Ismael Acosta García
Discurso aberrante y ramplón el del 18 de marzo
Sábado 21 de Marzo de 2015
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Por más que estuve indagando por conocer los antecedentes de un individuo llamado Jorge Humberto Martínez Morales, que los diarios de hace uno y dos días anunciaron como diputado al Congreso local por el Distrito de Morelia Sureste, (oh, sorpresa, mi Distrito Electoral), no di con hebra, ni en la página web del Congreso del Estado ni en ningún lado se señala nada más allá que no sea su nombre y las comisiones legislativas que integra. Por lo tanto, quienes estamos interesados en la cosa pública, no tenemos la oportunidad de conocer los bastos conocimientos que el legislador priista deba poseer en materia de políticas públicas, en economía, en sociología, en historia y en unas cuantas disciplinas más que fuesen sustento para las afirmaciones que hizo durante su “discurso” pronunciado con motivo del acto conmemorativo del LXXVII Aniversario de la Expropiación Petrolera, efectuado en esta ciudad capital frente al monumento del presidente patriota don Lázaro Cárdenas del Río.
Años hacía que no habíamos escuchado una intervención tan insufrible y aparatosa como fue el tufo expelido por el diputado en cuestión, afirmando que: “La Reforma Energética impulsada por Ernesto Peña Nieto, es equiparable con la Expropiación Petrolera que realizó el ex presidente Lázaro Cárdenas del Río para afrontar los retos del siglo XX. El gobierno municipal y su partido debieron preocuparse por lanzar a esa tribuna de la elocuencia por lo menos a un político de mesura, de inteligencia, que les permitiera salir airosos ante un asunto que hoy es la piedra en el zapato de una administración federal tan cuestionada por sus desatinos, su impericia y su labor entreguista en manos de las oligarquías reinantes por el mundo neoliberal.
Verdaderamente, para quienes tuvimos la oportunidad de estar presentes en dicho acto conmemorativo, la intervención del aprendiz de político fue desesperante y ramplona. Evidenció que el discurso que le hicieron fue tomado a párrafos enteros de la historia del acto expropiatorio, lo mismo que de los apologistas de la pretendida reforma peñista; vamos, una serie de incoherencias mal fusiladas (iba a decir que mal redactadas, pero eso es un alago inmerecido) de manera tal que en momentos no sabíamos si lo que estaba pronunciando era un discurso de la época del nacionalismo corporativista de los 60 del siglo pasado, o de la época del neoliberalismo post salinista que ha encontrado en este sexenio la máxima expresión de sus ideas con las reformas estructurales de un proyecto federal perdido que ha entregado a la iniciativa privada y a los capitales extranjeros la riqueza nacional.
Seguramente el incipiente político ignora que, en el momento que él estaba dirigiendo su “brillante pieza oratoria”, las predicciones de Luis Videgaray, secretario de Hacienda, eran en el sentido de que los precios del petróleo en el mundo no tendrán una recuperación en el mediano plazo, y que el nubarrón económico en el que estamos metidos lo podremos conocer en su verdadera dimensión hasta el 2016 y de ahí en adelante; esto traerá graves consecuencias en materia de empleo, de recorte al gasto público y, en consecuencia en un grave retroceso en materia de crecimiento de la economía mexicana a partir del presente año. De hecho, desde hace un año ya estamos sufriendo las primeras regresiones en materia de producción de petróleo de tal modo que se avizora en lo inmediato “un factor crediticio negativo para los estados” porque afectará las transferencias que reciben del gobierno federal. Las entidades más afectadas serán Tamaulipas, Veracruz, Tabasco y Campeche. Las participaciones representan alrededor del 30 por ciento del presupuesto de los estados y son la fuente de pago de 88 por ciento de la deuda de las entidades y municipios mexicanos. Así lo afirma la experimentada calificadora internacional Moody’s Investors Service, no es cosa que nos la estemos inventando nosotros. Luego entonces, tendrá que haber, en lo interno, un dramático ajuste en el gasto público y de ahí las graves consecuencias para la economía nacional que, como siempre, sólo la sentiremos los ciudadanos de a pie en nuestro bolsillo. Por lo pronto, no sabemos, sino hasta el 2016, las verdaderas dimensiones que traerá consigo esta debacle.
Ante esta situación, afirman los que saben que, continuar con esta política económica impuesta por el Consenso de Washington, no sólo nos aleja de los supuestos beneficios que nos dijeron que habríamos de alcanzar con la Reforma Energética, sino que, producto de la privatización de la industria generadora de energía, ese traslado de la propiedad pública a manos privadas representará una caída adicional en ingresos públicos, en la medida en que nuestra riqueza nacional tendrá que ser compartida con particulares nacionales o extranjeros de la renta petrolera. En otras palabras, nos agarran con los dedos entre la puerta, pues para superar las penurias económicas de la actualidad y las que se prefiguran para el futuro próximo, resulta contraindicada la realización de reformas estructurales de orientación neoliberal; en todo caso, se requiere de una política económica capaz de reactivar el mercado interno y de crear empleos que impulsen a la industria nacional, restituya el poder adquisitivo del salario, ponga fin al agobio fiscal de la población y al encarecimiento generalizado de productos y servicios y, sobre todo, rescate al agro del abandono en que lo han sumido los gobiernos del neoliberalismo mexicano.
Este problema fue similar al que vivimos tras la venta de garaje que hizo el gobierno apátrida de Salinas de Gortari, magnificado por el “error de diciembre” con el que tuvo que lidiar su sucesor Ernesto Zedillo, ambos por cierto, hoy, más conocidos en el mundo como eficaces asesores de un buen número de empresas y entidades financieras contra los que lucha la maltrecha economía mexicana, que por su “acendrado nacionalismo” con que los calificaban sus apologistas y cortesanos amanuenses. ¡El colmo de nuestra realidad kafquiana!
Ante ese discurso del 18 de marzo en Morelia, me permitiría sugerir al bisoño legislador Jorge Martínez Morales, que antes de equiparar al “chico de la casa blanca” con el presidente patriota Lázaro Cárdenas, le eche un vistazo a la historia de México para que no cometa tamaños atrevidos, y luego, a los informes que trimestralmente emite la Securities and Exchange Commision (SEC), a la que Petróleos Mexicanos está comprometida a reportar los verdaderos índices de producción en México, y se encontrará que sólo en lo que va del último trimestre de 2013 al similar de 2014, Pemex dejó de producir 163 mil barriles diarios de petróleo por día, lo que representa un 6.5 por cierto menos en relación al año anterior; más una caída del once por ciento en sus ventas totales y un déficit del 49.5 por ciento de sus ingresos globales. Estas cifras, señor diputado, son catastróficas para cualquier país productor de petróleo en el mundo. ¡Se imagina usted lo que veremos a partir de 2016, tal como se deduce de la confesión del “ministro Malinalco” Luis Videgaray!
Señor legislador Martínez Morales, le pregunto respetuosa pero muy sinceramente: ¿Está usted consciente de lo que afirmó el martes pasado en su “discurso” conmemorativo de la Expropiación Petrolera en Morelia? ¿Sigue usted creyendo que la Reforma Energética de Peña Nieto es un acto nacionalista equiparable a la expropiación que realizó Lázaro Cárdenas del Río? Me parece que usted denota un aberrante desprecio por la historia. Pero no se apure, la verdad, no se apure, ni su presidente EPN ha podido justificar ese deleznable despojo a los mexicanos; ni su gurú Luis Videgaray; ni su vocero en la Cámara de Senadores, David Penchina. A lo máximo que llegó en su discurso el presidente “casa blanca” el pasado 18 de marzo, fue a pedir “que blindemos a Pemex de la delincuencia organizada”, cuando que cerca, muy cerca de ustedes, tienen al más avezado pillo de la delincuencia sindical petrolera que ha conocido este país: Carlos Romero Deschamps.
Decía mi maestro de oratoria, hace 45 años: “Primera premisa: cuando vayas a hablar en público, habla de lo que sepas, no de lo que no sabes”.
Que Dios, en su divina gracia, le dé el doble de lo que me desee a mí.
Es cuánto.

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