Rogelio Macías Sánchez
Algo de música
Los tiempos cambian
Lunes 11 de Mayo de 2015
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El pasado miércoles 6 de mayo se dio un miniconcierto más de la Orquesta de Cámara de la Universidad Michoacana (OCUM), dirigida por su titular, el maestro Mario Rodríguez Taboada. Fue en su casa, el Auditorio Nicolaita del Centro Cultural Universitario, y pasó como un concierto regular de su actual temporada, austero por donde se le vea. Muy breve, sin atrilista invitado alguno y con solistas que son jóvenes estudiantes o recién graduados de las escuelas de música locales. Sé que por su actuación les pagan muy poco o nada; ellos tocan “por amor al arte” y por darse a conocer. Así viene siendo desde hace algunos meses.
Lo que llamó la atención en esta ocasión es que el concierto se dio en el marco de la fiesta mayor de la Universidad Michoacana, el 8 de mayo, Aniversario del Nacimiento de don Miguel Hidalgo y Costilla, rector y guía espiritual por siempre de la institución.
¡Ay, qué tiempos aquellos de hace diez o quince años!, aunque esta frase resulte pesada y anticuada. Entonces, el concierto de la OCUM era el evento central de cultura del festejo. Se daba en la fecha festiva, se invitaban atrilistas, tantos hasta completar una orquesta sinfónica de buen tamaño, se cambiaba de sede al Teatro Ocampo, al Morelos o al gimnasio de Ciudad Universitaria, se ponían piezas sinfónicas complejas y grandes obras corales. El director siempre fue Mario Rodríguez Taboada y los solistas eran de privilegio, mexicanos o extranjeros. Los recintos se adornaban profusamente con flores y al evento acudían el rector, funcionarios universitarios e invitados especiales de Michoacán y de otros lares. Más de una vez estuvo el gobernador. Eran verdaderas funciones de gala. Nada que ver con la del pasado miércoles.
Es que en nuestro estado ya no hay dinero para nada, casi ni para comer. Se lo han malgastado y acabado y se está al borde del colapso económico con todas sus gravísimas consecuencias sociales, que las políticas no importarán. Por supuesto que no hay ni para un triste ramito de flores en el centro del escenario donde la OCUM toca en la fiesta grande de la Universidad.
El programa del pasado miércoles 6 de mayo cumplió con un precepto actual de la orquesta: “No más de una hora”, y eso que en el último momento le agregaron tres piececitas. Primero fue una muy breve danza folclórica rusa transcrita para orquesta de cuerdas por Sergei Zajarovich Aslamazian, que perdió enormemente en belleza y vigor con tal transcripción. Hubo cuatro piezas de compositores virginalistas ingleses de los siglos XVI y XVII (el virginal era un pequeño clavecín rectangular usado por allá). La transcripción para orquesta de cuerdas del italiano Franco Margola les hace ganar volumen, pero deshace su espíritu y sentimiento originales. Un Andante (Berceuse) y un Allegro, del japonés Yasushi Akutagawa, cerraron el programa. Es música de corte clásico occidental moderno pero antiguo, muy plano, sin elemento oriental alguno y con clara influencia de la música soviética de los años 50 del siglo pasado. La verdad es que “no es ni chicha ni limonada”, no tiene oficio, no dice nada y no genera emoción alguna. La ventaja es que son breves y no permiten juzgar la ejecución por parte de la orquesta.
Lo que salvó el programa y nos brindó un espacio de verdadera emoción estética fue el Concierto para dos violonchelos y cuerdas, de Antonio Vivaldi (1678-1741), que se tocó después de la danza rusa y de dos de las piececitas agregadas, antes del intermedio. Los solistas fueron Carlos Humberto Cantú y Auryn Villegas Hernández, que con la OCUM y bajo la dirección de Mario Rodríguez Taboada, nos ofrecieron una versión aseada de la obra, sin fallas mayores, muy en el sentido y sentimiento de Vivaldi, cálido y luminoso. Lo malo es que, como todo concerto grosso de Vivaldi, y a pesar de sus tres movimientos, es breve. Pero no necesita más cuando se da bien.
Hasta la próxima.

Sobre el autor
Rogelio Macías Sánchez Médico cirujano por la UNAM, Especialidades de Neurología y Neurocirugía. Con ellas, ha ejercido en instituciones oficiales y en la práctica privada. Catedrático de la Universidad Michoacana Amante de la música clásica desde sus primeros años por inducción familiar, se desarrolló como melómano cultivado por iniciativa propia. Por confluencia de circunstancias se ha desarrollado como periodista aficionado en el ámbito cultural en la crónica y crítica de música clásica. También, y auténticamente por amor al arte, ha sido promotor de eventos magníficos de música clásica en Morelia.
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