Ismael Acosta García
Morena es la opción
Viernes 6 de Febrero de 2015
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Hoy sábado y mañana domingo se estarán llevando a cabo las asambleas estatales de los diferentes partidos políticos en el estado que definirán oficialmente a sus abanderados en la lucha electoral por la gubernatura de Michoacán para el periodo 2015-2021.
Nada nuevo que sorprenda al electorado o que por lo menos le motive a participar en el ejercicio ciudadano del voto. Lo decíamos durante las últimas semanas: el PAN se fue por la fácil, y decidió a favor de la oferta que le redituaba mejor posicionamiento en las encuestas que uno y otros partidos se ha mandado levantar; por lo demás, les va bien con una auténtica representante de lo que significa el PAN doctrinal, el tradicional. Lamentablemente para ella, su partido se ha visto envuelto en los últimos meses en una sorda y tórrida lucha interna por el apoderamiento del mismo entre las fuerzas que representan al neopanismo de Clouhtier, Ceballos, Fox y Madero, y los doctrinarios de Castillo Peraza, Calderón, Cordero y lo que queda de la familia presidencial moreliana abanderada en estas tierras por la aguerrida señora Luisa María Calderón. Nos parece, entonces, que para oferta al electorado, Cocoa es la mejor opción que pudo presentarnos ese partido.
En la cancha de los priistas no hay que buscarle tres pies al gato. Al interior, en su militancia, cunde un verdadero desánimo pues, su dirigencia nacional, llámese Enrique “Casablanca” Peña Nieto, decidió a favor de un fiel amigo pero débil candidato en la persona de Chón Orihuela. Y que quede claro que ésta no es una apreciación personal de este escribidor, sino el resultado de las encuestas que también de todos los partidos ubicaron al entonces precandidato como la oferta más débil del PRI frente a los oponentes de su propio partido, en este caso Víctor Silva y Wilfrido Lázaro; pero, para efecto de nuestro análisis, debemos aceptar que es un candidato clásico a las antiguas e insuperables formas del tricolor que sigue ignorando a su base militante y a la opinión de los sin partido que en su momento pudieran aparecer como simpatizantes priistas y que hoy, una y otra vez, juran y perjuran no dar su voto a favor de quien no representa nada para ellos. Digámoslo claro, es una candidatura a modo para hacer entrega del poder a manos “enemigas” en la persona de quien hasta ahora y por méritos propios ha demostrado ser el mejor priista y mejor amigo de Peña Nieto, el inefable Silvano Aureoles Conejo.
Pues bien, en el lado del PRD, este domingo se estará invistiendo como su abanderado al camaleónico politiquero de Carácuaro; característica mimética ésta, porque nadie sabe verdaderamente de qué color es su querencia ideológica, ya no hablemos de principios, porque de estas cosas Silvano no sabe nada. Es tan indefinida su conducta que, como decía un buen amigo: “No sabe si lo que le toca es dar o recibir”. Él, ha hecho de la política un verdadero arte del engaño, se maneja de izquierda, pero su accionar político lo denuncia como eficiente testaferro de la derecha y del gobierno federal; por cierto, este italianismo le queda más que hecho a Aureoles Conejo, pues sirve para señalar de modo peyorativo a aquellas personas que se prestan como títeres de otras siendo manipuladas para que sean ellas las que den la cara y reciban las consecuencias de sus acciones en vez de quien las genera realmente. Esto es lo que ha pasado con el quehacer del diputado en sus funciones de coordinador del grupo parlamentario del PRD y presidente de la Cámara Baja. De ahí que mucho se señale que él es el verdadero beneficiario de la candidatura de Chón Orihuela, pues sería una forma velada de retribuirle los grandes y desvergonzados servicios que ha prestado a la Presidencia de la República. Todavía el miércoles de esta semana cuando concluyó su campaña como precandidato perredista dio una muestra más de su pragmatismo e indefinición ideológica que le ha llevado a aprobar el Pacto por México y las reformas estructurales del proyecto peñista desde su privilegiada posición en la Cámara de Diputados federal, al reafirmar su deseo de encabezar un gobierno con coaliciones verdaderamente vergonzosas sin definición ni rumbo ideológico.
En tales condiciones, Morena se erige como la mejor opción para un electorado harto de promesas y de abusos gubernamentales. Ninguna de las tres alternativas inicialmente citadas garantiza a la ciudadanía la conducción de un gobierno honesto y de verdadero compromiso social. La propuesta de Morena viene cimentada sobre la base de una lucha histórica en contra de la depredación de la riqueza nacional, de una lucha frontal contra la corrupción y contra todo tipo de vasallaje frente a las potencias económicas globalizantes que desprecian los estados nacionales y propician la pérdida de la soberanía de los pueblos. La propuesta de Morena se cimenta en los principios éticos de la política y el buen gobierno, que tienen como fundamento el humanismo para la construcción de una sociedad libre, justa, solidaria, democrática y fraterna.
Ya lo hemos afirmado antes: Morena es la verdadera opción de la izquierda, porque el ente político de los chuchos es una oferta desideologizada, entregada parlamentariamente y en su dirigencia nacional a los intereses del gobierno federal, que olvidó su origen y ethos político y que hoy tiende a su desaparición o total entrega y fusión a los partidos de la derecha. Vemos que, en el PRD, sus connotados dirigentes y parlamentarios se parecen más al prianismo que los propios militantes de esos partidos siameses; de allí que, el surgimiento de Morena, no es más que la sustitución de un viejo partido de izquierda por uno nuevo, más dinámico e intransigente. Esa tiene que ser la tarea de Morena, una tarea que le identifique más con las demandas populares en materia educativa, laboral, cultural, de salud, seguridad, empleo, en fin, de toda aquella gama de políticas públicas que deben hacer del gobierno un verdadero sistema operador de acciones de justicia y compromiso social; un partido que desafíe la supuesta legalidad del régimen mismo y que demande cambios fundamentales en la naturaleza del orden político establecido.
Morena debe tomar para sí lo que el PRD dilapidó: confianza e ideología. Garantizar que su estructura se olvide de las cuotas de corrientes y camarillas que en su antecedente inmediato se apoderaron del partido en detrimento de las mayorías. Debe, además, afianzar su raigambre popular sobre la base de la sociedad civil organizada y las candidaturas ciudadanas. Los electores ya están hasta la coronilla de políticos y gobernantes corruptos, y de representantes populares perversos que en las cámaras entregan su dignidad por un plato de lentejas.
Enfilados, pues, a la elección, Morena es la opción.


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