Alma Gloria Chávez
Gobiernos incluyentes
Sábado 20 de Junio de 2015
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“La democracia tiene un lenguaje propio. Para conocerlo es necesario aplicar principios como libertad, ética, respeto, honestidad, congruencia, equidad, solidaridad, dignidad, información, participación, pluralidad, organización y justicia”.
Ikram Antaki, en su Manual del ciudadano contemporáneo


Estos son tiempos de propiciar y continuar con los diálogos interrumpidos. Sinceramente, no tengo muy presente qué, cómo ni cuándo fue que quienes apostamos a la participación ciudadana empezamos a mostrar una especie de desánimo ante los “sucesivos eventos desafortunados” que permearon el ambiente social en nuestro estado (y de los que no salimos por completo), logrando hacer mella en muchos de nuestros propósitos, que sólo pretenden contribuir a lograr verdaderas y sustanciales mejoras en nuestra calidad de vida.
A través de los años, se va uno convirtiendo en “gente memoriosa” y no falta oportunidad para traer los recuerdos de experiencias que lograron marcar el devenir político del lugar que habitamos, reforzando así el convencimiento de que sólo mediante la participación bien informada es como se avanza hacia una auténtica democracia, basada en principios justos y equitativos, teniendo como anhelo la verdadera paz.
Fue en 2002, por ejemplo, que convocados por el gobierno de Michoacán, a través de la Secretaría de Planeación y Desarrollo Estatal, se realizó una serie de talleres de autodiagnóstico y elaboración de propuestas como parte de los compromisos que el titular del Ejecutivo adquirió con la ciudadanía, cuyos resultados fueron tomados en cuenta en la elaboración del Plan Integral de Desarrollo. Fueron talleres de carácter “territorial, sectorial y temático”, convocando a un número significativo y representativo de ciudadanos que en sesiones de entre ocho y nueve horas y mediante una participación activa, nos dimos a la tarea de elaborar autodiagnósticos sobre la situación de nuestras regiones, sectores o temas de interés. Junto a compañeras de nuestra asociación tuvimos oportunidad de participar en un taller territorial, uno de mujeres y otro de derechos humanos.
Seguramente, al pasar los años y los cambios administrativos, muchas de las propuestas (que dieron pie a proyectos, planes y programas de gobierno) se han ido diluyendo, desgastando, anquilosando o burocratizando, de tal manera que resultan irreconocibles, pero lo esencial se descubre en muchas prácticas que hace unos 30 o 40 años serían impensables. Y yo puedo afirmar convencida que esos cambios, aparentemente sutiles, son fruto de años de participación, organización y decisión ciudadanos.
En 2004, durante el Foro de Construcción del Plan de Desarrollo Regional Pátzcuaro-Zirahuén, intercambiando puntos de vista con amistades y conocidos, llegamos a coincidir en cómo resulta importante la participación ciudadana desde los distintos espacios en que nos desenvolvamos, buscando incorporar nuestras opiniones y propuestas en el debate sobre la mejor solución a los problemas que enfrentamos como sociedad. Precisamente, a ese foro se nos convocó para hacer una valoración del ejercicio de gobierno y generar, a partir de una valoración diagnóstica y de la construcción de propuestas, un nuevo esquema de política para alimentar el Plan de Desarrollo Regional del Estado. Seguramente estos ejercicios, inéditos en la historia reciente de nuestro estado, fueron minimizados por medios informativos (todavía bajo control político), por grupos empresariales o de individuos que buscan en la política sólo beneficios personales, dejando de lado todo lo que signifique bienestar social.
Actualmente Michoacán se prepara para cambios a nivel local y regional, y aunque sabemos que todo cambio implica cierto desequilibrio, debemos entender que resulta consecuencia lógica después del resquebrajamiento de muchísimos años de formas injustas y autoritarias de gobernar que ahora todavía se traducen en el control que desean imponer algunos grupos de intereses oscuros.
¿Cuántos años permanecimos ajenos a la participación política, permitiendo que nos impusieran una y otra vez autoridades que sólo gobernaban para un grupo privilegiado y que hasta se dieron el lujo de despojarnos de bienes patrimoniales? “Por lo menos ahora quienes gobiernan hablan de escuchar”, comenta un amigo pedagogo. “Pero eso no ha significado que además de escuchar lleven todo a consenso y se atienda de manera justa y equitativa… Y claro que no sólo se vale criticar, sino llamar a la participación: a asumir responsabilidades, a actuar con honestidad y cordura.”
Un buen amigo purépecha opinó con sobriedad: “Mira, todavía estamos lejos de alcanzar lo que nos proponemos, pero es cuestión de no desesperar. Apenas vamos entendiendo que merecemos un gobierno que nos trate como iguales, que no nos ofrezca limosnas, sino que atienda las necesidades reales de nuestra gente, de los barrios, colonias, pueblos y comunidades. Que realmente respete también nuestra cultura, que no quiera ‘asimilarnos’, que no se sirva de nuestras manifestaciones culturales y artesanales sólo como atractivo para los de afuera, sino que sea respetuoso de ellas y las fomente, promueva y difunda con la dignidad que merecen… merecemos. Pero creo que al pasito vamos avanzando. Si pedimos cambios, también nosotros debemos cambiar participando”.
Finalmente, una joven estudiante de preparatoria me ofreció esta reflexión: “Tengo una maestra que nos habla de que la violencia genera más violencia y yo le creo, por eso pienso que si no estamos de acuerdo en la manera de actuar de los gobernantes o funcionarios, debemos decirlo respetuosamente, con claridad, buscando siempre el bien común y no el interés de un solo grupo o el personal. Yo todavía no tengo edad para votar, pero me estoy preparando. Y sé que tengo derecho a opinar. Por ejemplo, yo pediría que les hicieran una evaluación a todos los funcionarios, sobre todo a los gobernantes”.
“Ser libre –dice Ikram Antaki- no es estar feliz refundido en casa sin participar en los asuntos públicos; es invertirse de manera ilustrada en la vida local. La democracia triunfa cuando se instaura una revolución del alma que modifica el orden simbólico de las representaciones: hombres y mujeres aprenden a mirarse como iguales”.

Sobre el autor
Alma Gloria Chávez Castillo. Oriunda de Pátzcuaro, realizó estudios formales en el lugar. Por interés personal complementó su formación con actividades artísticas como la pintura, la danza, el teatro y la pantomima. Su vocación de servicio le ha llevado a promover o insertarse en espacios culturales orientados a niños/as y jóvenes. Ha sido colaboradora fraterna con organizaciones indígenas de la región a través de espacios radiofónicos y prensa escrita. Promotora de lectura y cuenta-cuentos, fundadora y activista de grupos de mujeres, vive anhelando una sociedad libre de violencia.
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