Julio Santoyo Guerrero
El retorno de los videos
Domingo 26 de Abril de 2015
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El negro capítulo no estaba cerrado. No está cerrado. En reiteradas entregas advertimos que los videos, audios y fotografías que oportunamente administraba uno de los líderes del crimen organizado, aparte de tener algún valor inculpatorio tenían un valor altamente político por el perfil de los personajes exhibidos. Advertíamos también que los extensos vínculos que las élites de la clase política michoacana tenían con la delincuencia -por la razón que fuera- la hacían completamente vulnerable en el presente, pero sobre todo en su futuro electoral.
Una y otra vez, junto a otros comentaristas y políticos, sostuvimos que para que los michoacanos llegáramos con certidumbre a las campañas electorales, las autoridades judiciales debían hacer bien su trabajo para que toda duda o especulación fuera descartada como motivo de cuestionamiento electoral. Fueron primero los partidos los que con voluntarismo enarbolaron la bandera del blindaje y dieron por saneadas sus filas. Unos y otros adoptaron supuestos protocolos de seguridad para evitar que malos candidatos obtuvieran el registro e incluso exigieron a la procuraduría respectiva que extendiera, si así procedía, actas de no antecedentes penales, o proporcionara información acerca de si sus candidatos estaban siendo investigados por actos criminales.
La detención en febrero del mediático líder criminal coincidió con el cese de la filtración de videos y audios dando así cierto crédito a la versión de que era de “La Tuta” la mano que operaba la difusión de dichos materiales. El hecho atenuaba la otra versión, la de que también desde el gobierno federal se manipulaba el uso de esos materiales decomisados al narco para fines meramente políticos. A nadie escapaba la extraña coincidencia de que tales videos aparecían en el justo momento que se necesitaban para influir en determinados escenarios políticos. Durante mucho tiempo la pugna por el poder político en Michoacán se articuló con la agenda impuesta por los narcovideos. El poder y subordinación que el ex comisionado Castillo ejerció en el estado sobre las débiles élites partidarias fue gracias a la fuerza reveladora de esos videos. Para Castillo fueron un extraordinario y eficaz medio de chantaje y control sobre los políticos locales hasta la hora de su destitución.
La puesta en circulación en días recientes de un “nuevo” video confirma que tales materiales, en manos del gobierno federal no son ni han sido empleados, como se ha verificado por algunas investigaciones periodísticas, con fines necesariamente legales para procesar a quienes están o estaban coludidos con el narco, sino que están siendo utilizados para fines estrictamente político electorales. La autoridad correspondiente no se ha pronunciado sobre el origen del material, ni tampoco sobre el valor jurídico del mismo o las implicaciones legales para quienes en él aparecen en imágenes o son mencionados por su nombre. El vacío legal que se puede apreciar en torno al caso, premeditado o no, resulta en el mejor caldo de cultivo para la especulación y en la mejor plataforma para escalar la guerra sucia electoral.
El retorno de los narcovideos no es una casualidad política. Su presencia en el escenario electoral es precisa: los estrategas que los están utilizando han verificado que a 22 días del inicio de las campañas su o sus candidatos no están creciendo lo suficiente para ganar la elección a través de los recursos ya utilizados o de otros medios más “correctos”. Si esta es la percepción que tienen de su realidad los administradores de los videos, no es difícil advertir que los días que vienen estarán marcados por el escándalo de nuevas filtraciones para modificar de manera importante las tendencias de preferencia electoral.
Las posibilidades de que las campañas electorales se transformen en contiendas de zahúrda son elevadas. Ya nos lo están probando. Y con ello pueden efectivamente tumbar y ganar puntos y llevarse la elección incluso. En lo que no han pensado es que habrán terminado con el poco prestigio que hoy tienen los políticos, y es lo único cierto que quedará después de una campaña así. En lo que no han pensado es que no podrán gobernar a Michoacán desde el desprestigio. No han pensado en que llegarán tan débiles que por su irresponsabilidad Michoacán va a repetir la historia de la que estamos queriendo huir.

Sobre el autor
Julio Santoyo Guerrero Estudió Filosofía en la UMSNH Docente desde 1983 Analista en medios impresos y electrónicos desde 1988 Articulista fundador de Cambio de Michoacán desde 1992.
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