Alma Gloria Chávez
“Non omnis moriar”
Sábado 21 de Marzo de 2015

“Este lago no siempre ha sido así. Muchos siglos han pasado en su historia”.

-Descubre una Cuenca

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Aprendí a amar nuestro lago desde mi infancia. No pasó tanto tiempo desde que en brazos de mis padres paseábamos por sus márgenes, contemplando el ir y venir de las garzas o de los bancos de peces que sin asombro nos observaban, hasta el momento en que pude embarcar, junto a mi madre y acompañando a las religiosas josefinas, en una canoa de magníficas dimensionas (de esas que ya quedaron en el recuerdo) rumbo a alguna de sus islas, para ofrecer catequesis y compartir juegos con niñas/os purépecha.
Luego de esas cortas pero emocionantes travesías, ya en el centro de Pátzcuaro, junto a las amigas vecinas de las primeras calles de Ahumada, entre el empedrado de esa vía entonces poco transitada, recreábamos el lago y sus islas, llenando con agua algunos huecos del rústico pavimento y utilizando la misma tierra que apisonaban las piedras, o la arena que alguna de nosotras conseguía, para modelar las elevaciones que llevan por nombres: Janitzio, Tecuena, Yunuén y La Pacanda.
En aquella no tan lejana época, el lago lucía esplendoroso: aguas translúcidas surcadas por canoas de distintas dimensiones (apenas si se veían unas pocas lanchas de motor); aves y peces variados y abundantes… como lo describía una exposición fotográfica que en los años 80 hizo circular la Secretaría de Educación Pública en la región, a manera de alerta:
“Nuestro lago hierve de peces al salir el sol. Durante las mañanas de muchos siglos, los purépecha han obtenido los dones que el lago otorga con desinterés. Los mercados revientan bajo el peso de los frutos, de los peces, de las aves, del pan que se genera alrededor del lago… Muchos soles han de secar el pescado que se vende y mucho cariño han de invertir las mujeres en el modelado de la tortilla o la gorda de maíz que comerán sus hijos”.
Décadas después, el lago de mis recuerdos peligrosamente se desdibuja ante una marcada indiferencia, sobre todo, de varias generaciones de jóvenes pobladores de zonas urbanizadas y de comunidades indígenas que desean ver cubiertas de concreto sus calles y sus viviendas. No hace tanto escuché con inquietud cómo un vecino de Jarácuaro celebraba el “haber ganado tierras al lago” y las ocupaba, ya no para la siembra, sino para que pastaran en ellas los semovientes recién adquiridos. “El pescado y el maíz, ya no dejan”… decía satisfecho.
“No hay ardid más ingenioso que el barro, la madera y la laca para que las manos lacustres le rapten por un momento a la naturaleza su poesía. Ningún instrumento más eficaz que el telar y el tule para atrapar el gesto de los peces o la risa de los árboles. Los artesanos saben de sobra que la personalidad del lago es azul, y le han encargado en secreto a sus olas que lo proclamen por todos lados. Así, el lenguaje que nace de sus manos cumple una doble función: vive y genera vida. Y canta con voz queda la historia de su lago”.
En estos últimos días, he notado más triste que de costumbre al lago. Ignoro si le llegan mensajes de la batalla que tantos hermanos se encuentran librando contra las iniciativas de ley que proponen privatizar (también) el agua. Nada, ni aún la misma naturaleza, se libra en estos tiempos mercantilizados de caer en manos de empresarios y especuladores. Y para rematar, recientemente algunos investigadores de universidades extranjeras han alertado que, de no tomarse medidas urgentes de preservación y rescate (pero auténticas, no de discurso) nuestro legendario lago puede desaparecer en las próximas décadas y correr la misma suerte que el Mar de Aral, en Asia central, que estaba clasificado como el cuarto mayor lago del mundo y quedó completamente seco en las últimas cuatro décadas y actualmente es un desierto… tóxico además.
“Propios y extraños han medrado con la prodigalidad del lago: sus bosques caen derribados por manos ambiciosas y la tierra que los sostenía baja precipitada a morir en las aguas. La leña que calienta a los ribereños es producto de muchos esfuerzos y muchas injusticias. Durante mucho tiempo el encanto del lago se ocultaba en sus bosques. Cuentan las leyendas que el lago reflejaba el azul intenso de sus bosques en otros tiempos. Hoy, muchos de sus hijos tienen que abandonar sus tierras y su lago buscando mejor sustento”.
Muchos/as de quienes habitamos esta cuenca y la amamos, como lo aprendimos de nuestros mayores, sabemos que han sido diferentes los factores que están ocasionando la extinción progresiva y acelerada del Lago de Pátzcuaro, uno de los más jóvenes del planeta: el crecimiento poblacional, la contaminación por desechos sólidos y aguas negras, la deforestación que genera erosión, la extensión de las superficies de explotación agrícola, además del cultivo de especies que requieren muchísimos abonos y plaguicidas químicos; la introducción de especies foráneas que originan un desbalance en los ecosistemas, el cambio de uso de los suelos, además del turismo sin educación ecológica.
Este domingo 22 de marzo se celebra el Día Mundial del Agua y que yo sepa, el agua, como todo en esta vida, no muere… se transforma. De ahí el título de esta columna que, además, es el exlibris que mi hermano Gustavo eligió para la modesta (pero extensa) biblioteca familiar. Amo al lago por ser raíz acuática de mi existencia. Y junto a muchos/as que entendemos el horizonte de cosas por hacer, uno por uno sabemos, podemos y tenemos cómo participar, sabiendo que no existen obstáculos para la voluntad de ofrecer mejores alientos para nuestro espejo de agua, que nos sigue alimentando generoso. “El lago ha correspondido con creces al amor de sus habitantes y también ha correspondido a su descuido… pero aún hay esperanza para él, si nosotros decidimos otorgársela”.

Sobre el autor
Alma Gloria Chávez Castillo. Oriunda de Pátzcuaro, realizó estudios formales en el lugar. Por interés personal complementó su formación con actividades artísticas como la pintura, la danza, el teatro y la pantomima. Su vocación de servicio le ha llevado a promover o insertarse en espacios culturales orientados a niños/as y jóvenes. Ha sido colaboradora fraterna con organizaciones indígenas de la región a través de espacios radiofónicos y prensa escrita. Promotora de lectura y cuenta-cuentos, fundadora y activista de grupos de mujeres, vive anhelando una sociedad libre de violencia.
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