Julio Santoyo Guerrero
Sembradores de lumbre
Lunes 10 de Agosto de 2015
A- A A+

El gobierno que está por concluir ha tenido como una de sus características, nada elogiosas, el deterioro al extremo de la gobernabilidad. Las políticas de este ámbito aplicadas en los últimos años en Michoacán han sido desastrosas y no lograron jamás estabilizar las relaciones entre la sociedad y el gobierno. La protesta social rebasó con mucho, desde hace tiempo, las políticas de diálogo, entendimiento, consenso, conciliación y contención formuladas por el gobierno.
El origen de la protesta social, localizado en fenómenos como la pobreza, la inseguridad, el desempleo, la carencia o mala calidad de servicios, el mal funcionamiento de las instituciones gubernamentales, la desconfianza y el rechazo a políticas públicas consideradas antipopulares, ha seguido ahí agravándose y sin que se ofrezcan nuevas políticas para atacarlo en sus causas.
Ni el Ejecutivo estatal ni el Legislativo han tenido la seria preocupación de abordar el origen de la protesta social. ¿No es que debe buscarse la causa de la pobreza de nuestro estado? ¿No es que debe atenderse la causal del desempleo? ¿No es que debe corregirse la causa de la alta migración? ¿No es que debe atenderse la causa de la delincuencia organizada como fenómeno con un gran componente juvenil? ¿No es que debe combatirse la causa del bajísimo crecimiento económico? ¿No es que debe buscarse la causa de por qué el mayor creador de empleos sea el presupuesto público? Por eso sorprende que el Legislativo michoacano antes que legislar para desarrollar políticas comprometidas para abatir el origen económico y social de la protesta, ponga el énfasis en legislar para regular la protesta misma, el derecho de manifestación. Es decir, buscan legislar para los síntomas, no para la enfermedad.
Es cierto que Michoacán y particularmente su capital Morelia han sufrido la concurrencia cotidiana de manifestaciones, tomas, plantones y en algunos casos el desborde de los mismos hacia el terreno de la ilegalidad, y que todo ello afecta severamente la economía local y la calidad de vida de quienes aquí habitamos. Sin embargo, tratar de atender sólo la sintomatología del problema con una legislación restrictiva mucho me temo que en lugar de contribuir a la estabilidad y a la gobernabilidad abonará a elevar la confrontación y a politizar aún más cada evento de protesta social.
La legislación para regular la protesta pública, en sentido estricto, es la expresión más clara del fracaso de la política de gobernabilidad, es la expresión de la desesperanza y la incapacidad del gobierno para generar nuevos modelos de gobernabilidad o para construir gobernanza, y a la vez, es un síntoma muy preocupante del deterioro de las relaciones entre gobierno y sociedad. Una regulación así, de aprobarse, convertiría el derecho de manifestación en la bandera política ideal para enfrentar a un gobierno que se entenderá que la quiere limitar, es decir, que la quiere cancelar.
La iniciativa que ya se discute en el Congreso del Estado y está lista para ser aprobada, si se analiza con detenimiento en sus implicaciones políticas, es una herencia envenenada que se estará legando al gobierno de Silvano Aureoles. Es cómodo para la actual Legislatura levantar el dedo al cuarto para las doce y aprobar dicha ley dejándola al gobierno entrante para su aplicación. Las consecuencias políticas de su aprobación harán tambalear la silla del futuro gobernador, no nos debe quedar duda. Y si a ésta le agregamos la eventual aprobación, a última hora, de la Ley de Pensiones Civiles, la tormenta será perfecta.
La pregunta es ¿quién le quiere sembrar lumbre a Silvano Aureoles? Ambos son temas que merecen una amplia consulta social y una reflexión muy, pero muy sesuda. Promoverlas así, a escasos días de que concluya la legislación, no contribuye para que el estado camine hacia un nuevo esquema de gobernabilidad y para que se mueva hacia una revaloración de las relaciones gobierno-sociedad.
El mejor método para atenuar la protesta social es atacando las causas de la misma no sancionado a los protestantes. Ojalá que el nuevo gobierno entienda esta premisa y transforme las pésimas políticas de gobernabilidad que han demostrado su ineficacia en las últimas décadas.

Sobre el autor
Julio Santoyo Guerrero Estudió Filosofía en la UMSNH Docente desde 1983 Analista en medios impresos y electrónicos desde 1988 Articulista fundador de Cambio de Michoacán desde 1992.
Comentarios
Columnas recientes

De la abdicación a la imprudencia

No avivemos la hoguera

¡No puede ser de otra manera!

Simplismo y eficacia

El gobierno de Fuente Ovejuna.

El sindicato de Elba Esther.

Protagonistas de piedra

Carta al gobernador Silvano Aureoles

La relatividad del cambio

¡Pero si ya son gobierno¡

La reforma educativa es con Gordillo

¿Derogación educativa o moderada reforma?

Matando la lluvia a cañonazos

Electricidad, el olvido de los pioneros.

El nuevo consenso

También son dueños del cielo

La familia y el árbol

El impulso

Que prevalezca la paz

La alianza que no fue.

Encuestas: falibles o simple manipulación

Alemán y los límites de la libertad

El olvido electoral del medio ambiente

Manual para vencer la credulidad y la falsedad electoral

El obsequio michoacano para AMLO

La prioridad

Democracia dinástica

El agua, ¿asunto de seguridad nacional?

A quien corresponda: SOS, prevaricación ambiental

Elecciones limpias o ganar a toda costa

El arte del engaño y el caso Anaya

Los trabajos de los justificadores

Desdén suicida

Ni ven ni escuchan

¿La peor elección?

El rito de la fantasía del cambio

Época de oportunismo, demagogia y espejismos

Votos y nada más

La mayoría imposible

¿Ya en serio... cómo le van a hacer?

Nos quedan los atajos de la política mágica

La tierra es plana, el cambio climático es una mentira

Una Presidencia desierta

Entonces, ¿otra vez se perdió la guerra?

¡El agua se teñirá de rojo!

No se pierde lo que no se tiene

Estas nuevas independencias

Sí, ¿pero cuál es la fórmula?

El boom de los independientes

Nieves y Umécuaro, donde vale más un aguacate que la vida de una familia

Desbordados de fraternidad

Desde Madero, construyendo un Área Natural Protegida

La política que tenemos... y que somos.

Inseguridad, esa letal costumbre

El precio político del proteccionismo de Trump

Juegos de fuerza

Cada loco con su guerra

Acuerdo para recuperar los bosques

Gratitud a los maderenses

Líderes "ejemplares"

Escépticos, desconfiados e indignados

Contrarreforma ambiental

Los ecocidas son genocidas

¿Ganaron los aguacateros talamontes?

Justicia en obra negra

Hoy comienza

Creer en la democracia

El aguacate del narco

Desafío al Estado

Piromanía y codicia

Los padrinos del ecocidio

¡Que se jodan los bosques y las aguas de los michoacanos!

La espléndida guerra de Trump

El consenso antisistémico

La carcajada del aguacate ilegal

El poder de los ciudadanos

Sin concesión al ecocidio

Delincuencia ambiental... ¡organizada!

La sucesión presidencial y de cultura cívica

No cualquier unidad nacional

La defensa de México

El futuro está en el pasado

Dios salve de Trump a Estados Unidos y al mundo

Y sin embargo cambiamos

Furia sin cabeza

2017, el año del enojo social

Candidez de los buenos

La sucesión de la incertidumbre

La política del neoproteccionismo

La caja de Pandora que abre Trump

Beneficios de la debilidad institucional

Cuestión de confianza

¿Y después del repudio a la política y los políticos, qué?

Lobos del planeta

La ordinaria inseguridad

Gobierno de consenso para lo que falta

El arrogante Trump y el pequeño Peña

Dos largos años aún

Decreto para la popularidad

¿Diálogo o garrote?

¡Siguen ahí!

El discreto gasolinazo del débil presidente

¿Es que nuestros bosques morirán?

¿Como caballeros o como lo que somos?

Pintaron su raya

No es el conflicto en turno, es la ruta del país

No es la flama, es que todo está seco

La sacrosanta corrupción

Actualidad de la oposición

Atraco a los bosques

La trampa

Bagatelas en lugar del oro

Que arda la corrupción, no los bosques

Ceguera antilaboral

No había entrado a un lugar parecido

La sorpresa

El que da y quita

El arte de inducir olvido y confusión

Crónica de 3 desacatos o el reto a las instituciones ambientales

Sierra de Madero: deforestó, robó, se burló de juez federal y está libre

¿Otra vez perdiendo, otra vez el infierno?

No es la envidia, es la fragilidad

¿Qué esperaban?

Julio Santoyo Guerrero

Mireles, la venganza de un sistema omiso

¿Quién quemó Roma?, ¿acaso Kate del Castillo?

Por una jodida placa

Reconsideración

Pagar y castigar

El tino de Arnaldo

Silvano y Nuño

El traje del gobernador

Voluntarismo y gobernabilidad

Los vulnerables municipios

El bono de confianza

Silvano y el recurso de la política

Días de mea máxima culpa

El paso decisivo

Libres y cortesanos

Informe oficial de la realidad

Silvano y el minotauro de papel

No debe pasar

Sembradores de lumbre

Los hombres del presidente

Ojalá sólo fuera el organigrama del gobierno

\"Inteligencia, honestidad y huevos, si no va a valer madres\"

De resultados y de oficio político debe ser

El respiro del 7 de junio

La era del nuevo comienzo

¡Votamos por la democracia!