José Padilla Alegre
El derecho y sus glosas
El proceso de Cristo y los derechos humanos
Viernes 10 de Abril de 2015

Segunda parte

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Sinopsis de la anterior entrega. Se dejó anotado que con el nacimiento de Jesús de Nazaret, la historia en occidente es antes y después de él, se estableció el contexto de Israel desde el punto de vista geográfico, político y religioso, también se señaló la forma en que Roma manejaba la situación político-jurídica con los pueblos sometidos y de manera particular con Israel. Y ahora me ocupare de:
3. El marco jurídico del pueblo de Israel.
3.1. Contenido de la ley hebrea en materia penal para procesos relacionados con pena capital. De acuerdo con el Misná, ordenamiento con el cual se regía el Sanedrín para asuntos de pena capital, el que contenía cuando menos doce reglas que enmarcaban como obligación procesal:
1ª. Los procesos de pena capital debían abrirse alegando la inocencia del reo y no su culpabilidad.
2ª. En los proceso de sangre -o donde se presume que puede estar en juego la vida del acusado- debían celebrarse de día (debiendo reunirse en audiencia solamente de las 9:00 de la mañana a las 4:00 de la tarde) y la sentencia, si era condenatoria, jamás podía pronunciarse durante la misma jornada. “... Por eso señalaba la ley judía, que no podía realizarse un proceso de sangre en la vigilia del sábado o de un día festivo…”.
3ª. En los procesos capitales, el juicio debía ser abierto siempre por uno de los jueces que se sentaba al lado del más anciano, a fin de que los jueces de menor autoridad no fuesen influenciados por los ancianos.
4ª. Los testigos debían ser amonestados severamente: Se les introducía en el interior de un recinto y se les infundía temor, diciéndoles: que no hablaran por mera suposición, por oídas, por la deposición de otro testigo, por la declaración de un hombre digno de fe que hubieren oído o que no fueran a creer que en último término no sería examinada y analizada su deposición. Habéis de saber -les decían a los testigos- que en los procesos de sangre, la sangre del reo y la sangre de toda su descendencia penderá sobre el falso testimonio hasta el fin del mundo.
5ª. Si el reo era encontrado culpable, la sentencia debía ser aplazada para el día siguiente.
6ª. Cuando se consideraba al prisionero culpable de la pena capital, la sentencia definitiva debía emitirse mediante votación.
Para lo anterior: Si doce lo declaraban inocente, y doce lo declaraban culpable, era declarado inocente. Si doce lo declaraban culpable y once inocente o incluso, once lo declaraban inocente y otros once culpable y uno decía “no sé”, o incluso si 22 lo declaraban inocente o culpable y uno decía “no sé”, tenían que añadirse más jueces -la mayoría calificada de hoy-.
7ª. No podía haber condenas por unanimidad ya que uno de los jueces debía hablar en favor del reo y votar en favor de aquel -acusado-.
8ª. La ley hebrea prohibía que una misma persona fuera juez y acusador.
9ª. La ley establecía que la sentencia debía ser anunciada. Mediante el envío de la sentencia por escrito (precisando en ella la causa) a todos los lugares.
10ª. El blasfemo no es culpable en tanto no mencione explícitamente el nombre.
11ª. En caso de ser responsable del delito de blasfemia, al indiciado no lo sentenciaban a muerte usando la circunlocución, sino que desalojaban la sala del juicio y preguntaban al testigo de más dignidad “Di, ¿qué oíste de modo explícito? y acto seguido en caso de escuchar la blasfemia, los jueces se ponían en pie, rasgando sus vestiduras [indicando con eso], que no podían volver a oír [la palabra Dios, por ser una blasfemia].
12ª. La ley no autorizaba juicio a falsos profetas, a no ser que el Sanedrín así lo autorizara a través de sus 71 miembros.
13ª. Sólo los lunes y jueves eran fechas oficiales para los juicios.
14ª. El arresto era un medio de garantía, para conservar la custodia del acusado hasta el momento del juicio, a la cual debía preceder una imputación específica y formal.
15ª. Los juicios se celebraban en audiencia pública.
4. El marco jurídico constitucional en el derecho actual.
4.1. Los derechos fundamentales de audiencia, legalidad y la defensa del inculpado, se encuentran tuteladas en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, la primera en el artículo 14, la que se hace consistir en la obligación del Estado en cuanto administrador de justicia de escuchar a los ciudadanos y para el caso que nos ocupa de escuchar al procesado, ya que establece que nadie puede ser privado de la vida, de la libertad (...) sino mediante juicio seguido ante los tribunales previamente establecidos, en el que se cumplan las formalidades esenciales del procedimiento y conforme a las leyes expedidas con anterioridad al hecho.
De la misma manera el máximo ordenamiento del país en el artículo 16 establece el derecho de legalidad, es decir, nadie puede ser molestado en su domicilio, persona, sin que la autoridad funde y motive la causa legal del procedimiento, de tal suerte que el proceder de la autoridad estará sujeto a una causa legal de un procedimiento.
Por su parte el numeral 20 del ordenamiento en cita, establece una serie de prerrogativas para la defensa adecuada del imputado.
5. El proceso de Cristo.
5.1. El proceso religioso. Comenzó con el arresto de Jesús por voluntad y decisión de la autoridad judía, reunida en Consistorio de la Corte, con la intervención del Pontífice Caifás, además de Anás para llevarlo ante El Gran Sanedrín, lo cual ocurrió en Jerusalén estando Jesús en Getsemaní orando en el Huerto de los Olivos, sucediendo esto el jueves 6 de abril del año 33 treinta y tres de la era de Cristo, poco antes de las 2:00 de la madrugada, se dio la detención en el lugar mencionado porque era ahí donde Jesús iba a rezar y descansar, y estando Jesús en sus meditaciones en la hora que se indica, irrumpió una turba compuesta por 420 hombres, al frente del cual iban los sacerdotes y ancianos del pueblo, además de sirvientes y jefes del templo, una vez arrestado Jesús fue conducido ante Anás, que era un ex pontífice, el cual era un líder moral y al parecer el autor intelectual de la detención de Cristo, ya que fue él quien le prometió a Judas las 30 monedas de plata y fue también él, el que dio la orden de detención del Galileo, una vez que Jesús fue presentado ante Anás, éste le inquirió de manera genérica sobre su doctrina y sus discípulos, a lo cual Cristo le contestó que todo lo venía pregonando en público y que nada había dicho en secreto y acto seguido fue presentado ante el pontífice efectivo que era Caifás (el cual a su vez era el presidente del Sanedrín), ante quien tuvo lugar el auténtico proceso religioso, habiéndose realizado en la casa de éste, cabe precisar que Caifás actuó en cuanto pontífice y en cuanto presidente del Sanedrín y una vez Jesús ante Caifás, es decir ante el Sanedrín, en ese órgano colegiado, se dieron a la tarea de buscar testimonios que pudiesen avalar la decisión (capturar al Nazareno para hacerlo morir), sin embargo, no pudieron encontrarlos, a pesar de que muchos se presentaron a declarar.
Ello significa que los testigos no decían cuanto hubiera deseado el Sanedrín, o bien que sus declaraciones no concordaban, tal como lo requería la ley judía para poder condenar.
Finalmente se presentaron los testigos, quienes parecieron mostrarse acordes, en el sentido de que Jesús había pronunciado las siguientes palabras: “...Puedo derribar el templo de Dios y volver a levantarlo en tres días...” o bien “...Yo demoleré este templo, hecho por los hombres y levantaré otro, en tres días, que no estará hecho por las manos de hombres...”; y como las dos expresiones anteriores no resultaban precisas sobre la substancia del hecho y sobre su accidente, entonces Caifás le dijo a Jesús: “ ...Yo te conjuro, por el Dios vivo, para que digas si Tú eres el Mesías, el hijo de Dios ...”.
Y entonces, Jesús habló del siguiente modo: “...Si yo os lo digo, no me creeréis, si luego os interrogo no me contestaréis…”. Respuesta que no satisfizo a la asamblea por lo que insistieron a fin de obtener una declaración más explícita del Nazareno, la cual en ese momento no eludió y contestó dirigiéndose al presidente Caifás: “... Tú lo has dicho; y también yo te digo que de ahora en adelante, veréis al hijo del hombre, sentado a la vista del Todopoderoso, venir sobre las nubes del cielo…”.
A lo cual, los miembros del Sanedrín se levantaron excitados y le preguntaron a Jesús: “... ¿Eres tú, pues, el hijo de Dios?
Y Jesús contesto: “... ¡Vosotros lo dijisteis, porque yo soy! ...”.
Obtenida esta última respuesta, Caifás se rasgó las vestiduras en señal de indignación y de dolor diciendo: “... Ha blasfemado. ¿Qué necesidad tenemos ahora de testigos? Vosotros mismos habéis oído la blasfemia. ¿Qué os parece?...” y todos los miembros del gran Sanedrín, con su respuesta, lo sentenciaron de un modo unánime: “... ¡Es reo de muerte!...”, culminando la sesión del Sanedrín mediante la condena a muerte.
Continuará.

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