Julio Santoyo Guerrero
De resultados y de oficio político debe ser
Lunes 29 de Junio de 2015
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Lo debe saber el gobernador electo, la sociedad michoacana tendrá toda su atención puesta en los resultados de su administración. Por eso es que debe atender con inteligencia y prudencia la manera en que estructura su idea de gobierno y el tipo de operadores que necesita para asegurar la eficacia. Y necesita antes que nada tener un diagnóstico claro del estado y una visión de hacia dónde pretende conducirlo durante su mandato.
Y no podrá escapar a la imperiosa necesidad de redefinir las relaciones del gobierno con la sociedad y los espacios que debe ocupar la ciudadanía en la atención de los problemas estatales. Este es uno de los puntos críticos que no pudieron atender debidamente los gobiernos precedentes y que precipitaron una y otra vez las crisis de gobernabilidad de los últimos años. Es decir, que la definición más importante del nuevo gobierno tiene que ver con la política de gobernabilidad y con los políticos que la harán posible.
Sabemos que la ausencia de las instituciones del Estado en el cumplimiento de su función cuando los michoacanos lo han exigido y el vacío de poder que éstas han dejado en la vida pública han generado la emergencia de demandantes que rebasan las débiles instituciones dando paso a capítulos de rompimiento social y desconfianza, o sea, vivimos procesos permanentes de ingobernabilidad que nos han arrastrado a los bordes del caos.
Así que el nuevo gobierno tendrá que definir su relación con ese Michoacán inconforme y demandante de servicios y de espacios para hacerse oír. No podrá evitarlo porque una realidad de tal magnitud no se oculta con la omisión ni se soluciona con la chequera. Tendrá el nuevo gobierno que revisar el modelo de gobernabilidad hasta ahora ejercido y deberá cambiarlo. No pueden seguir siendo las prácticas clientelares, la compra de estabilidad, la administración de conflictos, la oferta de impunidades, los componentes de una nueva política de gobernabilidad.
El modelo de gobernabilidad que hasta ahora Michoacán ha seguido es desastroso, debe analizarse y generar otro con soportes bien establecidos en el estado de derecho, el diálogo, el consenso, la participación social, incorporando en la toma de decisiones y compromisos a los diversos actores, incluso creando espacios para que los ciudadanos se hagan cargo.
Si no se crea una política de gobernabilidad propia y ajustada a la realidad michoacana y no se opera con talento, las acciones en materia de seguridad, economía, salud, educación y otras quedarán atascadas en la maraña de la ingobernabilidad. Asegurar la convivencia entre todos los actores y el funcionamiento eficaz de las instituciones representa el santo grial de la política pública para el próximo sexenio. El punto central para el futuro gobierno no es cuántas secretarías deben desaparecer, o el nombre que se les debe dar, la cuestión es cómo lograr que funcionen con eficacia y eficiencia las que deben existir y mejor aún que se orienten por políticas que satisfagan a los michoacanos.
Los resultados que los michoacanos esperamos y que el nuevo gobierno está obligado a entregarnos dependen de la definición de política pública que oriente el destino de la administración hasta el 2021 y de la calidad del gabinete al que se le encargará la operación de dichas políticas. Si son esperanzadoras las políticas y malo el gabinete los resultados serán malos; pero un buen gabinete puede incluso superar los límites de políticas estrechas. De ahí la relevancia de que el gobernador electo estructure un gabinete con personajes con oficio político, conocedores del área y probos. Destacado debe ser el oficio político porque la tarea más importante que reta a Michoacán es justamente la política. Michoacán es política pero necesita buena política, esa es la cuestión.
La exigencia con la que los michoacanos nos referimos al gabinete y a las políticas no es ociosa. Un gobierno que empieza con un mal gabinete y mala política manda como su primera señal la falta de seriedad y debilidad. Anticipa que será un mal gobierno y para el caso de Michoacán confirmaría el pronóstico más pesimista, que todo ha cambiado para que todo siga siendo igual.
La estabilidad política de Michoacán está pegada con saliva y una prudente esperanza cívica. Esperanza que espera resultados inmediatos para refrendarse y convertirse en confianza. Si esto no ocurre en los primeros meses el nuevo gobierno habrá derrochado su ventaja electoral y tendrá un sexenio de debilidad y los ciudadanos otro viacrucis que soportar.

Sobre el autor
Julio Santoyo Guerrero Estudió Filosofía en la UMSNH Docente desde 1983 Analista en medios impresos y electrónicos desde 1988 Articulista fundador de Cambio de Michoacán desde 1992.
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