Julio Santoyo Guerrero
Días de mea máxima culpa
Lunes 21 de Septiembre de 2015
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Por poco y el 26 de septiembre no figura en el calendario de los días cívicos de guardar. La \"verdad histórica\" de la PGR, que hasta hace algunas semanas se sostenía como la explicación consistente de lo ocurrido con los jóvenes de Ayotzinapa, perdió credibilidad ante el informe de la CIDH y el tema regresó con fuerza inusitada ante la opinión pública nacional e internacional. Si \"la verdad histórica\" hubiese prevalecido el tema habría seguido la ruta que siguen los temas críticos del país que no encuentran solución: la subestimación y el olvido.
Ya es un ritual más o menos protocolizado en el país que las legislaturas decreten algún día para conmemorar, honrar o hacer conciencia sobre algún problema que escapa a la atención eficiente de las instituciones gubernamentales. Por ejemplo, ante la exigencia histórica de castigo a los responsables de la masacre en Tlatelolco el 2 de octubre de 1968, las instituciones ni esclarecieron ni castigaron pero llevaron al calendario cívico, por decreto, que en esta fecha se celebrara el Día Nacional de la Democracia.
En México se celebra el Día del Árbol cada segundo jueves del mes de julio y, sin embargo, cada año perdemos 155 mil hectáreas de bosques a pesar de que tenemos una secretaría, procuradurías y leyes que deben protegerlos. Es decir, son un fracaso absoluto, pero en el colmo de los absurdos, celebramos con estridencia mediática el Día del Árbol como si bastara un día para recuperar nuestros bosques y revertir la tragedia ecológica.
El 30 de abril celebramos el Día del Niño pero los reportes del Inegi nos siguen indicando que ellos son uno de los sectores más vulnerables ante amenazas como el hambre, la explotación laboral, el acoso sexual, la exclusión, la violencia y las enfermedades. Tenemos instituciones creadas para proteger a los infantes, sin embargo, los resultados nos indican que fallan. Y cuando ocurren tragedias como la de la Guardería ABC la justicia es lentísima, confusa y omisa. Pero tenemos un Día del Niño.
El 7 de junio celebramos el Día de la Libertad de Expresión, pero México es uno de los países donde ejercerla es un riesgo de muerte. En el discurso, quienes ejercen el poder económico y político hacen apología de la libertad de expresión y se rasgan las vestiduras ante su mención, pero en los hechos se persigue, se mata y se excluye a quienes hacen periodismo libre y de investigación.
A raíz de los terribles atentados terroristas perpetrados por el crimen organizado la noche del 15 de septiembre de 2008 en Morelia, el gobierno estatal decretó un día de luto y los legisladores se comprometieron a ayudar a los familiares de las víctimas. Hicieron del tema un asunto mediáticamente rentable, tan pronto el paso del tiempo desgastó la memoria las víctimas fueron olvidadas. Sólo queda el vacío ritual de ofrendar coronas y discursos para hacer memoria de tan fatídica fecha. Los deudos están en el olvido y no hay culpables en la cárcel.
El 19 de septiembre se celebra el Día Nacional de la Protección Civil en memoria del terremoto de 1985 que desnudó la corrupción de constructoras y autoridades, y sin embargo eso no ha impedido que se siga edificando en zonas de riesgo y con materiales frágiles, gracias a la corrupción rampante en las instituciones responsables de regularlas.
Una de las primeras tareas legislativas que asumieron los nuevos diputados en San Lázaro fue, a propuesta del PRI, decretar para que el 26 de septiembre sea el Día Nacional contra las Desapariciones Forzadas. A falta de claridad, de eficiencia de las instituciones de justicia, se ofrece a la sociedad y a los deudos el ritual de mea máxima culpa (por mi gran culpa) como medio de absolución al pecado de la ineptitud y la corrupción.
Realmente lo que necesita el Estado mexicano son leyes, políticas y liderazgos que anulen toda impunidad, que con celeridad y claridad lleven a la cárcel a los responsables de lo que ocurrió en Iguala, que garanticen además que nunca más deberá ocurrir otra tragedia así. Mientras la Cámara aprobaba el decreto la PGR anunciaba la detención de El Gil, uno de los criminales implicados y se daba a conocer la siguiente tragicomedia: el delincuente gozaba de la protección de la Policía, es decir, nada ha cambiado en la región.
¿De qué nos sirve a los mexicanos llenar nuestro calendario cívico con celebraciones de mea culpa cuando de lo que se trata es de actuaciones contundentes para hacer efectiva la justicia y las leyes?

Sobre el autor
Julio Santoyo Guerrero Estudió Filosofía en la UMSNH Docente desde 1983 Analista en medios impresos y electrónicos desde 1988 Articulista fundador de Cambio de Michoacán desde 1992.
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