Rubí de María Gómez Campos
Meditaciones posmodernas
Las mujeres y el arte
Viernes 13 de Febrero de 2009
A- A A+

Hace algunos días llamó mi atención un artículo sobre música que comenzaba diciendo algo como: “Ya que últimamente no hay ningún evento importante sobre música, se me ocurrió escribir sobre las mujeres de los músicos”. Es ésta una expresión que refleja la idea bastante generalizada de que las mujeres son un tema menor. Los temas “realmente importantes” como la música o el arte en general, la política, la ciencia, la filosofía y la religión, o hasta el deporte, son concebidos abstractamente, sin referencia alguna con la diferencia sexual que está en su base, como si fueran objetivamente masculinos y por ende representativos de la plena neutralidad.
Esto nos lleva a preguntarnos si efectivamente el campo del arte, como todos los otros, es un espacio verdaderamente neutral. En relación con la designación masculina de las fechas a celebrar, actualmente se supone que en cada fecha celebramos o conmemoramos a los dos sexos, a pesar de que lingüísticamente sigamos usando referentes gramaticales que estrictamente designan al género masculino (como el Día del Maestro, el Día del Niño, el “día de los novios”; que, con buena fe, suponemos que se refieren a ambos sexos: las maestras y los maestros, las niñas y los niños, las novias y los novios, etcétera).
Pero entonces ¿qué se supone que deberíamos haber entendido antes del largo proceso de revolución cultural que transformó (y continúa transformando hasta que el pretendido objetivo de igualdad sea realidad) las relaciones de desigualdad extrema, en las que la jerarquía entre los hombres y las mujeres era lo que privaba de forma más ostensible en nuestra realidad social? Cuando sin ningún reparo se celebraba el Día del Maestro ¿qué queríamos decir? ¿Celebrábamos al docente varón (que era el único que contaba) o nos referíamos más bien al varón que sobre representa lingüísticamente a todas y a todos los docentes, a través de un término (invisibilizador para las mujeres o) masculinamente integrador?
Es notable el hecho ya señalado por otras estudiosas del tema del lenguaje acerca de cómo en este nivel se expresan de manera sutil las formas más profundas de la desigualdad sexual. En el caso que comentamos al inicio de esta reflexión, es evidente la buena intención, y la manifiesta erudición del articulista no está en cuestión. Pero lo más significativo en relación con el tema de las mujeres en el arte es su marcada ausencia en este campo y en el de la música en particular. El de la música ha sido, como algunos otros, un ámbito casi exclusivo de expresión del varón.
Más allá de ser reconocidas como esposas, musas inspiradoras o amantes secretas de los grandes músicos, ante la prohibición tácita de formar parte del espíritu musical del mundo las mujeres músicas y todas las artistas en general tuvieron que disfrazar sus aptitudes creadoras, con el único objetivo de poder crear. Algunas de éstas aún desconocidas y desvaloradas mujeres tuvieron que sustraer su talento del mundo y ocultarlo detrás de los recurrentes pseudónimos, o bien hasta donarlos a la figura de algún santo varón. Fanny Mendelson, por ejemplo, hermana del conocido autor, tuvo que publicar sus obras a nombre de su hermano. Y es también relevante el hecho de que todavía tengamos que aclarar el significado del término música, cuando tratamos de designar con él a alguna artista mujer.
Con todo, debo aclarar que no estoy criticando la nota de referencia ni a su articulista. Simplemente señalo la imposibilidad inconsciente o los límites que el lenguaje nos impone para lograr expresar con justicia la relación que las mujeres y los hombres mantienen con el mundo para poderlo expresar. La sobre-representación que lo masculino hace de los dos sexos y que se expresa a través del lenguaje en el uso masculinizante de la diferencia sexual, plantea al menos dos problemas. No es sólo el hecho injusto de suyo de que en la homonimia que existe entre el término hombre (con minúscula) designando al varón y el término Hombre (con mayúscula) significando a la humanidad, los varones representen a toda la humanidad; sino además el hecho más grave de que la propia humanidad se reduzca a ser representada sólo por los varones.
Finalmente, a mí también se me ha ocurrido que la ausencia de las mujeres en el mundo del arte es un tema digno de reflexionar. En este sentido y ampliando mi análisis de la música al arte en general, quiero recordar y darles un lugar de honor a todas las mujeres artistas que silenciosa y discreta, anónimamente casi, pueblan hoy (como siempre) los pasillos de las escuelas de arte sin llegar casi nunca a las salas del museo. Quiero escribir a aquellas que aún dudan entre llamarse a sí mismas poetas (con la esperanza de ser reconocidas bajo los parámetros masculinos de la designación del arte), o decidirse por poetisas, con el fin de resaltar su condición de mujer a riesgo de ser desvalorada como artista (como si hubiera de suyo una contradicción entre el hecho de ser mujer y ser artista). Debo escribir por aquellas que siguen debatiéndose entre las limitaciones visibles y las trabas invisibles por las que, a pesar de todo (además de las usuales dificultades que enfrentan los artistas varones), ellas logran casi milagrosamente crear, aunque la mayoría de las veces sea sólo para ellas mismas.
Evangelina Abonce es una de estas esforzadas artistas michoacanas poco reconocidas, quien -desde hace doce años y desde el relativamente marginal Jardín de las Rosas- a través de su pintura es capaz de expresar, con exquisita sensibilidad y en una clara identificación libre con su propio sentido de la feminidad, un horizonte abierto, amplio y profundo no sólo para caminar las mujeres, sino (como el buen arte) para hacer avanzar a toda la humanidad…

Sobre el autor
Comentarios
Columnas recientes

La Universidad Michoacana y la cuarta transformación

Aborto y humanidad

La cuarta república y la educación superior.

Política contra lodo en Michoacán

Madre Matria

La lógica del arribismo

Las mujeres en el primer debate

Sexualidad y destino…

La vida plena sigue

Género, amor y educación

Paternidad y masculinidad

Solidaridad social y creatividad

Violencia de género y prostitución

Límites de la comunicación

¿De quién son las instituciones?

Diferencia sexual y progreso civilizatorio.

Un aporte académico ante la violencia

Violencia y masculinidad

El peor de los pecados

México está de luto...

La lucha por la verdad: Yo soy 132

Valores

Mortalidad materna

Las muertes chiquitas

El encanto de un burka

Sororidad (II)

Sororidad (I)

La esclavitud del siglo XXI

Silencio cómplice

Sensatez legislativa

Certificación de la obscenidad

Sexo y democracia

Acción, discurso y pensamiento

Políticas de género y gestión transversal

Más panist… perdón, “más papistas que el Papa”

El gusto por el no

Tragedia y voluntad

Derechos humanos y Estado democrático

El valor de la eficiencia… poética

El verdadero peligro para México

El sentido presente de la historia

La tragedia de ser michoacano en el siglo XXI

Mujerismo = Retroceso

Cultura del miedo y (des)confianza en las instituciones

Anular el voto o no anularlo... he ahí el dilema

En Michoacán, ni un voto al PAN

Nueve años de barbarie

Embrollo y experiencia

El mundo al revés

El mundo al revés

El virus de la ineficiencia

Contra la demanda de prostitución (II)

Contra la demanda y la legalización de la prostitución (I)

«Durmiendo con el enemigo»

Fábula de la esperanza en rebeldía

Mujeres sabias: entre la teoría y la práctica

Las mujeres y el arte

El trámite más inútil

El negocio insano de la religión

Mientras tengamos zapatos…

La (i)rracionalidad económica y el espíritu de Navidad

Amor y autonomía

Simone Weil y la pasión por la filosofía

Autorreflexión y formación filosófico-feminista

Violencia de género e institucional

La capital mundial de la belleza

El cuento interminable del eurocentrismo

Violación y política

La cultura de hacer cultura

¡Oh la la, París!

La dialéctica del amor

2 de octubre, no se olvida

¡Mi cuerpo es mío!

¿Qué fue lo que pasó?

La dominación del cuerpo de las mujeres

Un corazón que late…

Vulnerados y vulneradores

Contra la homofobia en Michoacán

Feminización del trabajo y explotación

Miss Universo… y algo más

Avatares de una feminista en el siglo XXI