Hugo Rangel Vargas
…Y no te volverán a aplaudir
Viernes 6 de Febrero de 2015
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La imagen de un gobierno abatido por el entorno, distante de una sociedad que no entiende ni que aspira a entender y el desfallecimiento del ánimo de servicio que debiera privar en todo individuo dedicado a las tareas públicas; ha sido retratado con dos imágenes representativas del gobierno de Enrique Peña Nieto: la primera de ellas, la del procurador general de la República reconociendo el multicitado “ya me cansé”; y la segunda (quizá más patética) precedida y presidida por el rostro de un mandatario que refleja la desventura de la derrota y reclama, con suspiros, el reconocimiento falso de una loa.
“Ya sé que no aplauden”, no sólo es el síntoma de la ausencia del espectáculo al que Enrique Peña Nieto se había acostumbrado, no únicamente es la tragicomedia negada a la que concurre el coro fácil de un pequeño círculo de supuestos líderes de opinión -aquellos mismos que le proyectaron la imagen del salvador de México en las publicaciones internacionales-; el semblante abatido del mexiquense tenía tras de sí el alud de críticas y sospechas sobre actos de corrupción dentro de su gobierno que precedieron al nombramiento del nuevo titular de la Secretaría de la Función Pública.
Entre los asistentes a aquel evento protocolario del residente de Los Pinos, quizá se encontraba el espíritu de la impunidad que prevalece en la tragedia de los 43 normalistas asesinados en Ayotzinapa; misma que, apenas un día antes, había sido el caso emblemático del naufragio de la delegación mexicana ante el Comité de Desapariciones Forzadas de la ONU. En esta materia, como en muchas otras, las contradicciones saltan a la vista; y es que mientras la Subprocuraduría de Derechos Humanos señaló en la sesión mencionada la existencia de once mil 309 personas desaparecidas; el presidente de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, Luis Raúl González Pérez, en su informe, elevó ésta cifra a 23 mil.
Un fantasma adicional rondaba sobre la negativa de cumplidos hacia el primer mandatario y es el de la desventura económica que enfrentará su administración en los días venideros. Enclavado en la ruta de las reformas estructurales fracasadas que no han dado el resultado que se había ofrecido, el gobierno de Peña Nieto tiene frente a sí la tormenta mayor de una caída en los precios del petróleo acompañada de un proceso paulatino de devaluación de la moneda que ha derivado en efectos nocivos para los más desprotegidos de este país.
Afectada por la enorme dependencia que tiene con relación a los paquetes tecnológicos provenientes del exterior, la marginal y oligopólica industria alimentaria mexicana sigue castigando al bolsillo de los consumidores, quienes a pesar de la caída de los precios de los granos básicos a nivel internacional, no encuentran reducciones en precios de alimentos como pan, carne o leche.
La devaluación del peso tiene una doble cara según organizaciones como El Barzón: la caída de la paridad cambiaria sufrida a partir de la segunda mitad de 2014 y el incremento de precios de bienes básicos como el huevo, que se elevaron en 5.6 puntos porcentuales más que en la primera mitad de ese año. Algo parecido se observa en los precios de la leche pasteurizada y fresca, que aumentaron en 2.8 puntos con respecto a un débil comportamiento en la primera mitad de ese año.
La expectativa de aplausos del presidente de la República sin duda tendrá que irse ajustando en función de sus magros resultados. Muchas más declaraciones de fracaso y frustración proseguirán a las ya mencionadas, y mientras el país camine a la deriva en los dos temas más sentidos por los ciudadanos (seguridad pública y economía), Peña Nieto seguirá encontrando el silencio en su búsqueda de aplausos.

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