Julio Santoyo Guerrero
El paso decisivo
Lunes 14 de Septiembre de 2015
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Parece un lugar común referirse a la condición crítica de Michoacán. Se ha hablado tanto de ella que hemos terminado por conjurar su gravedad, y como el panteonero y el socorrista nos hemos acostumbrado a vivir junto a la muerte y junto al riesgo. Hace años que las noticias con las que desayunamos siempre han sido peores y ya no sabemos si son más detestables las de ayer o las de hoy. Los malos días son los días de Michoacán, y entre los malos días buscamos, con lo que nos queda de esperanza, que alguno sea menos malo.
La elección del 7 de junio fue uno de esos días. La creencia de que la democracia electoral puede ser la puerta al cambio alentó el frío optimismo de los michoacanos. Ese ritual cosmogónico, heredado de nuestras culturas originarias y también la occidental, de asistir a la muerte para iniciar lo nuevo, se activó todavía para alimentar la ensoñación del cambio. Los ciudadanos fueron a las urnas tratando de terminar con una época y queriendo contribuir a la transformación.
Las mayorías en Michoacán quieren el cambio; muy pocos, contados, desean la continuidad de la pesadilla. Los políticos que participaron en el proceso electoral entendieron desde siempre esta exigencia social, por esa razón sus lemas de campaña aludían al cambio, a la ruptura con el pasado. Agitaron, hicieron propaganda en favor de la esperanza. Casi se podía formar un programa único con todos los aspirantes en torno a la esperanza y el fin de los malos tiempos.
Queremos creer que los días que corren hacia el 30 de septiembre son los últimos días de la pesadilla. Es el fin de una época, se dice. Habrá de comenzar otra, se dice, a secas. Los ojos de todo Michoacán están puestos en su gobernador electo. El peso de tantas miradas ha de ser abrumador. Son millones los que esperan el paso decisivo con el que ingresará a la sala de gobernadores y a su despacho para tomar las decisiones que cambiarán y alumbrarán a Michoacán o lo dejarán donde mismo, en la rutina que ya nos es tan familiar.
El paso decisivo es tal que debe darse con aplomo, reciedumbre, pero ante todo, con una gran visión de Estado. Son de tal magnitud y complejidad los problemas de Michoacán que el gobernador electo no puede más que rodearse de excelentes perfiles y trayectorias de hombres y mujeres plurales, reconocidos por su honestidad.
A un gran equipo de trabajo le precedería obligadamente una gran visión de un Michoacán transformado justo en los campos donde la pesadilla angustia a los ciudadanos. El 1º de octubre no sólo se espera la presentación de un gabinete a la estatura de la tragedia michoacana, ajeno a los artífices de la tragedia, también las líneas básicas de un gran programa para poner a Michoacán en el camino para salir del atolladero.
El primer paso no lo puede dar torcido el gobernador electo. Si en el primero falla, la designación de su gabinete, habrá saltado al vacío. Es tal la tempestad michoacana y tan a flor de piel el escepticismo público que puede agotar rápidamente su capital político y ser tragado por los demonios de la tragedia michoacana. La historia de cuatro personajes derrumbados en breve tiempo lo deben alarmar, la del ex gobernador Fausto Vallejo, la del ex gobernador Jesús Reyna, la del ex comisionado Alfredo Castillo y la del gobernador Salvador Jara Guerrero. Considérese que en muchos aspectos la administración que recibirá el gobernador electo está en peores condiciones que como la recibieron sus antecesores, y la vida económica, política y social del estado no ha mejorado gran cosa.
El gabinete y el discurso que se anuncien el 1º de octubre serán suficientes para atisbar la calidad de gobierno que tendremos y el destino inmediato de Michoacán. Esperemos, para bien de Michoacán, que sea un buen gabinete y un buen proyecto de transformación. Lo contrario sería una tragedia, la tragedia nuestra de todos los días.
El paso decisivo, ese que dan a solas, frente a su conciencia y a su responsabilidad histórica los gobernantes, tendrá en el momento actual la gravedad de la crisis michoacana. No tendrá más opciones frente al juicio público, o lo aclamarán o lo repudiarán, o es el comienzo o es el final.

Sobre el autor
Julio Santoyo Guerrero Estudió Filosofía en la UMSNH Docente desde 1983 Analista en medios impresos y electrónicos desde 1988 Articulista fundador de Cambio de Michoacán desde 1992.
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