Gilberto Vivanco González
Vivilladas
Asentamientos irregulares… reflejo de la realidad
Jueves 12 de Febrero de 2015
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Morelia, al igual que muchas ciudades de la República Mexicana sufre de un mal que por el hecho mismo de existir ya denota no sólo un problema de regularización y equilibrio de las autoridades en zonas urbanas, sino un conjunto de síntomas que implican un serio problema socioeconómico que desafortunadamente, como suele ocurrir, impacta más en los grupos vulnerables, nos referimos a los asentamientos irregulares, que se originan comúnmente con los llamados paracaidistas.
El capítulo sufrido en la colonia Buenos Aires II, en las faldas del Punhuato, de la ciudad de Morelia, representa de nuevo un foco de alerta para las autoridades, pues a raíz del desalojo ocurrido en la madrugada de ayer jueves, donde se dieron enfrentamientos, sin mayores consecuencias, entre fuerzas de Seguridad Pública, colonos y jóvenes de espacios adyacentes, obliga a evitar en lo subsecuente que este tipo de fraccionamientos populares sigan proliferando.
Todos los involucrados en el episodio señalado se culpan mutuamente: los pobladores acusan a las fuerzas de seguridad de robos, atracos, malos tratos y de abuso de autoridad, en tanto señalan a los jóvenes que se involucraron en la trifulca, de que estos acostumbran introducirse a sus predios para robar y drogarse; en cambio, los representantes de la ley puntualizan que actuaron de acuerdo a las circunstancias y que respetaron los derechos humanos, acusando además a los colonos de que se les enfrentaron con piedras y palos, y si las consecuencias no pasaron a mayores fue porque actuaron con prudencia… aunque se evidencia lo contrario.
Lo cierto es que la problemática es de gran impacto porque hablando de los hechos, los vecinos del espacio desalojado no tenían por qué estar asentados en un lugar del cual no son legítimos propietarios, más allá de que represente un área ociosa que en nada beneficia a la población, además de no tener cercada o delimitada su área de influencia, debe quedar claro que nadie puede llegar tranquilamente y posesionarse de un terreno construyendo viviendas, estando en la condición que sea, pues desde ese instante corren el riesgo de que los dueños del espacio se amparen en las leyes y se ordene destruir las viviendas que indebidamente levantaron, con todo y que moralmente no sea lo indicado.
Con relación a otros participantes del conflicto, como lo fueron un grupo de jóvenes que no viven en el espacio irregular, debe puntualizarse que su actuar ni siquiera pudo ser respaldado por los afligidos colonos, ya que estos se quejan de que no en pocas ocasiones los primeros se adentran en las viviendas a robar y aprovechan la oscuridad de la noche, o ciertos puntos aislados para drogarse de manera frecuente, hecho que es de llamar la atención, porque ello implica que la vigilancia de las fuerzas de seguridad brilla por su ausencia, a pesar de las decenas de patrullas que tiene el gobierno municipal, lo que orilla a reflexionar que la colonia en conflicto, así como otras de la periferia, no cuentan con la atención debida porque más allá de ser irregulares, lo cierto es que ya forman parte de un conjunto habitacional, por precario que éste sea, que requiere atención y que además pone en entredicho la autoridad municipal, más allá de que haya sido un problema heredado de otras administraciones.
En cuanto a la fuerza pública, no podemos avalar que sus acciones las realicen en plena madrugada, más aún que hogares están habitados por mujeres, adolescentes y sobre todo por niños que seguramente quedaron frustrados emocionalmente por la experiencia vivida, acentuada por las condiciones climáticas que en esta época imperan, en pocas palabras, los arrojaron de su hogar, destruyeron sus casas, dañaron sus pertenencias y tuvieron que sufrir tratos inhumanos; por supuesto que ante dicha situación es lógica la reacción de los desalojados al oponerse, pero no es justo que se emplee el uso desmedido de la fuerza ni tampoco el despojar de los bienes y enseres domésticos, que con tanto sacrificio fueron adquiridos. La prudencia debe imperar en este tipo de ejecuciones que manda la ley, ya que de lo contrario se convierten en automático, en violadores de la propia ley que les dio el atributo para actuar en consecuencia.
En fin, la problemática exhibida es un reflejo claro de la falta de sensibilidad de las autoridades judiciales, así como de la extrema pobreza y desigualdad en la que viven decenas de personas que no tienen una esperanza de vida y que buscan de alguna forma sobrevivir en una sociedad que cada día es más injusta y desde luego menos equitativa, gracias a un sistema económico que en lugar de convertirse en un medio de protección y posibilidad para sus habitantes, se ha convertido en un castigador y limitador de oportunidades.
La tarea para quienes gobiernan, no sólo el municipio de Morelia, sino la entidad entera, es promover por todos los medios fuentes de empleo con salarios dignos que vengan a dar certidumbre a la gente que ha perdido la esperanza; promover créditos blandos especiales de vivienda, para estas personas de bajos recursos, amén de incorporarlos sin vacilación alguna a los programas del Seguro Popular y otros programas asistenciales, de esta manera se estaría abonando a evitar que grupos de pobladores vivan en condiciones infrahumanas, porque es conocido que la mayoría de estos asentamientos no cuentan con los servicios elementales de agua, drenaje y luz, pues al estar habitando en lugares que son considerados irregulares los ayuntamientos no tienen la obligación jurídica de poner atención en estos rubros, aunque sí la obligación moral para socorrerlos.
Deseamos que se busquen y encuentren los recursos necesarios para, en lo posible, poner orden en las decenas de asentamientos irregulares que existen en el municipio moreliano, y en otras poblaciones, que no sólo se haga un censo de los que existen en idénticas condiciones, tal y como se ha realizado, sino que se trabaje con representantes legales, con los propios colonos y desde luego con las autoridades respectivas para poner un alto a estos focos rojos que ponen en riesgo la tranquilidad de los grupos desamparados y que sin duda se convierten en dolor de cabeza para los gobiernos en turno. Esto no debe considerarse como una dádiva, sino como un conjunto de acciones que promuevan que la gente viva con cierta esperanza y con el mínimo ápice de la tan ambicionada dignidad. Georg Christoph Lichtenberg, en cierto momento expresó consternado: “La idea de que en el cielo hay una mayor igualdad de clases es lo que, en el fondo, lo hace tan agradable a los ojos de los pobres”.

Sobre el autor
Nació en Zinapécuaro Michoacán (1961) Profesor de Educación primaria (E.N.V.F.); Licenciado en Ciencias Naturales (E.N.S.M.); Maestría en Investigación Educativa y Docencia Superior (IMCED). Excatedrático y exdirector de la Normal Rural de Tiripetío; Ex director y excatedrático de la Escuela Normal Urbana Federal, catedrático del IMCED. Diplomado en Administración de Escuelas Superiores (IPN)
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