Gilberto Vivanco González
Vivilladas
Las encuestas políticas… ¿Una farsa?
Jueves 5 de Marzo de 2015
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En época de elecciones se está volviendo una plaga la aplicación de encuestas para medir la popularidad o aprobación hacia tal o cual candidato a determinado puesto de elección, práctica que por sí misma no es negativa porque puede dar un panorama sobre preferencias o rechazos a determinados autores o institutos, lo que podría orientar, en cierta medida, a los ciudadanos al momento de emitir su voto; no obstante, si en un primer momento dichas encuestas pueden tener un valor de percepción, más o menos cercana, la verdad es que gracias a su impacto mediático y al manoseo de los resultados que arrojan cuando se aplican sin el mayor sentido ético, se convierten en un canal de engaño y manipulación ciudadana, de ahí que, gracias a la desconfianza que han provocado, en lugar de ser un instrumento eficaz para la democracia se transforman en red de engaño y decepción.
Una encuesta toma auténtico valor cuando se ajustan a los requerimientos formales de un proceso estadístico, cuando se siguen los cánones correctos que dicha disciplina exige, pero que pierde autenticidad cuando está al servicio del mejor postor: aparatos de gobierno, de partidos políticos, de candidatos sin escrúpulos, de gente con recursos económicos interesados en brindar apoyo o en quedar bien con tal o cual persona u organismo y de las propias casas encuestadoras que sin tapujos reciben cantidades significativas de dinero para truquear los resultados en aras de quedar bien con su cliente, con sus amigos o familiares.
No debe espantar a nadie tal reflexión que hace Vivilladas, puesto que, además, es algo tan obvio en sus intenciones que la población pensante hace caso omiso de las mismas, pero los beneficiados de estas prácticas matemáticas ficticias saben que existe un núcleo importante de electores que por ignorancia o desinterés en el tema se dejan guiar por el impacto de una encuesta por amañada que ésta sea; además, saben que tienen entre sus grandes aliados a ciertos medios de comunicación, mismos que, cuando se han manejado sin ética alguna, logran conjuntarse para constituirse en omnipotentes electores.
Las autoridades del IFE en su momento y las del INE en la actualidad, buscaron y han buscado estrategias para reglamentar dicha práctica estadística que ha perdido credibilidad, tal y como ocurre con las tres principales fuerzas políticas de la nación, exigiendo ciertas condicionantes y metodologías que las empresas encuestadoras están obligadas a seguir, pero por desgracia, al ser un bastión de influencia que la propia autoridad solapa y de la que en repetidas ocasiones ha salido beneficiada, no existe poder humano que pueda con ellas, máxime cuando los directivos de las casas de medición tienen influencia y amistades de impacto con los contratantes de las mismas o con los dueños de las televisoras o medios impresos de comunicación masiva, lo que pone en estado de indefensión a los ciudadanos que pueden caer en las redes de quienes, aún violando los reglamentos electorales, publican resultados sesgados para posicionar a quienes pagan la consulta ejecutada.
Si no fuera tan delicado, por lo que ello representa, nos pondríamos a reír, pero al ser algo tan serio y formal, no queda más que ponernos a llorar, porque al poder ser una buena oportunidad de percepción e intención electoral se queda en un juego vil que los mexicanos no merecemos.
Tan demeritada está la credibilidad de las encuestas que cuando sale una, los contrincantes al no verse favorecidos de inmediato la desconocen, pero si es al contrario, al instante avalan y agradecen, provocando una serie de dimes y diretes, que en nada abonan a un proceso electoral que cada año gasta miles y miles de recursos invitando al voto de los ciudadanos, tanto en el país como en el extranjero, pero que gracias al descrédito de los partidos políticos de mayor envergadura, a lo saturado de los spots publicitarios, y a la poca credibilidad hacia los institutos y candidatos, el abstencionismo o la emisión del voto cruzado como protesta o castigo, son cada vez más recurrentes, lo que debe orillar tanto a autoridades como instituciones a conducirse con responsabilidad, dejando de lado ambiciones personales o de grupos. Si bien es cierto, que sería pedirle peras al olmo, la verdad es que urge una profunda revisión al sistema político mexicano, donde el apartado referente a elecciones significa, sin lugar a dudas, su talón de Aquiles, un talón que tiene en el rubro financiero y en el tema de credibilidad, su máximo terror.
Pudiesen existir casas encuestadoras que se apeguen a la ley, aunque sin duda habrán pecado, pero muchas empresas de este tipo simplemente están para aplicar encuestas amañadas que desorientan al elector pero encumbra a quienes están prácticamente en las tinieblas. Si existiera certeza y fe en las encuestas electorales, las declaraciones de Salvador Jara Guerrero, actual jefe del Ejecutivo estatal, no estarían en problemas o en demandas con el PAN o con el PRD, sólo por decir que las encuestas posicionan a Chon Orihuela como el más viable candidato a ganar la gubernatura local, pero como muchos las consideran una farsa, pusieron el grito en el cielo; aunque si los beneficiados hubieran sido cualquiera de ellos, tal y como lo hemos mencionado, estarían dando fe de la honestidad de las casas encuestadoras.
Así que ojo, mucho ojo, la mejor opinión y la mejor decisión depende de cada uno de los votantes, mismos que, a pesar de los pesares, deberán, en su momento, ejercer su derecho al voto hacia la persona o el partido que más llene sus expectativas y no hacia aquellos que violando la ley, reparten despensas, tortas o ladrillos. Manuel Vicent expresó: Nuestra generación ha entregado el alma a los contables y todas las pasiones que hoy nos conmueven se derivan de las estadísticas: para saber si somos felices, ahora se hacen encuestas. Y en lo político-electoral no cantamos mal las rancheras.

Sobre el autor
Nació en Zinapécuaro Michoacán (1961) Profesor de Educación primaria (E.N.V.F.); Licenciado en Ciencias Naturales (E.N.S.M.); Maestría en Investigación Educativa y Docencia Superior (IMCED). Excatedrático y exdirector de la Normal Rural de Tiripetío; Ex director y excatedrático de la Escuela Normal Urbana Federal, catedrático del IMCED. Diplomado en Administración de Escuelas Superiores (IPN)
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