Gilberto Vivanco González
Vivilladas
Sociedad actual y adicción
Viernes 28 de Agosto de 2015
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Hace unos meses se publicó un breve ensayo sobre las adicciones, perturbaciones de gran impacto comunitario que han causado la pérdida de vidas, problemas económicos, desintegración familiar y un gran trastorno de autoestima en millones de personas. Tal documento venía de una agencia católica, situación que no impidió que tocaran el tema con sensibilidad y sentido ético, por lo que nos pareció correcto retomar situaciones elementales del mismo que nos darán luz para conocer más de cerca el monstruo en que se han convertido las adicciones para la sociedad en la actualidad. ACI Prensa es el nombre actual de lo que originalmente se fundó como la Agencia Católica de Informaciones (ACI) en América Latina, cuya oficina central se encuentra en Lima, Perú, donde es reconocida jurídicamente como una asociación educativa sin fines de lucro vinculada a la Iglesia católica. Su estudio versa en lo siguiente:
El adicto es una persona que sufre una atracción compulsiva, generalmente por algo malo. ¿Por qué en la sociedad actual existen tantos adictos? Es verdad que en la sociedad que nos toca vivir hay muchos, pero en la sociedad del siglo pasado existía un buen número a los que se les daba el nombre de viciosos. El vicio es la costumbre o hábito irresistible de hacer algo malo. Lo opuesto del vicio es la virtud, es decir, el hábito de hacer el bien.
Las adicciones más conocidas son la drogadicción, el alcoholismo, el tabaquismo, la lujuria, la avaricia, la ira, la violencia y la gula. Son las mismas adicciones aunque algunas no estaban tan difundidas; así, por ejemplo, decía un tango de aquellos tiempos: “Te acordás hermano qué tiempos aquellos... no se conocían cocó ni morfina”.
Nuestra realidad de la sociedad se caracteriza por la existencia de muchos adictos. El mal entra en las casas de ricos y pobres, no hay distinción de sexo, no respeta a jóvenes, adultos o niños. Nadie puede tener la seguridad de que un pariente, hijo o hermano no caiga en una adicción.
La falta de una escala de valores es motivo de que una adicción encuentre donde anidar. Esto se agrava cuando el probable adicto carece de vínculos y afectos, especialmente en la familia. Si la familia es como si no existiera, el padre y la madre no se preocupan por su hijo, no hablan con él, no se comportan como padres y él no confía en ellos, no será su confidente. En cambio sí lo será con otros como él.
Algunas adicciones hacen que el adicto concurra a ambientes donde se va a encontrar con otros adictos con los que va a adquirir otras adicciones, si no las tiene, como el cigarrillo, el alcohol y la droga. La búsqueda de dinero para drogarse los llevará a la prostitución, al robo y a ser utilizados para distribuir drogas.
No es fácil salir de la adicción cuando el adicto reconoce que ha obrado mal, inútilmente jura y rejura que esa será la última vez.
Cuando quiera salir de esa vida enloquecida le será sumamente difícil y no podrá abandonarla. No comprendió que ha perdido su libertad y es esclavo de sus vicios porque: “La libertad de hacer lo que se quiere termina en la esclavitud de hacer lo que no se quiere”.
Hay adicciones, por ejemplo, a las drogas, que no pueden ser superadas por el adicto librado a sus propias fuerzas. Él necesitará establecer un vínculo afectivo que le demuestre confianza y que le dé la seguridad de que es posible dar el primer paso para salir de esa adicción. De ahí la conveniencia de asistir a un grupo de autoayuda porque allí encontrará que hay otras personas que tratan de recuperarse.

Importancia de la familia

De capital importancia es que sus familiares comprendan, con cariño y afecto, que puede salir del pantano en que se ha metido.
Es fundamental que tenga una escala de valores trascendente que le dé sentido a su vida, le permita comprender el porqué de su pasado y la razón final de su existencia. Existen quienes se abrazan de la fe religiosa con el propósito de que les ayude a buscar el porqué de sí mismo y la razón de su existencia.
Todos los problemas están relacionados entre sí. Las estadísticas sobre delincuencia en todos los países nos indican que aumentan los delincuentes menores de edad, y es común pensar que los niños y los jóvenes carecen de escala de valores. Por otra parte, vemos que el matrimonio tiene menos vigencia y en la mayoría de los chicos, sus padres, casados o no, no viven juntos. Aunque Vivilladas reconoce que existen muchos hogares donde una madre o un padre solos han sido capaces de orientar a sus hijos y de proporcionarles un núcleo de respeto, de corresponsabilidad y autoestima, lo que ha favorecido la formación de retoños de provecho para la sociedad, aunque sí debemos ocuparnos de la escala de valores y apoyar medidas para que, en lo posible, el matrimonio sea estable, porque hoy en día la cantidad de divorcios es descomunal, más se refleja en aquellos cuyas parejas son jóvenes adolescentes.

Solución de los problemas

La solución de los problemas sociales demanda cambios en las mentes y en las costumbres de sus habitantes, cambios en la programación habitual de los medios de comunicación, cambios en el uso y aplicación de las redes sociales, cambios en las instituciones escolares en cuanto a elementos esenciales de la formación , cambios en los hábitos de fin de semana en los jóvenes, cambios en las prácticas y costumbres de los padres de familia y, desde luego, mayor responsabilidad de las autoridades respectivas.
Con la siguiente reflexión concluyó el ensayo publicado por ACI Prensa: “Encarar este problema con sinceridad y sin soberbia, sin sectarismos, ni prejuicios, admitiendo la responsabilidad que le cabe a cada uno, es el deber de quienes tienen en sus manos las posibilidades del mañana, porque este combate es la batalla por la juventud: por el futuro de la humanidad”. Para finalizar con el presente artículo recordemos el mensaje dado por Chuck Palahniuk, que puntualizó: “Admiro a los adictos. En un mundo en el que todo el mundo espera un desastre ciego y arbitrario o una enfermedad repentina, el adicto tiene la tranquilidad de saber con toda probabilidad lo que le espera al final del camino. Ha asumido cierto control sobre su destino final y su adicción evita que la causa de su muerte sea una sorpresa total. En cierta forma, elimina la incertidumbre de la muerte. Uno puede en efecto planificar su propia despedida”.

Sobre el autor
Nació en Zinapécuaro Michoacán (1961) Profesor de Educación primaria (E.N.V.F.); Licenciado en Ciencias Naturales (E.N.S.M.); Maestría en Investigación Educativa y Docencia Superior (IMCED). Excatedrático y exdirector de la Normal Rural de Tiripetío; Ex director y excatedrático de la Escuela Normal Urbana Federal, catedrático del IMCED. Diplomado en Administración de Escuelas Superiores (IPN)
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