Alma Gloria Chávez
La salud: cosa nuestra
Sábado 30 de Mayo de 2015

“Es un deber compartir todo lo que nos pueda ayudar a cuidar de nuestra salud, teniendo en cuenta que es un asunto de apoyo mutuo”.

Taller Pro-Salud Pátzcuaro, 1989.

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Durante el Encuentro Internacional de la Mujer realizado en Costa Rica, el año de 1987 fue que se constituye el día 28 de mayo como el Internacional de Acción por la Salud de la Mujer, dedicado a promover y ejecutar acciones encaminadas a orientar, difundir y reflexionar acerca de la mejor manera en la que puedan prestarse los servicios de atención médica a nuestro género y elevar las condiciones de vida bajo un Estado de Derecho, en donde prevalezcan la igualdad y la equidad.
Considerando que la salud de un país depende en esencia de las condiciones de vida de su población y de las bases económico-sociales en las que aquellas descansan, desde el punto de vista femenino, cualquier política encaminada a atender la prevención o afectaciones en materia de salud, tendrá que tomar como prioridad la atención a los problemas sociales y ambientales que nos rodean, de lo contrario, se encontrará encaminada al fracaso.
Actualmente, muchas mujeres (y varones también) sabemos que la salud no es sólo la ausencia de enfermedades y malestares. Como seres humanos, nuestra salud requiere de un estado de bienestar que mantenga en equilibrio lo físico, lo mental, lo emocional y lo espiritual, para conseguir vivir en armonía con nuestras familias y comunidades. Y para lograr ese estado de bienestar, necesitamos reconocer lo dañina que es la injusticia social y económica, y lo saludable que es atrevernos a participar en acciones que contribuyan a lograr un cambio en lo individual y en lo colectivo. Es un hecho indiscutible que las mujeres tenemos un papel importante en la protección (y procuración) de la salud familiar y comunitaria.
Hoy día, ante el panorama social que pudiera parecer desolador en nuestro entorno, se reconocen cada vez más las herramientas que las mujeres tenemos en nuestras manos y que, como nunca antes, debemos reforzar con muchas dosis de esperanza: nuestros conocimientos naturales, nuestros sentimientos solidarios, nuestra creatividad y compromiso para realizar las tareas de la vida cotidiana con entrega y amor; nuestras reservas de energía que siempre se descubren cuando más las necesitamos… y que resultan como los hilos que “remiendan” el tejido de valores humanos tan deteriorado.
La salud es un tema importantísimo en la vida de toda mujer. La educación sexual y reproductiva, la relación médico-paciente, las cirugías abusivas o la violencia y el despotismo médico, el abuso en la medicación, etcétera, nos han obligado a reflexionar, investigar y capacitarnos para entender que la salud es cosa nuestra… y que los prestadores de servicios de salud resultarían valiosos aliados al verdaderamente ejercer una profesión que requiere, ante todo, una ética a toda prueba.
Las políticas públicas de salud, que generalmente se elaboran a partir de los intereses económicos de los médicos, de los centros hospitalarios, de las industrias farmacéuticas y del resto de la industria médica, hoy requiere de nuestra participación, de lo contrario permitiremos que la medicina como institución se convierta en un instrumento de control social que afectará aún más la vida de nosotras, las mujeres, que apenas estamos logrando sentar las bases y las condiciones para que la relación médico-paciente deje de ser abusiva o paternalista.
Mujeres del Colectivo Taller-Salud de Puerto Rico, han reflexionado y testimoniado para todas: “Hoy reafirmamos que el trabajo en salud es un asunto político-feminista porque la salud ha comenzado a ser, de nuevo, un ámbito de mujeres. Tradicionalmente, esta sabiduría había estado en manos de mujeres: magas, curanderas, parteras, yerberas. Con el tiempo, se fue masculinizando, cuando los hombres se percataron de que tanto el control y la explotación de nuestros cuerpos, como nuestra capacidad reproductiva podría enriquecerlos. Se apropiaron del conocimiento y, por lo tanto, también del poder sobre nuestros cuerpos y nuestras vidas. Las mujeres somos las que ocupamos el mayor número de puestos de trabajo en el sistema de salud y las que más consumimos sus servicios. Sin embargo, nuestra presencia en las esferas del poder de decisión sobre la organización y las políticas de salud es casi invisible”.
Sin duda, somos mayoritariamente las mujeres quienes nos damos cuenta de que en los servicios de salud existen todavía muchísimas carencias y falta de sensibilidad para poder hablar de un auténtico “bienestar social”. Aún sin reconocimiento, tradicionalmente somos las mujeres quienes velamos por la salud de nuestras hijas e hijos, de nuestras parejas, de nuestros padres, abuelos/as, suegros/as y otros parientes y seguimos ejerciendo la función de curanderas o enfermeras, pero apenas tenemos casi ningún poder para cambiar -o al menos influir en él- el sistema médico dominado por una mentalidad patriarcal.
¿Qué hemos descubierto muchas mujeres, respeto a la salud? Primeramente, que es cosa nuestra y que tenemos derecho a ser informadas y orientadas por los médicos y prestadores/as de ese servicio, de todo lo que sea necesario o conveniente para ayudar a nuestro organismo a recuperar su buen funcionamiento o equilibrio. Necesitamos información en lo que se refiere a nuestros cuerpos y a nuestro sistema de atención médica, para así obtener un buen manejo de nuestras vidas. Sólo ese conocimiento nos permitirá hacer las mejores elecciones y ejercitar las convenientes acciones para lograr el equilibrio deseado.
Este 28 de mayo, conmemorando el Día Internacional de Acción por la Salud de la Mujer, muchas mujeres, en diversas latitudes, reiteramos el compromiso hacia nuestro propio ser: preparémonos para ejercer el indiscutible derecho que tenemos a vivir una vida plena, sana, honesta y en libertad.

Sobre el autor
Alma Gloria Chávez Castillo. Oriunda de Pátzcuaro, realizó estudios formales en el lugar. Por interés personal complementó su formación con actividades artísticas como la pintura, la danza, el teatro y la pantomima. Su vocación de servicio le ha llevado a promover o insertarse en espacios culturales orientados a niños/as y jóvenes. Ha sido colaboradora fraterna con organizaciones indígenas de la región a través de espacios radiofónicos y prensa escrita. Promotora de lectura y cuenta-cuentos, fundadora y activista de grupos de mujeres, vive anhelando una sociedad libre de violencia.
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