Alma Gloria Chávez
Vasco de Quiroga , un 14 de marzo de 1565
Sábado 14 de Marzo de 2015
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Con una edad aproximada de 95 años muere en tierras michoacanas Tata Vasco.
Hacia el año 1529 llegaban ya a España los ecos de las crueldades y despotismo de la Primera Audiencia designada para gobernar el derrotado imperio azteca y continuar sometiendo a los pueblos y reinos vecinos a la autoridad de la Corona Imperial. Presidida por Nuño de Guzmán, esta Audiencia había sido denunciada ya por los religiosos encargados de evangelizar las Indias (término utilizado para denominar a tierras americanas), así como por colonos y conquistadores que también eran afectados por los desmanes cometidos. Se decidió entonces enviar un segundo gobierno de carácter menos brutal y uno de los elegidos para esta función pacificadora fue el jurista Vasco de Quiroga, al que se nombró miembro de la Segunda Audiencia.
Nacido en la Villa de Madrigal de las Altas Torres, del Reino de Castilla, un 3 de febrero de 1470, lo poco que sabemos de la vida de este notable personaje antes de llegar a las Indias es que provenía de familia noble originaria de Galicia y que estudió en la Universidad de Valladolid o Salamanca y que era licenciado en Cánones y funcionario de la Corte. Que entre sus encargos actuó como juez de Residencia en Orán y posteriormente llevó las negociaciones de un tratado de paz entre la Corona española y el rey de Tremecén, y que en ambos casos procedió como jurista respetuoso de los derechos de los “pueblos infieles” (no sometidos de hecho a príncipes cristianos), considerándolos merecedores de un trato igualitario.
En 1531 Vasco de Quiroga llegó a la Nueva España y en 1532 fundó su primer pueblo-hospital de Santa Fe, en los altos de Tacubaya. La intención de este pueblo modelo era reunir a los indios “derramados” por los campos, consecuencia del despojo y terror del nuevo orden, acogiéndolos en poblaciones donde se desarrollara una vida armónica, terrenal y espiritual al mismo tiempo y donde la función hospitalaria se entendiera en un sentido primigenio: hospitalidad para el extraño, acogida y cobijo para el menesteroso; lugar también de enseñanza y aprendizaje, en un entorno de vida comunal.
El pensamiento filosófico y jurídico de Vasco de Quiroga, que vino a constituir la base de su proyecto educativo en estas tierras, se fundamenta en la ideología escolástica y en las corrientes políticas renacentistas, que más adelante se conocerán como “pensamiento utópico” (el Estado perfecto). De entre los numerosos apoyos ideológicos de su obra, destacan los autores Juan Gerson, el cardenal Cayetano, Luciano y Thomas More o Santo Tomás Moro, siendo este último quien más influyó en las famosas Ordenanzas que don Vasco escribió para reglamentar la vida de los pueblos-hospital.
El después nombrado obispo en 1538, Quiroga entendía a la perfección que el mayor problema que el hombre lleva consigo y el mayor logro de su capacidad inventiva, es su pertenencia a la sociedad. A vivir en sociedad se llega, recordémoslo con insistencia, por el aprendizaje o la educación. Ha sido preocupación de filósofos de todas las épocas plantearse el problema de definir y explicar esa sociedad e imaginarla ideal, de forma que lo humano ocupe el centro y la persona pueda realizar sus potencialidades en la libertad, la justicia, la colaboración y el trabajo, para hacer de esta tierra un mejor lugar para vivir y dar trascendencia a los anhelos que cada uno tiene que afirmar al vivir su vida. Precisamente, en la obra de Tomás Moro, Utopía (que se traduce literalmente como “no hay tal lugar”) se encuentran esos principios que muchos filósofos consideran precursores del socialismo y que quedan plasmados en las Ordenanzas vasquianas.
Un acontecimiento que ha quedado separado de la vida y obra de don Vasco en tierras americanas, pero que resulta innegable en su actuación: “Obedecer a la voz de la conciencia, no a la de la política o de la religión”, es que en el año que -todavía siendo abogado- Quiroga escribe su Información en derecho (1535), muere decapitado Tomás Moro por orden de Enrique VIII, precisamente por obedecer la voz de su conciencia. Congruencia que lo elevó a la santidad.
A pesar de los enfrentamientos y pleitos no exentos de violencia con encomenderos, Vasco de Quiroga logró establecer el proyecto de pueblos-hospitales, tal vez el que tuvo mejor acogida entre la población indígena; y en Pátzcuaro el Colegio de San Nicolás Obispo, para ofrecer formación a los nuevos evangelizadores de tierras purépechas. En su proyecto educativo, don Vasco vislumbró el irremediable ingreso a una nueva historia, la de nuestro mestizaje, y se propuso salvar a los hombres de las dos razas, pues ellos formarían, queriendo o no, la nueva sociedad. Este proyecto lo marcó definitivamente con el título de Educador de América.
La base de su plan educador radica en el trabajo, para hacer de lo baldío y estéril, provechoso. Quiroga buscaba la construcción de una sociedad mejor y sólo sería posible mediante el trabajo honrado; comprendía el proceso y lo puso en práctica. Materia prima eran los individuos sometidos a los que había que habituar a su propia dignidad por el trabajo, respaldándoles con el contexto social justo y humano. Su primer paso fue, con sus salarios, comprar tierras o recibirlas en merced del rey y así volvió a dotar de ellas a poblaciones enteras para que las siguieran disfrutando “en comunidad”, permitiéndoles con ello además, la continuación de la enseñanza de sus propios oficios.
Los frutos empezaron a dar la razón de su acierto pero fueron más los indios quienes satisficieron con creces la confianza depositada en ellos. Aunque menospreciados y vilipendiados por arrogantes conquistadores y por algunos frailes no muy ajenos al racismo de todas las épocas, ellos sintieron en el “amor visceral” de don Vasco la confianza en sí mismos para jugar la aventura de su propia dignificación, dando de paso lugar a lo que, por ser utópico, estaba condenado a no tener lugar: la organización de los pueblos de manera comunal.
Esta preocupación por recuperar y mantener algo de la antigua organización en la sociedad purépecha fue una de las constantes fuentes de conflicto de don Vasco de Quiroga, ya que este proyecto (como sucede en la actualidad), chocaba con los intereses de los que sólo desean acumular bienes materiales y explotar al individuo. Hoy lo recordamos en este Aniversario Luctuoso del obispo educador.

Sobre el autor
Alma Gloria Chávez Castillo. Oriunda de Pátzcuaro, realizó estudios formales en el lugar. Por interés personal complementó su formación con actividades artísticas como la pintura, la danza, el teatro y la pantomima. Su vocación de servicio le ha llevado a promover o insertarse en espacios culturales orientados a niños/as y jóvenes. Ha sido colaboradora fraterna con organizaciones indígenas de la región a través de espacios radiofónicos y prensa escrita. Promotora de lectura y cuenta-cuentos, fundadora y activista de grupos de mujeres, vive anhelando una sociedad libre de violencia.
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