Julio Santoyo Guerrero
¡Votamos por la democracia!
Lunes 8 de Junio de 2015
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Históricamente las elecciones intermedias no generan una gran concurrencia cívica a las urnas. Pero las que se realizaron ayer domingo no sólo tuvieron esta desventaja, también fueron desmotivadas por el desprestigio que arrastran de tiempo atrás los partidos políticos, la ineficacia de los gobiernos que administran los asuntos públicos de los mexicanos y la mediocridad de las campañas que la gran mayoría realizaron, no obstante el gasto millonario que tuvimos que pagar los mexicanos.
Muchos ciudadanos el día de ayer se negaron a ir a las urnas porque se convencieron que no tenían candidatos que les merecieran su confianza. Una cantidad considerable sufragó porque su creencia política está ligada a un partido, contra viento y marea. Pero muchos más hemos votado porque creemos en la democracia, y el valor de nuestro voto está dirigido a fortalecer el consenso social en torno al principio de que es la democracia el mejor medio para generar las transformaciones que el país necesita.
Muchos políticos y algunos partidos lejos de contribuir con este principio, por su mezquindad y estrechez, han dado pie al escepticismo sobre la democracia y al descrédito de las elecciones. Tal vez convenga a sus pragmáticos intereses confinar a los ciudadanos a la repulsa y a la apatía política para tener manga ancha a la hora de tomar decisiones y a la hora de manejar discrecionalmente los destinos de los gobiernos.
Cada acto de corrupción impune, cada actuación ineficaz de gobierno, cada omisión en el cumplimiento puntual del Estado de Derecho, cada permisividad de la injusticia, cada político mediocre, cada partido convertido en buitre de recursos públicos, representa un golpe a la democracia, porque a ojos de muchos incorrectamente aparece como la responsable, como la causa.
Lo cierto es que nuestra democracia no ha dado para un sistema de costumbres consolidadas en nuestra cultura política. Lo cierto y lamentable es que los liderazgos, que en su mayoría están en los partidos políticos muy poquito han hecho para construir esa cultura, porque en el fondo le temen a la participación de los ciudadanos, porque casi todos provienen de una cultura autoritaria que se forjó considerando al ciudadano como instrumento antes que como protagonista.
Para la gran mayoría que votamos ayer, independientemente del candidato o partido cruzado, sufragamos por algo mayor, que de verdad queremos y defenderemos siempre: la democracia y sus valores. Me cuento entre los que nos vemos cuestionando la actuación de políticos y partidos y tal vez tirándolos si es el caso, pero no me veo jamás tirando nuestra democracia, ni sus libertades. No me veo negando el derecho al voto de los mexicanos; no me veo negando la libertad de expresión, ni de reunión y manifestación; no me veo negando el derecho de las minorías.
La democracia no es la forma perfecta de gobierno, pero ha demostrado ser mejor que otras que se han intentado, dicen los clásicos, parafraseándolos. La democracia mexicana es perfectible pero hacerlo es responsabilidad no sólo de partidos y políticos es también responsabilidad de los ciudadanos. La votación de ayer domingo confirma el consenso: votamos por la democracia aunque los que se presentaron para ser electos por medios democráticos no hayan sido del todo de nuestro agrado.
En el horizonte inmediato nos espera un gran reto: motivar la participación de los ciudadanos para tomar en nuestras manos los instrumentos legales de la democracia y someter a los gobernantes al poder de la sociedad. Tenemos el reto de hacer productiva nuestra democracia y con ello reconstruir su prestigio y alejarnos de los diversos tipos de autoritarismo que rondan nuestra cultura, el mesianismo, el monarquismo, el caudillismo, y sus letales medios, la violencia, el fanatismo, la persecución, la impunidad y el cinismo.

Sobre el autor
Julio Santoyo Guerrero Estudió Filosofía en la UMSNH Docente desde 1983 Analista en medios impresos y electrónicos desde 1988 Articulista fundador de Cambio de Michoacán desde 1992.
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