Hugo Rangel Vargas
Deuda pública federal: ¿Quién la detiene?
Viernes 7 de Agosto de 2015
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En economía, el concepto de riesgo moral describe a situaciones de asimetría en la información en las que el actuar de un agente incrementa las probabilidades de que ocurra un acontecimiento que tendría externalidades negativas para otro agente económico. Un ejemplo de ello es el fenómeno que han observado las compañías de seguros, quienes han descubierto que cuando una persona contrata una cobertura por robo, por ejemplo de auto, ésta suele relajar las medidas que prevendrían dicho acontecimiento.
En esta trampa es en la que incurre todo deudor cuando se encuentra en un entorno de amplia disponibilidad de ofertas crediticias con bajas tasas de interés, tal y como ocurre actualmente en el mundo en donde diversos gobiernos de países en desarrollo han recurrido al endeudamiento para estimular el crecimiento a través del incremento al gasto público. Aquí el riesgo moral radica en que a pesar de que los gobiernos son conscientes de los límites del endeudamiento, estos los sobrepasan en algunas ocasiones, acicateados por los bajos costos de contratación de empréstitos.
En México, el gobierno de la República ha incrementado de manera sustantiva el endeudamiento público en los últimos años, sólo que con el agravante de que éste no ha sido transparentado a cabalidad en su ejercicio, ni mucho menos se han visto impactos en los niveles de actividad económica o de generación de empleos. Al riesgo moral de la contratación de deuda en México se agrega la externalidad negativa para los ciudadanos, recipiendarios finales de esta obligación, de la falta de certeza acerca del destino de estos recursos.
Las cifras dan cuenta del fenómeno con toda claridad, y es que, según datos del Inegi, el saldo de la deuda neta del sector público en México fue de seis mil 774 billones de pesos para marzo del presente año. Esta cifra significa dos mil 274 billones de pesos más que la registrada en el mismo mes de 2012, es decir que en lo que va de la administración de Enrique Peña Nieto la deuda aumentó 50.6 por ciento.
El monto de una deuda puede ser dimensionado con mayor nitidez si es medido en relación con los ingresos y así estimar la capacidad de pago del deudor. En el caso de la deuda pública de nuestro país, ésta representó al cierre de 2014 el equivalente al 160 por ciento de los ingresos del sector público o al 220 por ciento de los ingresos del gobierno federal; esto significa que si el gobierno federal destinara a cabalidad sus ingresos durante dos anualidades para el pago de la deuda, estos resultarían insuficientes para liquidarla.
Los funcionarios encargados de las finanzas públicas de nuestro país se paran de pestañas cada que se toca el tema del endeudamiento de los estados y municipios o deuda subnacional. Ahí han centrado sus baterías y cuestionamientos, al punto tal de haber logrado que el Senado de la República aprobara, apenas en febrero pasado, reformas constitucionales en materia de disciplina financiera que impiden o limitan el endeudamiento de los gobiernos locales.
A la asfixia financiera que padecen estos niveles de gobierno, producto de un régimen de coordinación fiscal caduco y centralista, se le agrega el grillete de una burocracia federal que ve la viga en el ojo de los gobiernos locales, pero no la tremenda paja en el ojo de la Federación. Y es que si el nivel de endeudamiento de la Federación equivale al 220 por ciento de sus ingresos, los datos de la Secretaría de Hacienda demuestran que al primer trimestre de 2015 las obligaciones financieras de las entidades federativas y los municipios representan apenas el 35 por ciento de sus ingresos, siendo los estados más endeudados Coahuila y Quintana Roo, en los que las obligaciones equivalen al 100 por ciento de sus ingresos, ¡casi la mitad de la cifra del gobierno federal!
Múltiples ejemplos hay en el mundo de crisis originadas por el riesgo moral en el que incurre un deudor que incrementa sus obligaciones con el sólo estímulo de las bajas tasas de interés, pero a ello hay que agregar la inmoralidad del acreedor que presta aun sabiendo de estos riesgos. Sin embargo, las lecciones de estas historias poco importan a los funcionarios federales que siguen llevando los niveles de endeudamiento a márgenes de alto riesgo una vez que las tasas de interés vuelvan a incrementarse.

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