Ismael Acosta García
Mario Vázquez Raña
Sábado 14 de Febrero de 2015
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Mario Vázquez Raña es del tipo de personajes que en vida y muerte lograron ubicar a sus aduladores y denostadores en posiciones extremas, entre la alabanza y la detracción, entre el amor y el odio. Nadie que diga que lo conoció y que tuvo relación con él, pudo abstraerse del efecto de sus poderosas decisiones, razón por la que afirmé que no podía uno quedarse literalmente en el vacío. Reconozco que fue único en su género, sí, un espécimen increíble que alimentó la pintoresca baraja de personajes mexicanos que aglutinan per se características que van de lo ignorante a lo poderoso, de lo insensible a lo generoso, de lo adulador a lo canalla, y tantos otros ejemplos que bien pudieran servir para formar todo un rosario de calamidades.
El deporte institucionalizado en México se inicia en 1849, cuando el Ministerio de Guerra y Marina se da a la tarea de impulsar la gimnasia. México fue uno de los primeros países del mundo en introducir el concepto de cultura física en el marco del sistema educativo nacional. Hay antecedentes que desde 1856 la asignatura de cultura física se encontraba en la currícula de la escuela secundaria. Posteriormente, en la primera década del siglo XX se establece la Escuela Magisterial de Esgrima y Gimnasia. Es hasta 1920 cuando en el país se inician los primeros intentos por oficializar la educación física como medio para impulsar el deporte, al incluirla como materia obligatoria en todos los niveles educativos al crearse la Dirección de Educación Física. En 1923 se erige la Alianza Olímpica Mexicana; en este mismo año, conforme a los estatutos del Comité Olímpico Internacional (COI), se constituye el Comité Olímpico Mexicano (COM) con el objeto de participar en los Juegos Olímpicos de 1924. En 1926, el país por primera vez es organizador oficial internacional y, por lo tanto, es la sede de los Primeros Juegos Deportivos Centroamericanos, el primer evento continental en el mundo.
Hasta los Juegos Olímpicos de México 68, nuestro país gozó del reconocimiento mundial en materia de dirigentes deportivos de verdadero prestigio, como el general José de Jesús Clark Flores, el más grande entre los grandes, presidente del COM y de la Confederación Deportiva Mexicana (Codeme); gracias a él, nuestro país obtuvo la sede de los Juegos Olímpicos de México 68 en reunión del COI celebrada en Baden Baden, Alemania, en 1963. Ha sido el único mexicano en acceder al segundo más alto cargo de dirección del deporte internacional; posteriormente, a partir de 1971, tomó la batuta del COM el arquitecto Pedro Ramírez Vázquez, político, diplomático, artista plástico y dirigente deportivo, que también ocupó cargos relevantes en el COI, es quien proyectó y dirigió la construcción de lo que hoy es la sede del COI en Laussana, Suiza. Uno más de ellos, y el único en vida, lo es el licenciado Sergio García Ramírez, precandidato a la Presidencia de la República en 1976 y reconocido precursor del derecho y de los tribunales del deporte en el mundo.
Mario Vázquez Raña fue un aficionado al tiro deportivo merced a la relación que tuvo durante su juventud con grupos de la Policía Judicial del Distrito Federal. Fue así que en compañía de su hermano Olegario y para 1969, fundaron la Federación Mexicana de ese deporte, vía por la que se proyectó a ser miembro del Comité Olímpico Mexicano. Para entonces, ya era propietario de una pequeña imprenta en la que se produjo buena parte del material publicitario de la campaña de José López Portillo, de ahí el dicho de Mario de llamarse “soldado del PRI y del presidente”. Éste, ya en el poder, le apoyó para comprar al general José García Valseca la editorial que con ese nombre producía El Sol de México y el diario deportivo Esto, hoy Organización Editorial Mexicana; de esa manera es como hizo su arribo al medio periodístico desde el cual construyó el emporio político y económico con que sujetaría conciencias de todos tipos.
Con la fuerza de la pistola y el dinero, es que “don” Mario se fue abriendo camino en la presidencia del COM, cargo al que llegó en 1974. No es que por méritos propios haya logrado el liderazgo deportivo de América, es que éste le llegó dado el prestigio de los líderes mexicanos que le precedieron y, aprovechando la celebración de los Juegos Panamericanos de 1975 en México y con una inversión millonaria como “apoyos” a otros países, se hizo de la dirigencia de la Organización Deportiva Panamericana (Odepa), cargo que ocupó hasta el año 2012. Su presencia en el olimpismo internacional, nada o muy poco tiene que ver con sus aportes al desarrollo deportivo, por el contrario, se convirtió en un aliado de Juan Antonio Samaranch, el barcelonés que se apoderó del COI en 1980 y que echó por la borda los principios del olimpismo del barón Pierre de Coubertin dando puerta desenfrenada a la participación del profesionalismo en los Juegos Olímpicos y su consecuente comercialización; a partir de entonces se degradó el espíritu olímpico que hoy se ha convertido en una auténtica mercadería y objeto de escándalos en la familia olímpica, como lo fue el soborno para otorgar la sede de los Juegos Olímpicos de Invierno en Salt Lake y de verano en Atlanta 96, vendido a la Coca-Cola. No olvidemos que, en 2008, casi 50 miembros del COI tuvieron que renunciar al descubrirse los sobornos y fraudes que hicieron para otorgar diversas sedes olímpicas. Pues bien, a la vera de este camino, se fue afianzando el poder de Vázquez Raña pero, que quede claro, nunca llegó al Comité Ejecutivo del COI, sino apenas como miembro a partir de 1991 pero, desde ahí, se aventó la puntada de crear un ente paralelo denominado Asociación de Comités Olímpicos del Mundo (ANCO), desde donde verdaderamente desarrolló su nefasta influencia político-deportiva-comercial, siempre con el poder del dinero y la intriga y del presidente de México en funciones. Tuvo, desde luego, el tino de encubrir sus trapacerías a través de programas más o menos generosos, como la Comisión de Solidaridad Olímpica que le encargó el COI, que a su vez le permitió enlazarlos con negocios propios que bajo ese esquema crecieron rápida y descomunalmente.
Cuidado con caer en las garras de quien yo llamé “el príncipe”, allá por los años de 1986 tal como lo afirmé en un artículo en dos partes publicado en Cambio de Michoacán los días 12 y 13 de septiembre del 2000. Hoy reflexiono que con mi Federación fuimos los únicos que le ganamos un diferendo jurídico a Vázquez Raña ante el propio Comité Olímpico Internacional. Esto fue durante el proceso clasificatorio a los Juegos Olímpicos de Atlanta 96. Lo describo brevemente: Por primera vez el volibol de playa formaba parte del calendario olímpico, la Federación Internacional de Volibol (FIVB) llevó a cabo su proceso selectivo a través de un circuito mundial en el que calificaban las mejores doce parejas del mundo. MRV, por un viejo diferendo tenido con el mexicano Rubén Acosta, presidente de la FIVB, negó su aval para que nuestras atletas participaran en esa justa deportiva. Para que el lector comprenda este asunto, debo aclarar: Primero.- De acuerdo a la normatividad deportiva, son los criterios de las Federaciones Internacionales las que definen cómo es que los atletas de cada disciplina se clasifican a Juegos Olímpicos; Segundo.- Es cierto que para que un atleta pueda participar en dicho evento, debe contar con el aval del CO de su país de origen. Es el caso que MVR, sin razón ninguna, se negó a otorgar el aval, lo que nos obligó a presentar una querella jurídica ante el COI en la que por cierto no tuvimos el apoyo de ninguna otra autoridad deportiva del país, pues nadie lo quería enfrentar; nuestro presidente de Federación Nacional, el que esto escribe en mi carácter de representante jurídico, pero principalmente la atleta Mayra Huerta, accionamos directamente ante el presidente Juan Antonio Samaranch para ventilar el caso. El asunto llegó hasta la Asamblea General del COI celebrada en marzo de 1996 en Atenas, quien excepcionalmente resolvió en nuestro favor y fue la forma como la dupla nacional pudo cumplir el sueño olímpico ganado con garra en diversas arenas del mundo. Esta es una de las historias reales por las que tuvieron que pasar muchos deportistas que no se arredraron ante los increíbles caprichos de Mario Vázquez Raña. Del caso, en México, casi nadie supo, dadas las fuertes $$$ presiones que el dictadorcillo imponía a los reporteros de la fuente; por el contrario, los atletas eran soezmente denostados a través de los amanuenses de su cadena periodística.
La última vez que lo vi en vida, y en mi carácter de presidente de la Federación Mexicana de Volibol y vicepresidente de la Unión Panamericana de este deporte, fue con motivo de la celebración de los Juegos Panamericanos celebrados en Guadalajara, en 2011. Increíblemente para mí, Vázquez Raña hizo presencia en el gimnasio donde desarrollábamos la competición de volibol. Nunca se había dignado pararse en ningún evento de volibol en ningún lugar del mundo, de ahí mi sorpresa. Al recibirle en el estrado lo saludé cortésmente y, fiel al lépero lenguaje que le era característico y en presencia de su séquito e invitados extranjeros, me dijo, dándome una palmada en la espalda y sin extenderme la mano: “Ya sé que tú no eres de esos Acosta a los que se les pudre el culo”, en el momento mismo en que yo saludaba a su esposa “Paquita”, quien echó a reír. Estuvo casi una hora, la única que le dedicó al volibol en toda su vida de dirigente deportivo. Ese fue para nosotros el verdadero Mario Vázquez Raña.

Corolario

Que nadie nos venga a decir que “murió el egregio líder moral del deporte mexicano”, tal como lo afirmó Carlos Padilla Becerra, actual presidente del COM y a quién MVR puso ahí en 2012. Yo diría, como buen cristiano, que su muerte, como la de cualquiera, me apena y que me merece absoluto respeto. Más de eso, a que nos lo pinten como insigne dirigente del deporte, dista una enorme distancia. Sólo para finalizar, refiero lo siguiente: En una polémica votación, en la Ciudad de México, fue reelecto el 7 de marzo de 2012 como presidente de Odepa, era el único candidato, pero necesitaba la aprobación mayoritaria de los delegados de los 42 países miembros para poder hacer oficial su reelección. Primero dejó fuera a los representantes opositores de Panamá y Dominicana y, aunque 21 dentro solicitaron una votación secreta o pública (juntos harían una mayoría de 23 votos), Vázquez Raña decidió hacerla por aclamación, y al recibir los aplausos de menos de la mitad del salón se proclamó ganador. Luego dijo: \"Agradezco y recibo esto (el cargo) de todos, hasta de los que no aplaudieron”. Hoy me pregunto: ¿A qué aventajado émulo atlacomulquense le he escuchado esto?
Parafraseando al gran maestro Martí, diría: “Viví en el monstruo y le conozco las entrañas”.
Es cuánto.

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