Alma Gloria Chávez
Galeano: siempre recordado
Viernes 24 de Abril de 2015

“Eduardo Galeano nos animó a amar la lectura; a conocer lo profundo de nuestra historia y a reconocer en la tierra el origen, el presente y el volver a ser”.

David, comandante zapatista

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“Cronista de la esperanza”, “filósofo de la naciente alegría”, “poeta del dolor”… y del amor; historiador polémico y repudiado por las dictaduras militares y “democráticas” del Continente, han sido algunas de las calificaciones que se han hecho en torno a Galeano, el eterno exiliado, el que escribiendo permitió hablar a los protagonistas de hechos y acontecimientos, sin alteración ni manipulación de quienes, llevados por la fama, se convierten en escribanos del poder y mutilan nuestra historia.
Eduardo Hughs Galeano, uruguayo de nacimiento, americano por convicción y ciudadano del planeta Tierra “de corazón”, ha pasado al lugar de los siempre recordados, en la misma época del año que lo hicieran Cervantes Saavedra, Shakespeare, García Márquez y Günter Grass. En el mismo mes que celebramos a los Pueblos Originarios, a la Madre Tierra, al Libro y a la Lectura, la fuente inagotable del saber.
De los Pueblos Indios (los originarios de cualquier territorio habitado), nos narraba: “El shamán de los indios chamacocos de Paraguay, canta a las estrellas…: -No sufras hambre, no sufras sed. Súbete a mis alas y comeremos peces del río y beberemos el viento-. Y canta lo que cuenta la neblina: -vengo a cortar la helada, para que tu pueblo no sufra frío-. Y canta lo que le cuentan los caballos del cielo: -Ensíllanos y vamos en busca de la lluvia-.” O bien, los breves relatos que estremecen las conciencias: “El arzobispo Desmond Tutu se refiere al África, pero también vale para América: -Vinieron. Ellos tenían La Biblia y nosotros teníamos la tierra. Y nos dijeron: cierren los ojos y recen. Y cuando abrimos los ojos, ellos tenían la tierra y nosotros teníamos La Biblia”. Galeano concluye: “América Latina trata a sus indio/as, como las grandes potencias tratan a América Latina”.
Como escritor-cronista. Eduardo Galeano no cesaba de asombrarse (y asombrarnos) con los descubrimientos que hacía en la historia sencilla y cotidiana: “La historia real de América Latina y de América toda, es una asombrosa fuente de dignidad y de belleza; pero la dignidad y la belleza, hermanas siamesas de la humillación y el horror, rara vez asoman en la historia oficial. Los vencedores, que justifican sus privilegios por el derecho de herencia, imponen su propia memoria como memoria única y obligatoria. La historia oficial, vitrina donde el sistema exhibe sus viejos disfraces, miente por lo que dice y más miente por lo que calla. Este desfile de héroes enmascarados reduce nuestra deslumbrante realidad al ridículo espectáculo de la victoria de los ricos, los blancos, los machos y los militares”.
Por Galeano, sin duda, muchos/as nos interesamos en conocer más a nuestros pueblos indios y la filosofía de muchas culturas cuyos herederos, hoy día, se encuentran agredidos y despojados de lo que dio origen y sustento a su particular forma de concebir la existencia: la tierra, los bosques, aguas y otros recursos de la naturaleza, que mentes ambiciosas sólo consideran artículos que pueden comprarse o robarse, venderse y explotarse hasta el agotamiento.
También lo afirma Galeano en su libro Ser como ellos: “En los últimos veinte años, mientras se triplicaba la humanidad, la erosión asesinó el equivalente de toda la superficie cultivable de los Estados Unidos. El mundo, convertido en mercado y mercancía, está perdiendo quince millones de hectáreas de bosques cada año. De ellas, seis millones se convierten en desiertos. La naturaleza, humillada, ha sido puesta al servicio de la acumulación del capital. Se envenena la tierra, el agua y el aire para que el dinero genere más dinero sin que caiga la tasa de ganancia. Eficiente es quien gana más en menos tiempo”.
En épocas de deshumanización, lejanas (y extrañas) resuenan las voces de quienes encuentran en cada acto cotidiano, el sentido de lo sagrado: “Toda nuestra existencia está hecha de reverencia -consideran los Dakota del norte-. Nuestros rituales renuevan la armonía sagrada que hay en nosotros/as. Cada uno de nuestros actos es una ceremonia que recuerda nuestra pertenencia a la Madre Tierra y nuestro parentesco con todos sus hijos. Lo espiritual y lo físico son uno: la divinidad y la naturaleza se encuentran en quienes somos parte de la humanidad. Vivir con sentido de lo sagrado significa mantenerse y andar derecho; respetar a nuestros hermanos y hermanas de las diferentes naciones y especies. Es abrirnos como el aire, como el cielo, a fin de conocer las montañas, las aguas, el viento, las luces del cielo, las plantas y los animales de cualquier especie. Es respetar los comportamientos sagrados”.
Eduardo Galeano ha sido una voz de los sin voz. De quienes todavía albergan esperanzas y creen en los cronopios y en las magas. De quienes sienten dolor, temor y rabia; de quienes, aún con sus vidas, defienden el territorio sagrado que les ha dado razón de ser y de existir. Voz de los mayores, de las abuelas y madres de desaparecidos/as; de exiliados, emigrados y excluidos en su propia tierra; voz también de mujeres insumisas e insurrectas… y de jóvenes nacientes una y otra vez.
Termino esta columna agradeciendo a Fernanda Navarro por haberme ofrecido la oportunidad de estrechar la mano y sellar con un abrazo el encuentro que tuve con Eduardo Galeano en nuestro Museo de Pátzcuaro. Corría el año 1991 y recién publicado El libro de los abrazos.
Aquí en Pátzcuaro, desafortunadamente, no hemos logrado crear el interés suficiente para celebrar a la Tierra, al Libro, a la Lectura… y a tan extraordinarios escritores.

Sobre el autor
Alma Gloria Chávez Castillo. Oriunda de Pátzcuaro, realizó estudios formales en el lugar. Por interés personal complementó su formación con actividades artísticas como la pintura, la danza, el teatro y la pantomima. Su vocación de servicio le ha llevado a promover o insertarse en espacios culturales orientados a niños/as y jóvenes. Ha sido colaboradora fraterna con organizaciones indígenas de la región a través de espacios radiofónicos y prensa escrita. Promotora de lectura y cuenta-cuentos, fundadora y activista de grupos de mujeres, vive anhelando una sociedad libre de violencia.
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