Rogelio Macías Sánchez
Algo de música
Sigo distanciado de la música electroacústica
Martes 14 de Julio de 2015
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El pasado viernes 11 de julio me apersoné nuevamente en la Casa de la Cultura de esta ciudad, en el auditorio del Centro Mexicano para la Música y las Artes Sonoras (CMMAS), institución cultural magnífica que destaca por la seriedad y alta calidad de su trabajo como creadores, difusores y educadores en la música, cualidades que van en ascenso en los pocos años que tienen trabajando. Hay un apunte que es necesario hacer: su área exclusiva de trabajo es la música contemporánea que utiliza para su creación las nuevas tecnologías informáticas y electrónicas, lo que se llama música electroacústica.
Mi presencia en el concierto del pasado viernes fue uno más de mis ejercicios voluntarios de acercarme a esa música tan alejada de mí, asumiendo que seguramente tiene valores importantes en el arte moderno y un público cada vez más numeroso, pero que no he conseguido que me guste, a pesar de varios intentos de conseguirlo. De algunos de ellos he escrito aquí.
Fui ahora atraído por algunos comentarios que leí en la prensa y en la Internet sobre la artista invitada: la maestra estadounidense Eleonor Sandresky, que es un personaje muy reconocido en ese medio. Es una magnífica pianista, pero fiel a sus convicciones, su música toda tiene elementos sonoros generados por un programa ad hoc en una computadora. La novedad en ella, por lo menos para mí, es que algunos de los sonidos son generados por movimientos corporales de su tronco y miembros superiores. Para ello viste una ropa que tiene toda una serie de sensores exteriores, que de lejos parecen los huesos, pero que están dispuestos como palancas flexibles para no estorbar su movimiento. Tiene, además, un gran sensor en la muñeca izquierda, que hace volumen pero no le estorba, y las señales recogidas se concentran, por cables, a un receptor situado en la cintura, por detrás, y conectado también por cables al ordenador y al programa que transformará las señales de movimientos en señales sonoras que escucharemos, previa ecualización, a través de bocinas colocadas en todo el salón. ¡Cuánta tecnología en el arte moderno!
Eleonor Sandresky me parece que sólo toca música propia. En esta ocasión, y en la primera parte, siete Canciones del libro 1 de Mary Oliver, que en conjunto se llaman El retorno. Hubo una segunda parte de Improvisaciones.
Y bueno, sigo en las mismas de antes: no me gusta para nada esa música e incluso me molesta. No me entra y no puedo considerarla música cuando en ella no encuentro los elementos constitutivos de ese arte que aprendí desde pequeño. La música de la señora Sandresky muestra algunos elementos melódicos interesantes y hasta bellos, pero tan escasos y breves, que no alcancé a tomarles gusto. Pero la armonía y el ritmo, mente y corazón de la música, no aparecen. La dinámica está presente y por fortuna no es muy estridente, lo que permite soportarla. Los sonidos generados por sus movimientos corporales no agregan belleza ni quitan fealdad, pues casi no se escuchan y por momentos se confunden con sonidos de fuera del recinto.
Todo este disgusto entiendo que es por culpa mía, por no tener, a los casi 80 años de edad, la plasticidad mental para remoldear mis gustos, olvidando o despreciando los conceptos estéticos con los que me eduqué. Entiendo que esta música la disfrute la gente joven, pero por desgracia o por fortuna, yo ya no lo soy. Después de la primera parte abandoné el auditorio.
Hasta la próxima.

Sobre el autor
Rogelio Macías Sánchez Médico cirujano por la UNAM, Especialidades de Neurología y Neurocirugía. Con ellas, ha ejercido en instituciones oficiales y en la práctica privada. Catedrático de la Universidad Michoacana Amante de la música clásica desde sus primeros años por inducción familiar, se desarrolló como melómano cultivado por iniciativa propia. Por confluencia de circunstancias se ha desarrollado como periodista aficionado en el ámbito cultural en la crónica y crítica de música clásica. También, y auténticamente por amor al arte, ha sido promotor de eventos magníficos de música clásica en Morelia.
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