Julio Santoyo Guerrero
El respiro del 7 de junio
Lunes 22 de Junio de 2015
A- A A+

Muy cerca estaba del desahucio, su popularidad estaba en la lona, el oscuro túnel de la adversidad parecía no tener fin. Por más esfuerzos que realizaba por retomar la iniciativa y recuperar el paso, nada cuajaba, el sexenio se le estaba yendo tempranamente. Había comenzado bien. El Pacto por México le llevó a tomar buena altura, pero las implicaciones de las reformas estructurales, aprobadas cupularmente, pero sin la participación ciudadana, seguramente no previstas en la borrachera triunfal de los acuerdos, pronto se tornaron en indigestión. Cayó el precio del petróleo, la economía aminoró su marcha, la reforma hacendaria desalentó a los empresarios, y por si faltara algo, la delincuencia organizada que había sido puesta en un segundo plano, para no repetir el protagonismo del sexenio de Calderón, brotó implacable en la República constituyéndose en el otro obstáculo gigante para la realización de las reformas. Ayotzinapa fue la gota que reventó la represa y de ahí en adelante la popularidad del gobierno de Peña Nieto fue de pena ajena. La “casa blanca” y la de Videgaray fueron otros clavos del ataúd.
La suerte política del presidente Peña Nieto ha sido de alto contraste. Así como toca las luces se derrumba a la oscuridad. Durante su campaña electoral osciló entre la gloria y el fracaso. Catalizó la unidad priista, reanimó al priismo derrotado, pero fue vapuleado por el nombre de tres libros que no pudo recordar en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara y mordió el polvo por su desafortunada participación en la Ibero que generó el movimiento “YoSoy132”, y sin embargo ganó la elección.
A tres años de gobierno todo parecía perdido. Cada vez que sacaba la cara en los últimos meses le llovían jitomatazos. El gobierno se le estaba escurriendo entre las manos y nadie se explicaba por qué no hacía cambios en un gabinete sin resultados y con una muy mala reputación. El presidente estaba paralizado y yacía cautivo de los poderes que lo habían promovido. Los pronósticos electorales no eran generosos y se esperaba obligadamente una recomposición del gabinete y un ajuste severo de las políticas públicas para sobrevivir la segunda mitad del sexenio, tan pronto pasaran las elecciones.
Pero su suerte bipolar lo llevó de nueva cuenta a territorio triunfal. El priismo no sólo no perdió numéricamente las posiciones en la Cámara de Diputados, fue más allá, superó los números previos al 7 de junio. Y la suerte cambió, le regresó el alma al cuerpo, recuperó el color y se armó de valor para relanzar su gobierno. Adiós a los cambios en el gabinete, adiós a la posposición indefinida de la evaluación educativa, adiós a la renegociación de la Reforma Fiscal, adiós al discurso tímido sobre los resultados de las reformas estructurales, y para colmo de su suerte el anuncio del hallazgo providencial de nuevas y muy grandes reservas petroleras.
Si la popularidad del presidente estaba en la lona, el horizonte de las reformas estructurales aparecía confuso y sin resultados y el Pacto por México prácticamente estaba quebrado, ¿por qué entonces los votantes refrendaron el respaldo que parece inmerecido? La razón, me parece, es clara: los partidos adversarios mayores no fueron oposición verdadera y no fueron alternativa porque carecieron de autoridad moral para ofrecerse como una vía diferente. Los partidos pequeños y los movimientos sociales no pudieron ser alternativa en su cortedad de vida unos, y de miras los otros. Y algunos movimientos sociales no pudieron serlo porque ofrecían el anulismo, el abstencionismo o el boicot violento de la elección, sin meditar que en un escenario así, generalmente las fuerzas que conservan el poder suelen obtener ventaja.
El gobierno de Peña Nieto, sin embargo, respira con la elección del 7 de junio. Su error es que sobredimensiona el significado de la elección. El relanzamiento de mitad de sexenio lo están haciendo con burbujas no con realidades, con mucho ruido pero con pocas nueces. De pronto, mágicamente en el discurso la economía marcha mejor, las inversiones por las reformas están en la puerta, los empleos están creciendo, los índices de seguridad han mejorado, el programa contra el hambre tiene reconocimiento internacional por su éxito, la evaluación se va a aplicar “llueva o truene”, somos reconocidos por los acuerdos para evitar el cambio climático y más, y más que vendrá en las próximas semanas.
Sin embargo, el problema es que no parten de realidades y los hechos los van a sorprender cualquier día, como ya ha ocurrido recientemente. Y eso puede suceder en cualquier momento con la economía, con la inseguridad, con la educación, con la gobernabilidad, y sobre todo con las perlas de corrupción que nos obsequian con regularidad los servidores públicos, y ocurrirá porque en el fondo no hay trazos de políticas nuevas que atiendan con eficacia las causas que precipitaron la crisis nacional.
Si no hay nuevas acciones de política pública que restablezcan el consenso nacional de nada servirá relanzar la imagen del presidente, volverá a tropezar y volverá a perder la respiración que recuperó el 7 de junio.

Sobre el autor
Julio Santoyo Guerrero Estudió Filosofía en la UMSNH Docente desde 1983 Analista en medios impresos y electrónicos desde 1988 Articulista fundador de Cambio de Michoacán desde 1992.
Comentarios
Columnas recientes

La relatividad del cambio

¡Pero si ya son gobierno¡

La reforma educativa es con Gordillo

¿Derogación educativa o moderada reforma?

Matando la lluvia a cañonazos

Electricidad, el olvido de los pioneros.

El nuevo consenso

También son dueños del cielo

La familia y el árbol

El impulso

Que prevalezca la paz

La alianza que no fue.

Encuestas: falibles o simple manipulación

Alemán y los límites de la libertad

El olvido electoral del medio ambiente

Manual para vencer la credulidad y la falsedad electoral

El obsequio michoacano para AMLO

La prioridad

Democracia dinástica

El agua, ¿asunto de seguridad nacional?

A quien corresponda: SOS, prevaricación ambiental

Elecciones limpias o ganar a toda costa

El arte del engaño y el caso Anaya

Los trabajos de los justificadores

Desdén suicida

Ni ven ni escuchan

¿La peor elección?

El rito de la fantasía del cambio

Época de oportunismo, demagogia y espejismos

Votos y nada más

La mayoría imposible

¿Ya en serio... cómo le van a hacer?

Nos quedan los atajos de la política mágica

La tierra es plana, el cambio climático es una mentira

Una Presidencia desierta

Entonces, ¿otra vez se perdió la guerra?

¡El agua se teñirá de rojo!

No se pierde lo que no se tiene

Estas nuevas independencias

Sí, ¿pero cuál es la fórmula?

El boom de los independientes

Nieves y Umécuaro, donde vale más un aguacate que la vida de una familia

Desbordados de fraternidad

Desde Madero, construyendo un Área Natural Protegida

La política que tenemos... y que somos.

Inseguridad, esa letal costumbre

El precio político del proteccionismo de Trump

Juegos de fuerza

Cada loco con su guerra

Acuerdo para recuperar los bosques

Gratitud a los maderenses

Líderes "ejemplares"

Escépticos, desconfiados e indignados

Contrarreforma ambiental

Los ecocidas son genocidas

¿Ganaron los aguacateros talamontes?

Justicia en obra negra

Hoy comienza

Creer en la democracia

El aguacate del narco

Desafío al Estado

Piromanía y codicia

Los padrinos del ecocidio

¡Que se jodan los bosques y las aguas de los michoacanos!

La espléndida guerra de Trump

El consenso antisistémico

La carcajada del aguacate ilegal

El poder de los ciudadanos

Sin concesión al ecocidio

Delincuencia ambiental... ¡organizada!

La sucesión presidencial y de cultura cívica

No cualquier unidad nacional

La defensa de México

El futuro está en el pasado

Dios salve de Trump a Estados Unidos y al mundo

Y sin embargo cambiamos

Furia sin cabeza

2017, el año del enojo social

Candidez de los buenos

La sucesión de la incertidumbre

La política del neoproteccionismo

La caja de Pandora que abre Trump

Beneficios de la debilidad institucional

Cuestión de confianza

¿Y después del repudio a la política y los políticos, qué?

Lobos del planeta

La ordinaria inseguridad

Gobierno de consenso para lo que falta

El arrogante Trump y el pequeño Peña

Dos largos años aún

Decreto para la popularidad

¿Diálogo o garrote?

¡Siguen ahí!

El discreto gasolinazo del débil presidente

¿Es que nuestros bosques morirán?

¿Como caballeros o como lo que somos?

Pintaron su raya

No es el conflicto en turno, es la ruta del país

No es la flama, es que todo está seco

La sacrosanta corrupción

Actualidad de la oposición

Atraco a los bosques

La trampa

Bagatelas en lugar del oro

Que arda la corrupción, no los bosques

Ceguera antilaboral

No había entrado a un lugar parecido

La sorpresa

El que da y quita

El arte de inducir olvido y confusión

Crónica de 3 desacatos o el reto a las instituciones ambientales

Sierra de Madero: deforestó, robó, se burló de juez federal y está libre

¿Otra vez perdiendo, otra vez el infierno?

No es la envidia, es la fragilidad

¿Qué esperaban?

Julio Santoyo Guerrero

Mireles, la venganza de un sistema omiso

¿Quién quemó Roma?, ¿acaso Kate del Castillo?

Por una jodida placa

Reconsideración

Pagar y castigar

El tino de Arnaldo

Silvano y Nuño

El traje del gobernador

Voluntarismo y gobernabilidad

Los vulnerables municipios

El bono de confianza

Silvano y el recurso de la política

Días de mea máxima culpa

El paso decisivo

Libres y cortesanos

Informe oficial de la realidad

Silvano y el minotauro de papel

No debe pasar

Sembradores de lumbre

Los hombres del presidente

Ojalá sólo fuera el organigrama del gobierno

\"Inteligencia, honestidad y huevos, si no va a valer madres\"

De resultados y de oficio político debe ser

El respiro del 7 de junio

La era del nuevo comienzo

¡Votamos por la democracia!

Y sin embargo, allí está la delincuencia

Mentiras estelares

03paty11

El retorno de los videos

Las encuestas como propaganda

De frivolidad y propaganda negra

Candidatos: sanar la duda

Conciencia de la responsabilidad cívica