país tan maravilloso , tan rico, pero tan saqueado y corrompido; que combatan por todo ello pero que modifiquen su forma de lucha, que no provoquen al gobierno ni saqueen a la sociedad, que no se cubran el rostro porque batallan por algo digno, pero que no trasgredan la ley; no provoquen a Silvano Aureoles porque ya prometió castigo y cero tolerancia, y así como anhela quedar bien con la Federación para que le pongan palomita en su contienda por la Presidencia de la República, es muy probable que caiga en los excesos y luego entonces el estado se le caiga en pedazos; por ello Aureoles Conejo debe también ser prudente y sensato. Michoacán requiere otro tipo de batalla, un tipo de lucha más reflexiva, más audaz y con menos agresión hacia la propia sociedad. El normalismo debe seguir existiendo, no le den al gobierno y a ciertos grupos empresariales armas para justificar su desaparición. Recordemos que a los jóvenes se les debe orientar, no reprimir.

Sobre el autor
Nació en Zinapécuaro Michoacán (1961) Profesor de Educación primaria (E.N.V.F.); Licenciado en Ciencias Naturales (E.N.S.M.); Maestría en Investigación Educativa y Docencia Superior (IMCED). Excatedrático y exdirector de la Normal Rural de Tiripetío; Ex director y excatedrático de la Escuela Normal Urbana Federal, catedrático del IMCED. Diplomado en Administración de Escuelas Superiores (IPN)
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