Ismael Acosta García
Y, ¿qué tal una mujer?
Viernes 16 de Enero de 2015

\"Somos el género que sostiene en gran medida el aparato social, pero que no lo dirige\".

Sabina Berman

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Seguimos dándole vueltas al propósito de descifrar quiénes serán los ungidos para abanderar a los partidos supuestamente predominantes en la próxima contienda electoral michoacana y, el problema inicial, es que preguntamos precisamente por el ungido, y no por la ungida. Ahí inicia el asunto que queremos ventilar hoy. Dígase lo que se diga, la sociedad michoacana no está preparada para que nos gobierne una mujer, y no es porque mayoritariamente los hombres no lo acepten, hemos muchos (sin uso del nefasto habemos) que superamos ya esa calamidad evolutiva; el asunto es que, preguntando por aquí y por allá a un número similar de mujeres y hombres, tal como me lo propuse durante el término de mis quince días de vacaciones para entrarle a este tema, me di cuenta que ¡las primeras enemigas de las mujeres son las propias mujeres!, cierto, también acudí a las redes sociales, pero ahí me encontré con barbaridades machistas y feministas que no abonan a un análisis serio del fenómeno.
Quizás para cuando este artículo salga a la luz, las definiciones del PRI y PRD para la gubernatura ya hayan sido tomadas, pero el ejercicio que me propongo compartir da para más que eso.
Hasta el momento, las únicas candidaturas declaradas son del PAN y del PT. Coincidentemente ambas opciones son abanderadas por conocidas damas del quehacer político: Cocoa Calderón y Selene Vázquez Alatorre. En Morena se especula con la posible investidura de la guerrerense María de la Luz Núñez, pero sabido es que hay otras opciones femeninas, alguna de ellas muy valiosas, a las que me referiré más adelante.
Ocioso es decir que en el PRI y en el PRD las mujeres no tienen cabida para estas lides, y dije bien, no tienen cabida, porque capacidad, militancia, presencia, lealtad y convicción social las tienen de sobra, mucho más allá con las que puedan contar algunos de los políticos hombres que están jugando las finales en su partido. Sólo por mencionar dos nombres en cada opción: Consuelo Muro Urista y Rocío Pineda, por el PRI, y Silvia Figueroa Zamudio y Rubí de María Campos, por el PRD. Sin embargo las alternativas, sobre todo en la “izquierda”, se alargan demasiado, y hablo de aquellas mujeres que han demostrado contar con las cualidades señaladas líneas arriba; es el caso de Guadalupe Martínez, Fabiola Alanís, Carmen Escobedo, Minerva Bautista y algunas más que se distinguen por su preparación, presencia, experiencia administrativa y capacidad política a toda prueba, aunque también debemos reconocer que existen cartuchos quemados del montón que por prebendas de tribus y sin mayor mérito ocupan sendas posiciones en algunas cámaras legislativas. El grave asunto del PRD es que las mejores opciones femeninas se les fueron en busca de nuevos derroteros políticos verdaderamente democráticos.

La mujer michoacana en la política

Antes que todo quisiera iniciar por dos mujeres a las que el PRI nunca les hizo justicia, me refiero a la enfermera María de la Luz “Lucha” Vera, aquella lideresa que durante los muchos años de militancia en ese partido, se distinguió por una verdadera entrega y eficiente trabajo aún frente al machismo acendrado de la época que tuvo como mayor referente a Luis Martínez Villicaña; por lo menos durante tres décadas fue un balarte en materia de promoción del voto y las campañas electorales de su época. De igual manera está la ejemplar conducta de la maestra Ada Estela Vargas Cabrero que, aparte de esforzada promotora de su partido, también se distinguió por el saber correcto de arrastrar el lápiz y estructurar ideas a través de sus artículos periodísticos que por años alimentaron las páginas políticas de algunos medios de comunicación, escritos y televisivos, locales y nacionales.
Por el lado de Acción Nacional, mención destacada merece la química farmacobióloga María Esperanza Morelos Borja, a quien de igual manera su partido no le ha hecho cabal justicia; ella debiese ser, por historial y por tiempo, la primera candidata a la gubernatura del estado, pues su capacidad y militancia partidista siempre ha estado fuera de toda duda, cubriendo con eficiencia las tareas que le fueron encomendadas en su momento; es así que llegó a ser la primera legisladora local de ese partido durante el periodo 1979-1982, posteriormente diputada federal y de nueva cuenta local en la LXV Legislatura; sin olvidar su paso por la estructura partidista municipal, estatal y nacional del PAN.
Los casos más recientes son los de la “izquierda” hoy perdida, representada principalmente por el PRD. Nadie ha impulsado a mujeres en la lucha electoral al máximo cargo de gobierno en el estado. Tenemos casos relevantes como la luchadora social y dirigente primigenia del movimiento magisterial, la maestra Lucha Zalapa, mujer que desde las aulas hasta sus cargos administrativos en la Secretaría de Educación, evidenció capacidad en el manejo de las ideas y liderazgo auténtico en las bases magisteriales. Es el caso de las cuatro damas citadas líneas arriba. Nunca la “izquierda” ha volteado a ellas. Pero quizás el caso más inexplicable sea el de la maestra Graciela Carmina Andrade García-Peláez, licenciada en Economía por la UNAM, socióloga por el IMCED y con estudios de doctorado por la propia Universidad Nacional; mujer con una larga historia en la lucha social que inició en las aulas preparatorianas y en los grupos sociales de su comunidad. Es de las mentes más brillantes y equilibradas que ha tenido la expresión democrática del magisterio y acumula una vasta experiencia como académica e investigadora en la Universidad Michoacana. En la administración pública, fue el referente destacado del gobierno de Lázaro Cárdenas, fungiendo inicialmente como subsecretaria de Planeación Educativa y posteriormente como secretaria de Desarrollo Social, sin duda alguna la funcionaria que vistió al régimen. Ella debió ser la candidata a la gubernatura por el PRD en ese momento, pues acumulaba en su favor las simpatías de la gente de la verdadera izquierda, así como de organizaciones civiles, no gubernamentales, e inclusive de la clase político-empresarial. Luego, durante la administración godoyista, llevó las riendas de la Secretaría de Educación, aún en contra de los intereses de grupo que tuvo al interior de la propia Secretaría, un espacio de gobierno que ha sido la debacle para muchas carreras políticas y del cual ella salió airosa. Queda claro que la maestra Andrade nunca pudo acceder a un cargo de elección por el solo hecho de no pertenecer a ninguna de las tribus que hoy han cavado la tumba de esa expresión política. Lamentablemente hace dos días, durante la preparación de este artículo, hizo llegar a nuestras manos su carta de declinación a una probable candidatura por Morena. Dicho documento debiese ser de orden público, pues dibuja una serie de consideraciones de alto valor ético como denuncia de la realidad política, administrativa y social que vive actualmente nuestro estado. La maestra Chela Andrade es certera y ejemplar en sus argumentaciones. Podremos no compartir su declinación, pero no tendremos calidad de oposición a su discurso. Dicho epistolar la evidencia con la alta estatura moral que en este momento le reconocen figuras nacionales de todos los partidos.
Como podemos apreciar, hemos tenido y tenemos brillantes mujeres en la política partidista de nuestra entidad que les pueden poner un pie adelante a cualquiera de las figuras varones del momento; ¡Ah!, y algo más, a ninguna de ellas se les identifica con relaciones peligrosas del momento.
Cuánta razón tenía la maestra Griselda Álvarez Ponce de León, la mujer que virtualmente abrió el camino a las de su género al ocupar la primera gubernatura en el país, en este caso la del estado de Colima: “Vivamos un tiempo nuevo de plena igualdad con los hombres; sin privilegios que no requerimos, pero sin desventajas que no merecemos”.
Es cuánto.

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