Domingo 3 de Mayo de 2015
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Ellos, los candidatos, lo saben. Los tres aspirantes fuertes saben que están técnicamente empatados. Que han llegado numéricamente casi al mismo sitio que tenían en la elección del 2011. Entienden, para sus cálculos, que la elección nuevamente será de tercios. Y por más que quieran disfrazar con propaganda triunfalista el empate y el atascamiento, la verdad es que sus propios mensajes comunican confusión y desesperanza. Cada cual ya conoce las fortalezas y las debilidades de sus adversarios, porque la historia de sus candidatos y la de sus partidos no se está escribiendo hace 29 días sino de hace bastantes años. Y han estudiado también que los positivos y los negativos de cada aspirante llevados a la realización los vuelven a colocar en el mismo aprieto del empate técnico.
Falta prácticamente un mes para la elección y ya se ha visto que ni siquiera la guerra sucia ha sido suficiente para tumbarle los suficientes puntos al adversario para tomar la ventaja holgada que los anhelos de certidumbre les demandan para alardear de un discurso realmente victorioso. Y perderán el tiempo invirtiendo recursos en construir narrativas de victoria adelantada cuando entre los electores las tendencias ya no encuentran la fuerza para moverse más en favor de uno que de otro aspirante.
Cada cual parece que ha llegado al punto en que los equilibra o el voto duro del partido, o la fortaleza del candidato o el desprestigio insalvable o la abstención de más del 50 por ciento de los electores o el derroche de recursos. Hasta ahora parece que nada rompe ese tenso equilibrio, no lo logró el “debate” ni tampoco lo está logrando la propaganda del postdebate. Y la pregunta que ronda a todos los estrategas de las campañas y a los propios candidatos es ¿Qué debe hacerse para romper el sitio del empate y tomar la ventaja?
Y tratando los estrategas de contestar la pregunta es que se puede imponer la tentación del diablo. Pueden privilegiar no las acciones de política correcta (aunque es claro que no siempre lo han hecho) sino valerse exclusivamente de estrategias negras, no éticas. Así que podríamos ver en el segundo mes de campañas el recrudecimiento de la guerra sucia, filtración de videos, audios y fotografías, espionaje de llamadas telefónicas, difusión de propaganda apócrifa y revelación de historias personales. Podríamos ver también un desaforado uso de recursos para la compra del voto o el no voto de los sectores duros del adversario. Pero lo más riesgoso es que en la desesperanza los operadores políticos recurran o se dejen seducir por la delincuencia organizada para que les operen financiera y electoralmente la campaña en algunas regiones del estado.
El empate técnico coloca la elección de gobernador de Michoacán en un terreno de fragilidad política evidente para la realización de un triunfador. Las posibilidades de que los grupos de poder fáctico de toda naturaleza se ofrezcan para dar el empujón que el candidato necesita, no son un asunto de especulación, han estado presentes en las últimas elecciones michoacanas que también han sido de tercios y el resultado es que los gobiernos que así han sido electos han tenido que conceder posiciones e intereses a sus apoyantes, el último de estos funestos acontecimientos llevó al gobernador interino Jesús Reyna a la cárcel.
El empate técnico lleva la elección michoacana también a la mesa de la negociación política de los actores nacionales, en primerísimo lugar a la del presidente de la República y luego a la de las élites de los partidos políticos. Y es que Michoacán puede convertirse en una pieza estratégica para la recomposición del escenario nacional para la segunda mitad del gobierno peñista. La generación de 2 o 3 puntos porcentuales para cualquiera de los candidatos para hacerlos ganadores es un asunto que puede ser operado en el mes faltante de campañas sin que suponga esfuerzos imposibles.
La tentación del diablo es que la elección pues termine siendo decidida no totalmente por los ciudadanos sino por las élites políticas o peor por la operación de la delincuencia organizada. Y si el origen del nuevo gobierno no tiene sólo la legitimidad de la voluntad ciudadana sino la intromisión de los poderes fácticos Michoacán no habrá salido de la crisis que ha arrastrado en los últimos años. Estaremos, otra vez, repitiendo la historia. Sin embargo, es claro que la densa y adversa realidad nos trasciende.

Sobre el autor
Julio Santoyo Guerrero Estudió Filosofía en la UMSNH Docente desde 1983 Analista en medios impresos y electrónicos desde 1988 Articulista fundador de Cambio de Michoacán desde 1992.
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