Hugo Rangel Vargas
Presupuesto base cero: pretextando eficiencia
Viernes 11 de Septiembre de 2015
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En últimas fechas se ha vuelto un lugar común en la retórica oficial el concepto del presupuesto base cero, mismo que ha sido extrapolado de la administración gerencial y que en los años 60 fue acabado en su modelación por Peter A. Pyhrr.
El elemento sustantivo que subyace en este concepto es que la formulación de los presupuestos de una entidad debe construirse como si se tratase del primer Ejercicio Fiscal y sin tomar en cuenta datos históricos. Esto permitiría establecer parámetros sobre presupuestos para la consecución de resultados deseados, romper inercias, evaluar logros y reasignar recursos con relativa flexibilidad.
La metodología base cero, según el secretario de Hacienda, sirvió de marco para la construcción de la propuesta de Presupuesto de Egresos de la Federación que fue presentada en días pasados para su discusión a la Cámara de Diputados. No obstante lo novedoso del concepto, éste más bien parece ser el elemento articulador que justifica recortes presupuestales a ciertas áreas del gasto público sobre las que ya habían venido ocurriendo reducciones inerciales.
En primera instancia, los márgenes de maniobra para la reingeniería del gasto público en el país y su reajuste con base cero están acotados por una serie de erogaciones y compromisos que la Federación ya tiene contraídos.
El primero de ellos es el gasto corriente, del que el principal concepto es pago de servicios personales, al cual se destina prácticamente el 30 por ciento del gasto público federal. De pretender reducir este concepto de gasto, Hacienda debería presentar un programa de liquidaciones o recorte de personal o de sueldos a altos funcionarios, situación que no ha ocurrido.
Un segundo rubro se encuentra en las transferencias hacia estados y municipios al que según el presupuesto presentado por Hacienda, para 2016 se destinarán poco más de un billón y medio de pesos, mismos que equivaldrían a casi la tercera parte del gasto total contemplado.
Otro compromiso de la Federación se encuentra en el pago del servicio de la deuda pública, misma que en la presente administración ha mostrado tasas de crecimiento históricas; obligaciones de las que, por cierto, no puede sustraerse la Federación y que en 2015 representarán casi la quinta parte del gasto total erogado.
Dado el margen tan estrecho que tiene la Federación para reajustar su presupuesto y realizar una reingeniería del ejercicio del gasto para basarlo en resultados esperados más que en programaciones presupuestales pasadas, convendría preguntarse dónde se verá reflejado el efecto de la aplicación de la metodología base cero y a qué rubros afectarán estos ajustes.
Los primeros análisis de la propuesta presentada ante la Cámara Baja para 2016 demuestran que las dependencias que tienen un ajuste más drástico en sus presupuestos son la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, así como la Secretaría de Agricultura, con reducciones equivalentes al 25 y 19 por ciento respectivamente.
Sin embargo, estos recortes parecen responder a inercias más que a un reajuste metodológico, y es que valdría la pena recordar que en las medidas de austeridad y disciplina presupuestaria que tomó la Federación en febrero del presente año, fueron estas mismas dos dependencias las más afectadas en sus economías al reducírseles su presupuesto en 9.37 y 7.38 por ciento respectivamente.
El concepto de presupuesto base cero tiene un espíritu de eficiencia, sin embargo parece estar siendo utilizado para justificar medidas preconcebidas de recorte presupuestal a áreas como la inversión en infraestructura y el sector rural. Convendría que estos ajustes se revisarán a la luz de un entorno de contracción económica y de los resultados divergentes que otras economías del mundo han obtenido con medidas contractivas y expansivas del gasto, tal como ha ocurrido con Europa y Estados Unidos respectivamente.

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