Julio Santoyo Guerrero
De frivolidad y propaganda negra
Lunes 13 de Abril de 2015
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No se le pueden pedir peras al olmo, dice el refrán popular. Y es cierto, por más que se ha insistido en que la elección del 7 de junio es una extraordinaria oportunidad para que Michoacán salga del atolladero en que se encuentra y en que los políticos que están participando como candidatos hagan campañas de altura para que los ciudadanos puedan argumentar su voto y puedan desde las urnas decidir los cambios, lo real es que las campañas están siendo una reedición de más de lo mismo.
Salvo ciertos discursos de los candidatos al gobierno de Michoacán que tratan de abordar la agenda más sentida por los ciudadanos como seguridad, finanzas, educación, empleo y salud, con propuestas que hasta ahora son apenas insinuaciones medianas, las campañas a los poderes legislativos no alcanzan siquiera a reflejar un proyecto propio y diferenciado. Las estrategias de los partidos y sus candidatos no han logrado centrarse en las propuestas como medio para atraer el voto, y a una semana de campañas la tendencia hacia la frivolidad y la propaganda negra está dominando los ánimos de los “cuartos de guerra” que han instalado los candidatos.
El riesgo de que las campañas terminen convertidas en una orgía de frivolidades y en juegos de zahúrda proviene del propio perfil que hicieron elegir las élites de los partidos. Muchos de los aspirantes formaron parte de los grupos de poder que descarrilaron a Michoacán en el pasado reciente y nos demostraron que su compromiso jamás estuvo con los michoacanos; la mayoría de ellos le deben su carrera política a las élites que los promovieron y no a liderazgos forjados al lado de los michoacanos en los duros momentos que vivió, por ejemplo, con la crisis humanitaria de seguridad, ante el avasallamiento de la soberanía michoacana en la época de Castillo, o frente al saqueo de las finanzas públicas.
Cuando los partidos y sus candidatos recurren a la frivolidad y a la propaganda negra como estrategia para ganar es porque en el fondo desprecian a los ciudadanos, menosprecian su cultura política y pretenden usarlos como sujetos de manipulación, pretendiendo alejarlos de las urnas o bien prejuiciando su criterio con respecto a los contendientes. La frivolidad y las campañas negras no aportan nada positivo a la educación cívica de los votantes, envenenan y contaminan la conciencia política, y al hacerlo violentan la obligación constitucional de los partidos de educar a la ciudadanía en sus derechos y deberes políticos.
No podía pedírsele peras al olmo. Muchos en la clase política michoacana siguen sin entender el elevado nivel de repudio que los electores sienten por ellos, les sigue importando un comino la agenda de la sociedad, siguen creyendo que la única agenda posible es la propia, la que sólo tiene puestos los ojos en los ostentosos ingresos que desean cobrar ganando la elección, la que sólo pretende solazarse con el disfrute egoísta, megalómano del poder político.
En política, también, no se pueden lograr cosas nuevas siguiendo las rutinas de siempre, parafraseando a Einstein. Y es verdaderamente reprochable que los aspirantes, en su mayoría, estén haciendo lo mismo de siempre, y con ello estén condenando la oportunidad del 7 de junio a otro fracaso político. Quiere decir que los partidos y sus élites dirigentes eligieron mal a sus candidatos, que los eligieron para aparentar el cambio, para hacer creer que las cosas cambiarían para realmente no cambiar nada, para ejercer el más vulgar de los gatopardismos. Deben ser conscientes de su responsabilidad, de que esta ruta es el camino más eficaz para desprestigiar la democracia electoral y para alentar toda suerte de autoritarismos.
Los ciudadanos debemos ser exigentes, debemos rechazar todas las estrategias que vulgarizan, frivolizan, violentan y ennegrecen la oferta política. Debemos exigir estatura ética, inteligencia en las propuestas y todo el respeto a los electores. Los michoacanos nos merecemos campañas de ideas, de proyectos, de alternativas, de candidatos que hablen de frente y mirando a los ojos, no campañas de botargas, de rostros retocados, de símbolos subliminales y de compra de votos.

Sobre el autor
Julio Santoyo Guerrero Estudió Filosofía en la UMSNH Docente desde 1983 Analista en medios impresos y electrónicos desde 1988 Articulista fundador de Cambio de Michoacán desde 1992.
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