Rogelio Macías Sánchez
Algo de música
Ahora, a la ópera a León
Martes 18 de Agosto de 2015
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Sábado y domingo pasados (15 y 16 de agosto) completé un viaje más por razones de estar en un evento artístico de alta calidad. En esta ocasión fue a la ciudad de León, Guanajuato, para estar en una función de ópera que se presentó en el Teatro del Bicentenario con Cavalleria rusticana, de Pietro Mascagni (1863-1945), y Pagliacci (Payasos), de Ruggero Leoncavallo (1857-1919).
Estas son dos obras cortas que suelen ponerse juntas por sus coincidencias estéticas y sociales. Las dos datan de los últimos diez años del siglo XIX, se llevan sólo dos años de diferencia y se refieren a hechos contemporáneos. Pagliacci fue hecha bajo el estímulo del éxito inmediato y enorme de Cavalleria rusticana, siguiendo el modelo de ópera breve y muy condensada, que se desarrolla casi en tiempo real. Pero más que nada, las dos representan el mayor manifiesto explícito de la corriente teatral del verismo italiano, caracterizado por libretos sacados de la vida cotidiana y un canto crudo, realista hasta alcanzar el alarido.
Son dramas fuertes, sórdidos y complicados, tanto que se acercan a la tragedia. Buscan y encuentran las pasiones humanas más devastadoras en acciones criminales fuera del control de la razón, quizá predestinadas. Todo esto con una música de ópera de increíbles lirismo y belleza, tremendamente emotiva en el canal de la emoción del drama, a la que multiplica. Sin embargo, la frase final en las dos óperas no es cantada, es hablada en Pagliacci y gritada en Cavalleria. Esto las acerca a la tragedia.
Cavalleria rusticana (1890) ocurre en un pueblo de Sicilia, a finales del siglo XIX. Es una historia muy antigua y repetida en los pueblos latinos de Europa y en los latinoamericanos. El joven que se va del pueblo a buscar fortuna jurándose fidelidad con la novia; al regresar la encuentra casada. Se consuela con otra novia joven a la que seduce y le promete matrimonio, promesa que no cumple y la novia primera, ya casada con otro, lo reconquista para ella. Discusiones, reclamos y ofensas entre los tres y la novia joven acaba delatando a la primera ante su marido y maldiciendo al novio. Ofensor y ofendido se encuentran y terminan acordando, para luego, un duelo a muerte, en el cual el marido ofendido mata al joven. Todo en acción pública ante el pueblo y en el marco de la gran festividad religiosa por ser ese día la Pascua de Resurrección. Todo esto se redime en la obra de arte por la música increíble de Mascagni, tan luminosa, de gran lirismo y emotividad y también festiva, lo que parece un contrasentido ante argumento tal. Pero al ver y escuchar la ópera, desaparece la contradicción y termina uno rendido a ella.
Pagliacci (1892) se desarrolla en un pueblo de Calabria, la tarde del 15 de agosto de 1875, durante la fiesta de La Asunción. Los actores del drama son los comediantes de una modesta compañía itinerante de teatro, de la antigua Comedia del Arte. El tema del drama es parecido al anterior. Un marido engañado por su joven esposa con un campesino. Un payaso jorobado, enamorado y deseoso de ella, es rechazado con crueldad y burla y toma venganza llamando al marido y poniéndolo en presencia de la infidelidad. La función debe principiar y la tragedia ocurre en escena (teatro dentro del teatro). El marido ofendido mata a su esposa y al amante mientras representan una comedia jocosa de infidelidades. La commedia è finita!
Con la música ocurre lo mismo que en Cavalleria. Es increíble cómo drama tan sórdido multiplica su intensidad con música tan bella y al parecer contrapuesta emocionalmente. Me comentaron después de la función: “El libreto, es mejor el de Payasos; la música, es mejor la de Cavalleria”.
La función fue una magnífica producción del Teatro del Bicentenario, verdadera casa de ópera en nuestro país, con coro y orquesta propios y Arthur Fagen como director musical. Una puesta en escena moderna y estupenda a cargo de Mauricio García Lozano y un elenco de muy buenos cantantes, mayormente mexicanos. Bravo a todos y al arte inmortal de la ópera.

Sobre el autor
Rogelio Macías Sánchez Médico cirujano por la UNAM, Especialidades de Neurología y Neurocirugía. Con ellas, ha ejercido en instituciones oficiales y en la práctica privada. Catedrático de la Universidad Michoacana Amante de la música clásica desde sus primeros años por inducción familiar, se desarrolló como melómano cultivado por iniciativa propia. Por confluencia de circunstancias se ha desarrollado como periodista aficionado en el ámbito cultural en la crónica y crítica de música clásica. También, y auténticamente por amor al arte, ha sido promotor de eventos magníficos de música clásica en Morelia.
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