Gilberto Vivanco González
Vivilladas
El pueblo está olvidado
Viernes 27 de Marzo de 2015
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Infinidad de ocasiones se ha dicho que México vive, por la similitud geográfica, en el cuerno de la abundancia, aunque en el argot popular se reza que “para los políticos la abundancia y para el pueblo puro cuerno”; nada más cercano a la realidad, la acumulación de la riqueza se encuentra en manos de unas cuantas familias, en tanto gran parte de los mexicanos viven en condiciones de pobreza y pobreza extrema. Dadas las condiciones limitadas de la población es una falta grave de respeto cuando se dan a conocer los salarios desproporcionados que ganan diputados, senadores, vocales del INE, los ministros de la Suprema Corte de Justicia, secretarios de Estado y, por otro lado, los millones que ganan empresarios y personalidades de la iniciativa privada.
El meollo del problema no es que unos cuantos ganen en exceso, sobre todo la gente de la iniciativa privada, sino que el reparto económico sea tan miserable para el trabajador o prestador de servicios, los salarios mínimos son un referente, que si bien, hay quienes ganan dos o tres, existen muchos ciudadanos que obtienen a lo sumo uno de ellos, peor aún, otros ni empleo tienen.
La pobreza que se vive en los municipios, en el estado y en el país, es preocupante sobremanera porque su impacto lastima las condiciones óptimas de salud, educación, vivienda, vestido, alimentación y recreación, por mencionar los principales rubros, que mínimo pueden obsequiar una vida digna y en consecuencia más humana.
Serios problemas representan a la sociedad los estilos de gobierno que a lo largo de la vida nacional han impuesto un sin número de autoridades apartadas totalmente de las demandas y necesidades más sentidas de la población. Las políticas internas están supeditadas a una ruta crítica que imponen gobiernos y modelos internacionales, donde empresas transnacionales, así como varias compañías locales gozan de enormes privilegios, quedando al descubierto micro y medianas empresas que son absorbidas por la constelación imperial. Las políticas de salarios son ordenadas por la gente en el poder o por quienes tienen el vínculo cercano con estos.
Si a lo anteriormente señalado sumamos la ausencia de programas sociales eficaces y la correcta y honesta aplicación de los recursos en favor de la gente, la situación se vuelve aún más insoportable, situación donde la falta de certeza social ha obligado a la población a darle la espalda a la clase política que en su momento con pretextos de campaña buscan la manera de acercarse a la gente, pero que, en el trayecto de gobierno, se ausentan lo más posible de esa misma gente que antes buscaban con tanto ahínco.
Existe cuantiosa gente sin esperanza de vida porque también los ayuntamientos han sido tocados por la misma ambición en la que han caído gobiernos estatales y nacionales. Es decir, quienes más tienen la cercanía con sus coterráneos, con la gente que directamente los impulsó para que llegaran a las presidencias municipales, a síndicos, regidurías e indirectamente a direcciones y jefaturas de departamentos, se convierten en ciegos, sordos y mudos de lo que ocurre en su demarcación, porque sólo ven y escuchan a los grupos que les dieron el apoyo o mínimo, toman sus decisiones pensando en un futuro electoral y muchas veces ni eso, porque el despotismo y el autoritarismo hacen presa de ellos.
No podemos creer que existan lugares a escasos kilómetros de las ciudades y poblaciones importantes carentes de servicios básicos como agua potable, drenaje, luz eléctrica o algún dispensario médico; así como tampoco existen proyectos productivos, de tal manera concluimos que en estas condiciones, que por desgracia es un padrón recurrente en múltiples localidades, no extrañe que la economía popular se encuentre por los suelos. La situación en la zona urbana no se modifica mucho porque la escasez de empleos y el bajo salario proyectan una situación, si bien, no igual porque hay servicios básicos, es al menos un tanto similar.
La descripción o radiografía económica social que de manera somera y limitada se ha presentado en esta irreverente columna no tiene como propósito un cauce amarillista, sino orillar una tendencia reflexiva para gobernantes y desde luego para gobernados, quienes tendrán en pocos meses la posibilidad de influir y decidir su futuro a través de un proceso electoral que requiere la participación de todos.
Deseamos que las autoridades actuales y las que logren consolidarse en el próximo proceso de elección tengan la sensibilidad de pensar en los que poco o nada tienen, que se esfuercen junto a empresarios por ofrecer a los trabajadores mejores salarios y prestaciones sociales que dignifiquen su existir; que promuevan la industria, el comercio y el turismo como opciones emergentes para dar un impulso significativo a la productividad y que pongan su máximo esfuerzo en elevar la calidad de los servicios de salud y desde luego de educación y cultura.
Lo aquí externado pareciera un sueño, pero con un tanto de conciencia y responsabilidad, dicho sueño pudiese acercarse un poco a cambiarle el rostro a nuestra inquietante realidad. Juan Pablo II externó: “Hasta que quienes ocupan puestos de responsabilidad no acepten cuestionarse con valentía su modo de administrar el poder y de procurar el bienestar de sus pueblos, será difícil imaginar que se pueda progresar verdaderamente hacia la paz”.

Sobre el autor
Nació en Zinapécuaro Michoacán (1961) Profesor de Educación primaria (E.N.V.F.); Licenciado en Ciencias Naturales (E.N.S.M.); Maestría en Investigación Educativa y Docencia Superior (IMCED). Excatedrático y exdirector de la Normal Rural de Tiripetío; Ex director y excatedrático de la Escuela Normal Urbana Federal, catedrático del IMCED. Diplomado en Administración de Escuelas Superiores (IPN)
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