Julio Santoyo Guerrero
Voluntarismo y gobernabilidad
Lunes 19 de Octubre de 2015
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La reciente historia de Michoacán incluye la obligada crónica de su difícil gobernabilidad. Pero hasta ahora, parece ser, no ha habido partido ni político gobernante que le haya encontrado alternativa exitosa. Sexenio tras sexenio, año tras año, el fenómeno perdura y hasta se agudiza. Es una realidad con la que hemos vivido los michoacanos las últimas décadas.
Las políticas de gobernabilidad que hasta ahora se han venido aplicando sólo han atendido la expresión más pública del fenómeno: negociar frente a una marcha, una toma, un bloqueo, un pliego de peticiones, una revuelta popular, y administrar, aguantar y esperar a que la tensión se diluya o se enmascare con otro problema.
Las causas profundas del fenómeno, sin embargo, no han sido atendidas. Las malas administraciones gubernamentales, los rezagos en servicios, la pobreza de la población en la ciudad y el campo, la persistente inseguridad, la escasa transparencia gubernamental, la falta de empleos, los empleos mal pagados, la carencia de oportunidades para los jóvenes, la insatisfacción con los resultados que ofrecen todos los ámbitos de gobierno, la corrupción, la distancia entre gobierno y sociedad, el pésimo desempeño del sistema de justicia, el descrédito de los políticos, están ahí en la parte más profunda de la inconformidad michoacana.
La gobernabilidad no es un bien político abstracto que se obtenga por decreto, es el resultado de la acción del bien gobernar, y el bien gobernar significa entre otras cosas responder a las necesidades de los gobernados. Así que se debe tener una lectura muy precisa de la realidad social y política y actuar sobre ella. Es difícil la gobernabilidad cuando tienes un pueblo con hambre y una minoría enriquecida, es complicado que el gobierno logre una real estabilidad entre dos realidades tan opuestas. El poder político nunca es ajeno a los poderes efectivos del dinero.
En Michoacán, el origen de su difícil gobernabilidad tiene que ver con esas causas económicas y sociales. Tratar de ver el fenómeno como el resultado de aviesas conspiraciones de grupos o personas es partir de una muy mala lectura que ha llevado y puede llevar a que el fenómeno se recrudezca.
La gobernabilidad de Michoacán no es un asunto del voluntarismo. Es un asunto más profundo, de ir a todas esas causas, entenderlas, asumirlas y aplicar políticas públicas, y desde ahí gobernar con los michoacanos para mejorar sus condiciones de vida.
Pero la gobernabilidad para que sea perdurable, sostenible y sustentable debe ser asumida en sus valores no sólo por quienes ejercen el gobierno sino necesariamente por la sociedad. La corresponsabilidad social en todos los ámbitos en los cuales cala el rezago es de gran importancia pues las posibilidades de la estabilidad y la convivencia política las estarán otorgando no sólo los actores gubernamentales sino los diversos actores sociales, incluso más allá del partido político gobernante.
El nuevo gobierno michoacano tiene la oportunidad aún de cambiar la estrategia en la construcción de gobernabilidad. En lugar de la visión decretista que suele predominar para imponer la gobernabilidad puede iniciar un proceso de construcción de gobernanza, desde abajo, con los actores sociales, reconociendo y asumiendo la problemática ancestral que se ha empozado en la realidad estatal y construyendo de manera común políticas públicas para atenderlas en el corto y en el largo plazo. Es decir, estableciendo una alianza prioritaria con la sociedad michoacana y sus sentires.
El voluntarismo como estrategia de gobernabilidad es una apuesta muy delicada y con pocas posibilidades de éxito. El juego de las vencidas, como instrumento de gobernabilidad, es un juego extremadamente azaroso e impredecible. Puede terminar revirtiéndose y quedar donde se ha estado siempre o retroceder incluso más atrás.

Sobre el autor
Julio Santoyo Guerrero Estudió Filosofía en la UMSNH Docente desde 1983 Analista en medios impresos y electrónicos desde 1988 Articulista fundador de Cambio de Michoacán desde 1992.
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