Lunes 17 de Agosto de 2015
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La LXXII Legislatura deberá analizar y, en su caso, resolver en esta semana la propuesta que el gobernador Jara le ha hecho llegar para que Martín Godoy Castro se haga cargo de la Procuraduría General de Justicia del Estado. La propuesta ha venido acompañada de todo tipo valoraciones y ha despertado un interés singular por lo que ésta representa políticamente.
A menos de 45 días de que asuma la gubernatura Silvano Aureoles, quien ha reiterado a los michoacanos el ofrecimiento de un “nuevo comienzo”, la propuesta de Martín Godoy, uno de los hombres fuertes del siniestro y repudiado ex comisionado Castillo, parece una señal de imposición de la Federación para dar continuidad a un esquema de combate a la inseguridad que ha dado resultados cuestionables y de los cuales nos seguimos lamentando hasta ahora. La confusión sobre los términos políticos en que se ha operado su nominación, que no se trata al parecer de una solitaria propuesta de la Casa de Gobierno, sino de una sugerencia consentida con el propio gobernador electo, colocará al nuevo gobierno en el centro de los cuestionamientos y en el terreno de la desilusión pública, sin haber siquiera nacido formalmente.
La propuesta que ya está en el Congreso no implica un asunto menor. No es un caso meramente administrativo, no se llega a la PJGE por 40 días, se llega porque atrás le precede un proyecto ya conocido y porque habrá de iniciar un sexenio. Y si este es el proyecto que comparte el gobernador electo es tiempo de que lo diga a los michoacanos o que se deslinde claramente de él. Si no es su proyecto, si el personaje y lo que representa no coincide con su visión sobre cómo abordar el problema de la inseguridad y la procuración de justicia, debe expresarlo, pero ante todo, debe pararlo, los michoacanos tenemos derecho a saberlo.
Si la LXXII Legislatura aprueba la propuesta sin que previamente el gobernador electo y sus operadores expongan sus objeciones se entenderá con claridad que la propuesta ha sido consentida, que comparten su designación y el costo político que ello les acarreará. Sin embargo, en atención a la historia reciente de Michoacán, los malos resultados y el ominoso significado político que implica la propuesta, se debería esperar la impugnación del perredismo y el deslinde sin cortapisas del gobernador electo.
El tema más delicado que atrapa la preocupación de los michoacanos es la seguridad. Ahora mismo la sociedad está atenta y alarmada porque, no obstante los comunicados oficiales, las acciones criminales están presentes en todo el estado y cercanas al entorno familiar, de manera muy semejante a como ocurría hace algunos años. Así que lo que más desilusionaría a los michoacanos sería que el gobierno que le ofreció un “nuevo comienzo” le ponga al frente de las instituciones clave a personajes del negro pasado reciente que le demostraron su ineficacia y que poblaron a las instituciones de vivales que vinieron a Michoacán a hacer botín del presupuesto público y a extorsionar a los ciudadanos.
Si les queda alguna brizna de dignidad a los diputados de la LXXII Legislatura, luego de la entrega que hicieron de la soberanía estatal al comisionado Castillo durante 2014, debieran objetar la propuesta y exigir que se presente una acorde con un esquema nuevo de ataque a la delincuencia organizada y de eficaz procuración de justicia para los próximos seis años. Seguramente podrán encontrarse michoacanos capaces y honorables que puedan cumplir debidamente esa misión y con ello recuperar la confianza perdida en las instituciones. Para encontrarlo no deben correr prisa, el nuevo gobierno comienza el 1º de octubre, tiempo suficiente para valorar distintas propuestas, propuestas que, por cierto, debería hacer el gobernador electo para que todo su equipo armonice la visión y no sea el traslape de designaciones un obstáculo para la coordinación institucional.
Me quedo con una pregunta futura: si el Congreso aprueba la propuesta de Martín Godoy sin la oposición franca del gobernador electo y los perredistas, ¿por qué lo tendría que aceptar Silvano?, ¿a cambio de qué?

Sobre el autor
Julio Santoyo Guerrero Estudió Filosofía en la UMSNH Docente desde 1983 Analista en medios impresos y electrónicos desde 1988 Articulista fundador de Cambio de Michoacán desde 1992.
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