José Padilla Alegre
El derecho y sus glosas
El proceso de Cristo y los derechos humanos
Viernes 17 de Abril de 2015

Tercera parte Sinopsis.

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En la primera parte, se habló del Imperio Romano y su manejo político-jurídico con los pueblos sometidos y dentro de ellos con Israel, así como de la importancia histórica del nacimiento de Jesús y en la anterior entrega, se analizó el contenido de la ley penal del pueblo de Israel, los derechos fundamentales en la Constitución Mexicana para cualquier persona sujeta a un procedimiento penal y el proceso religioso de Jesús de Nazaret, ahora toca analizar.
5.2. El proceso político. Como ya se dejó anotado Roma establecía un control político sobre los pueblos conquistados a través de un procurador, que en el tiempo del proceso de Cristo, el procurador romano de Judea era Poncio Pilatos, el cual residía habitualmente en la Cesárea Marítima, pero con motivo de algunas festividades (se iba a celebrar la Pascua -máxima festividad Hebrea-) acostumbraba trasladarse a Jerusalén; ante el cual acudieron los miembros del Sanedrín, ya que una vez pronunciada la condena de Jesús a la pena capital, al Sanedrín se le planteaba el problema de la ejecución de la sentencia, la cual únicamente podía ser ordenada por el procurador romano, quien ostentaba el ius gladii o derecho de espada (o sea de dar muerte); y una vez ante él en el Pretorio (lugar donde el juez romano desempeñaba su oficio, constituido por el tribunal que era una tarima semicircular, transportable, y por la silla curul, colocada en el centro), aquel les pregunto: “...¿Qué acusación traéis contra este hombre?...”, a lo que le contestaron que estaba sublevando al pueblo judío contra la autoridad romana arengándolos a negar el tributo al César y proclamándose así mismo Cristo Rey; por lo que Pilatos le preguntó a Jesús “...¿Eres tú el Rey de los Judíos? A lo que Jesús le contestó con otra pregunta “... ¿Lo dices tú por tu cuenta, u otros te lo han dicho de mí?...”. Y como Pilatos no era judío le comentó que los de su nación lo habían puesto en sus manos por lo que le preguntó “... ¿Qué has hecho?...” Y Jesús le contestó “... Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo mis ministros combatirían para que yo fuese entregado a los judíos. Y Pilatos dijo: “... Luego, ¿tú eres rey? Y Jesús afirmo “... ¡Tú lo dices, porque yo lo soy! Por esto he nacido, por esto he venido al mundo para dar testimonio de la verdad. Quien está de parte de la verdad escucha mi vos...”, a lo que finalmente Pilatos exclamó “... ¿Pero qué es la verdad?...”, y sin esperar la respuesta terminó el interrogatorio formal.
A continuación, el procurador romano declaró solemne a los sacerdotes y a su séquito: “...Yo no encuentro ninguna culpa en este hombre...”, con lo que Poncio Pilatos había declarado inocente a Cristo; ante lo cual los acusadores del Nazareno habían gritado “...Solivianta al pueblo y enseña por toda Judea, tras haber empezado por Galilea...”, y al escuchar el nombre de este pueblo Pilatos encontró un pretexto para desembarazarse de la situación por lo que remitió al acusado con Herodes, por considerar que Jesús era de Galilea, ya que Herodes era el tetrarca de Galilea, pues la competencia en la antigüedad para el derecho romano era determinada por el lugar del arresto o del cumplimiento de la acción delictiva.
Jesús compareció ante Herodes en el Palacio de los Asmoneos, en donde se interrogó largo rato a Jesús, pero éste nunca respondió, desdeñándolo con su silencio y no reconociéndole autoridad alguna. Sin embargo aquel en su soberbia de príncipe oriental, quiso castigar el mutismo del Nazareno y antes de volverlo a enviar al procurador romano, lo mandó cubrir con un manto blanco, tal como se acostumbraba hacer con los locos.
Abandonada la morada de Herodes Antipas, Jesús fue conducido nuevamente ante Poncio Pilatos.
Y una vez ahí Pilatos, dirigiéndose a los principales sacerdotes y a su séquito, declaró solemne: “...Me habéis presentado a este hombre como un subversor, y he aquí que, tras haberlo interrogado ante vosotros, no he encontrado en él ninguna de las culpas de las que lo acusáis: ni tampoco Herodes, puesto que me lo ha devuelto. No ha cometido nada que lo haga merecedor de la muerte...”.
Ahora bien, tomando en consideración que se acercaba la Pascua y con motivo de ella, en un acto de clemencia el procurador romano concedía un indulto a un condenado a muerte, por lo que Poncio Pilatos les preguntó a los judíos a quién querían que se le indultara de los detenidos, a Jesús o a Barrabás, y en un momento dado Claudia Procula, esposa de Poncio Pilatos, le mandó decir “...No te mezcles con los asuntos de aquel justo, porque yo he tenido un sueño que me ha turbado mucho a causa de él. Por lo que al volver a preguntar a la multitud ellos gritaban sobre Jesús que lo crucificara, no obstante que Jesús para esos momentos era totalmente inocente, por lo que Pilatos hizo traer una palangana con agua y se lavó las manos en público declarando: “...Soy inocente de la sangre de este justo, decididlo vosotros...”, para evitar cualquier responsabilidad, pero la multitud no se impresionó con el ademán y respondió con las graves palabras “...Que su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos...”; por lo que acto seguido Pilatos ordenó flagelar a Jesús y una vez infringido ese castigo lo presentó ante los judíos con el ánimo de que pudieran llegar al arrepentimiento pero estos lejos de ello, gritaron aún más fuerte: “...¡ Crucifícalo, crucifícalo, crucifícalo!...”, y no obstante que Pilatos realizó otros intentos por salvar al hijo del hombre, esto no fue posible, por lo que fue llevado Jesús a la parte de afuera del Pretorio, en donde Pilatos mandó instalar el tribunal con la silla curul en presencia de los acusadores y les dijo: “... He aquí a vuestro Rey. ¿Tengo que crucificarlo? Y en esos momentos el magistrado romano entregó a Jesús en manos de los verdugos a fin de que fuese crucificado, los cuales se lo llevaron y como último acto procesal, Poncio Pilatos escribió en una tablilla las palabras INRI, que significan Jesús Nazareno Rey de los Judíos, es decir, el título de la condena que –compilada en latín, griego y hebreo- fue colocada encima de la cruz.
6. Análisis de la ley judía, romana y mexicana en el proceso de Cristo.
6.1. Ley judía y el proceso religioso de Cristo. De lo hasta aquí expuesto podemos concluir que la causa por la que el gran Sanedrín de Jerusalén quiso arrestar y matar a Cristo fue porque con su filosofía trastocaba el status quo, así como la estructura económica que ellos tenían para con el pueblo de Israel, por lo que planearon acusar de blasfemia, entendiendo por ésta a la circunstancia de atribuirle a Jesús el haberse proclamado como mesías -el salvador del pueblo- así como hijo de Dios y por sedición entendiendo a ésta como la rebelión en contra del judaísmo por la amenaza en contra de la destrucción del templo de Jerusalén.
Las dos acusaciones anteriores, como se vio en el proceso religioso, no fueron debidamente sustentadas ya que los testigos debían coincidir tanto en la substancia como en el hecho, además de que estos debían ser amonestados severamente, lo que no ocurrió en ningún momento del proceso religioso, violentándose con ello el cuarto ordenamiento del Misná que era el reglamento interior del gran Sanedrín tampoco se observó lo relativo a que el blasfemo no es culpable en tanto no mencione explícitamente el nombre de Dios, lo que tampoco resultó cierto ya que a las dos preguntas expresas sobre el particular, Jesús siempre contestó que ellos lo decían, pero nunca salió de su labios el nombre de Dios, por tanto no cometió blasfemia y pese a ello, esa fue una de las dos acusaciones por las que lo llevaron a la cruz y con ello a la muerte, lo anterior se puede advertir de los diálogos que tuvo Jesús ante Anás y Caifás en cuanto presidente del Gran Sanedrín y en que se concluye que propiamente Jesús no pronunció el nombre de Dios, otras de la violaciones flagrantes a la disposición hebrea lo constituyó la circunstancia de que nadie podía ser juez y acusador y en el caso que nos ocupa, Caifás desempeñó ambas funciones.
También el arresto de Jesús a la luz de la ley hebrea fue contraria a sus disposiciones, pues para que se diera una detención ésta debía estar precedida de una imputación y el arresto sólo constituía una garantía para conservar la custodia del indiciado hasta el momento del juicio y en el proceso a estudio no existía para la hora de su detención imputación alguna y el arresto tenía el propósito de fabricarle los delitos (blasfemia y sedición) para condenarlo de muerte.
De la misma manera hubo violación flagrante a la ley judía el hecho de haber detenido a Jesús por la noche y en la misma procesarlo y condenarlo, cuando el ordenamiento en estudio prohibía expresamente que ese tipo de asunto fueran tratados de noche, pues sólo era posible hacerlo en el día y sólo de 9:00 de la mañana a 4:00 de la tarde, y no como sucedió con Cristo que lo aprehendieron a las 2:00 de la mañana y para las 6:00 de la mañana del día siguiente, lo pusieron a la disposición de Poncio Pilatos, una vez que el Gran Sanedrín lo había procesado y condenado, lo que ocurrió en aproximadamente cuatro horas.
Y en el colmo de la irregularidad jurídica en el proceso religioso, fue que, ni siquiera el propio procesado conoció el texto definitivo de dicha sentencia a muerte dictada por el Gran Sanedrín (Jesús de Nazaret murió sin saber “oficialmente” su causa).
Continuará.

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