Julio Santoyo Guerrero
Silvano y el recurso de la política
Lunes 28 de Septiembre de 2015
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Esta semana concluyen las especulaciones. No es lo mismo hablar del gobierno como promesa que del gobierno como acto. Una cosa es la campaña sobre el gobierno que aún no es y otra muy distinta la acción de gobernar. Esto lo sabe perfectamente el gobernador electo. Y sabe que el 1º de octubre, en la forma y fondo de la toma de protesta, presentación de su gabinete y mensaje a los michoacanos, estará ejecutando su primer acto de gobierno.
O las expectativas se mantienen y alientan un bono de confianza o el horizonte se torna gris y los optimismos se derrumban. Todo dependerá de quiénes haya decidido que serán los hombres y mujeres del gobernador y de la claridad del discurso de apertura de la nueva administración. Al respecto no habrá en el juicio público, como dice la canción de José Alfredo, término medio, o será bueno o será malo. La dura experiencia de los michoacanos anticipa, como lo ha sido ante los gobiernos precedentes y el ex comisionado Castillo, una elevada exigencia.
Silvano Aureoles sabe, porque lo ha reconocido en diversos momentos, que el estado que gobernará está atravesando por una de las más severas crisis de las que se tenga memoria. Sabe que está distante la victoria contra la delincuencia organizada, sabe que las instituciones continúan siendo débiles y que el Estado de Derecho no es el estado regular en estas tierras, sabe que la gobernabilidad es una especie en peligro de extinción y que los conflictos sociales, por pequeños que sean, rebasan fácilmente los canales de encauzamiento legal y político; sabe, como ocurre en el resto del país, que la confianza ciudadana en sus gobernantes es de alta volatilidad y la poca que se tiene se puede perder rápidamente con una mala decisión o por omisión.
La tarea de gobernar Michoacán el sexenio por inaugurarse será en extremo demandante. Llegado a su escritorio el gobernador encontrará en sus cajones, como se lo anticiparon, solamente facturas que debe pagar y ningún centavo en la chequera. Un gobierno sin dinero casi no es gobierno y las arcas federales no necesariamente estarán a su disposición porque no pueden estarlo para salvar las crisis financieras de más de una decena de entidades que igual reclaman un trato extraordinario y benevolente.
Por dónde empezar tiene que ser la pregunta que atormenta a Silvano si se quiere ver con un destino glorioso al final de su mandato y no en la ruina de sus inmediatos predecesores. Por dónde empezar frente al nudo gordiano que representa la realidad michoacana cuando no se ve la punta de la soga por ningún lado y sabiendo que la salida no es cortar el nudo de un espadazo.
Lo único cierto para el nuevo gobernador es que tiene un estado en condición de crisis generalizada y que además no tiene dinero para emprender una reconstrucción vigorosa y a cargo del erario público mientras los michoacanos esperan, vigilantes, demasiado de él.
Sin recursos financieros, al emergente gobierno de Silvano sólo le queda un recurso –valioso eso sí– el recurso de la buena política. Sin embargo, para hacer efectivo este bien deberá convencerse primero que quienes lo acompañarán en su gabinete deben ser hombres y mujeres con alto perfil político para que con ellos se aliente la competencia por la buena política, la que dé resultados, la que estimule la eficiencia y la eficacia, la que vincule al gobierno con la sociedad, la que recupere la confianza y la cooperación para la gobernabilidad.
El nuevo gobierno deberá hacer mucha política para reconstruir instituciones para crear, ahondar y extender su liderazgo social, para desatar movimientos participativos que contribuyan a la atención de los graves problemas que tienen herido a Michoacán. Sin el recurso de la buena política -esa que se reconoce por su sensibilidad humanitaria- que genere el criterio de que la alianza prioritaria del gobierno debe ser con la sociedad y los sectores vulnerables, el nuevo gobierno no podrá siquiera asegurar su popularidad después de 100 días.
Llegó la hora de los hechos. Serán las decisiones las que hablen por el nuevo gobierno. Ojalá y sean buenas decisiones, por el bien de Michoacán.

Sobre el autor
Julio Santoyo Guerrero Estudió Filosofía en la UMSNH Docente desde 1983 Analista en medios impresos y electrónicos desde 1988 Articulista fundador de Cambio de Michoacán desde 1992.
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